Hemeroteca :: 30/10/2009
En la onda
JAVIER DEL CASTILLO


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LO mejor del equipo de gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero es su polivalencia. La especialización es un término devaluado en el pensamiento político del presidente del Gobierno, si es que lo tiene.


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EN apenas unos días, hemos pasado de felicitarnos por la liberación de los cooperantes catalanes secuestrados en Mauritania a mostrar condolencia por la muerte de dos guardias civiles españoles y un intérprete en Afganistán.


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SOLO a José María Aznar se le podía ocurrir visitar en estos momentos Melilla y mostrar su apoyo a los melillenses y a las Fuerzas de Seguridad del Estado.


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DEJO atrás la silueta amurallada del castillo, mientras bordeo las instalaciones deportivas del Oasis y me dirijo hacia el cruce de caminos que abre diferentes rutas y senderos por el pinar de Sigüenza.

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En cuanto a la Comunidad de Madrid, pues qué quieren que les diga. A Rafael Simancas, que estuvo a punto de recuperar el gobierno regional, le hicieron la pirula –con tamayazo incluid –, le buscaron un retiro en el Congreso de los Diputados y a continuación el presidente se sacó de la chistera a Tomás Gómez, para que con tiempo, paciencia y la ayuda inestimable de un grupo de comunicación pudiera moverle la silla a Esperanza Aguirre en las elecciones de la primavera de 2011.

HORA del aperitivo, junto al Paseo de la Alameda de Sigüenza, poco después de conocerse la votación del Parlamento de Cataluña a favor de la prohibición de las corridas de toros por 68 votos a favor y 55 en contra. Las preguntas surgen espontáneas, una tras otra.¿Cómo es posible que los aficionados a los toros en Cataluña acepten una cosa así? ¿Qué autoridad tienen los políticos para privar a los ciudadanos de algo que les pertenece? ¿Cómo es posible que un cordobés, al que encima le gustan los toros, consienta este atentado a la libertad y al pluralismo?

Es elogiable, en cualquier caso, su desatado afán de demostrar lo mucho que han trabajado estos últimos años –los que mandan– o lo mucho que podrían progresar nuestras ciudades y comunidades autónomas si se produjera un relevo en el poder (versión oposición). Al fin y al cabo, viven de eso. Nada que objetar, salvo recordarles a todos ellos que seguramente nos iría bastante mejor si desperdiciaran menos energías en la caza del adversario. Energías que tanto se echan en falta para afrontar unidos los problemas más acuciantes de millones de ciudadanos que sufren las consecuencias de una crisis sin fecha de caducidad.

SIN buscarlo. Intentando no molestar a nadie. El hombre que ha llegado a lo más alto, sin necesidad de abrirse paso a codazos para lograrlo, es hoy objeto de admiración, respeto y gratitud para la inmensa mayoría de los españoles. Le veo saludar desde la plataforma del autobús que recorre Madrid entre banderas de España y camisetas rojas y me parece la viva imagen del castellano noble y austero, al que le cuesta exteriorizar las emociones que vive en este momento de gloria. En este momento histórico, con la España real en la calle, dispuesta a tirar por la borda tantos prejuicios y tantos complejos acumulados a lo largo de un convulso pasado.

Y a mucha honra... Ya iba siendo hora de que nuestra bandera ondeara al viento por las calles y plazas, sin prejuicios de ningún tipo, para celebrar el gran éxito deportivo de la selección española. Ya era hora de que una generación de futbolistas, probablemente irrepetible, alcanzara la final de un Mundial de Futbol y que demostrara al mundo que somos un país capaz de ganar a los mejores. Que tenemos una generación de deportistas excelente, como nunca hemos tenido, y que sus valores están perfectamente representados en el equipo que entrena Vicente del Bosque.

AQUEL verano plomizo y traidor de 2002 será difícil de olvidar. Sobre todo, la última semana de agosto, recién regresado a Madrid, después de unas vacaciones de playa, excursiones, pinares y bicicletas. El día 24 fallecía mi madre, a la que unos días antes había dejado en la barandilla del Paseo de la Alameda siguiendo emocionada la Procesión de los Faroles, y el día 29 mi querido y admirado maestro, Luis Carandell.

HAY días que uno no está ni para bromas. Te diriges al trabajo con menos entusiasmo que el demostrado por los franceses en el Mundial de Sudáfrica. Sin embargo, en mi caso, la transformación anímica se produce de inmediato, con la lectura de los periódicos, amenizada por el sonido de fondo de “los carromatos” y del aparente sofoco de Carlos Herrera mientras huye de los indios. Me basta con detenerme en las sorpresas que da la actualidad, y no precisamente la política, salvo en contadas ocasiones.

DIJE la semana pasada que la selección española de fútbol sería un alivio para el Gobierno en tiempos de crisis, y también dije que sería una buena ración de autoestima para los ciudadanos. Lo dije y lo mantengo, aunque la suerte no parece que sea nuestra mejor aliada en estos momentos difíciles. Hay quien dice que a perro flaco todo se le vuelven pulgas, pero mi optimismo natural –algo más moderado que el de Zapatero– me obliga a persistir en ese sueño, dando un nuevo voto de confianza al equipo que entrena Vicente del Bosque. No pienso tragarme ahora el artículo anterior, ni mucho menos las más de setecientas palabras que lo componían, una por una.

COMO dice Jaime Lissavetzky, ganar el Mundial de Sudáfrica no arreglaría la crisis económica, pero nos aportaría una importante ración de autoestima a los españoles. Eso mismo debe pensar el presidente del Gobierno, después de recibir la bendición papal, con la penitencia incluida de reírle después las gracias a Berlusconi, y unas horas antes de intentar regatear con torpeza, y por enésima vez, los problemas reales del país, que no son pocos.

SUPERAR el listón de despropósitos, tonterías e incongruencias que nos asaltan cada mañana desde los distintos medios de comunicación parece ya tarea imposible, pero no lo es tanto. Como decía Santiago Amón, en España ya no caben más tontos. A este paso, algunos van a caer al agua. Podemos esperar cualquier cosa, desde muy distintas esferas, pero siempre habrá alguien que supere la tropelía anterior. Los humoristas no tienen problemas para nutrirse de ocurrencias con las que ilustrar diariamente sus viñetas.

DESPUÉS de ver cómo el pollo Evo Morales y la perezosa gallina Cristina Fernández Kirchner nos daban lecciones de democracia en Madrid, sin que el Gobierno les explicara a estos dos “pollastres” que España es un Estado de Derecho, donde se respetan las libertades y se celebran elecciones cada cuatro años, uno comienza a temerse lo peor. Incluso se pregunta si no será que nos toman por el pito el sereno.

EL corte y confección se han puesto de moda, y no precisamente por los trajes de Milano que cada vez le aprietan más a Francisco Camps. Ha sido necesario echar mano de la tijera porque, como decía ayer en la tribuna del Congreso Josep Antoni Duran Lleida, “esto no se aguanta más”. Este país, que iba sobrado por la senda del crecimiento y de la especulación (inmobiliaria), se ha convertido de pronto en un enorme taller de sastrería, en el que ya no se hacen trajes a medidas, sino remiendos. Y, por supuesto, improvisaciones con retales de muy distinta procedencia.

Estas cosas decía antesdeayer el presidente del Gobierno, desautorizando al secretario de Estado de Economía, José Manuel Campa, quien ingenuamente había sugerido congelar el sueldo de los funcionarios. Y lo mantenía además con orgullo, como sello de identidad de la izquierda solidaria, que protege a los trabajadores y a las clases desfavorecidas.

DESPUÉS de 140 minutos de reunión en el Palacio de la Moncloa, todos los titulares subrayan la insignificancia de los resultados. Insuficiencia, falta de unidad, acuerdos parciales... han sido los términos más repetidos. La reforma de la Ley de Cajas de Ahorros –convertidas a veces en chiriguitos y agencias de colocación de políticos– o el respaldo al plan de rescate de Grecia no parece un gran bagaje. La gravedad de la situación se merecía algo más.

ÉRAMOS pocos y parió la abuela. Tan entretenidos estábamos discutiendo sobre la exhumación de los muertos y asesinados de la Guerra Civil y sobre la posible revisión de la Ley de Amnistía de 1977 que se nos había olvidado el gran problema de España, en estos momentos: los más de 4.600.000 españoles sin trabajo, que representan a más de un 20 por 100 de la población laboral.

GRACIAS a él, viví en 1992 una de las experiencias profesionales más interesantes como periodista: los Juegos Olímpicos de Barcelona. Y gracias a él, España se quitó la caspa, el culto a las gestas aisladas de Bahamontes o Santana y la furia –muchas veces absurda– para transformarse en una primera potencia del deporte.

El mismo día en que el gobernador del Banco de España instaba a una reforma laboral urgente, y justo el día después de que se hiciera pública la propuesta del Gobierno para abaratar el despido, los secretarios generales de UGT y CCOO –es decir, Cándido Méndez e Ignacio Fernández Tox – se manifestaban en la Universidad Complutense de Madrid en apoyo del juez Baltasar Garzón.

No lo digo yo. Lo dicen las estadísticas. Y la Fiscalía General del Estado. En estos momentos, hay 730 casos de corrupción incoados en España. El olor a corrupción invade la geografía española, aunque quizás sería más ajustado a la realidad decir que se ha instalado como un hecho consustancial al desempeño de la actividad política en determinados ámbitos de la administración pública. No hace falta leer los cincuenta mil folios del sumario de la trama Gürtel –aunque estén escritos a doble espacio, habría que premiar a quien demuestre que se los han leído–, para entender la gravedad del problema.

Estamos en Semana Santa y las procesiones del Partido Popular vuelven a ser un calvario después del vía crucis. Y menos mal que las encuestas sobre intención de voto apenas penalizan los desmanes, las tropelías y las corrupciones. Además, Jaume Matas ha pedido la baja del partido, después de 17 años de militancia, y una fianza de tres millones de euros solicitada por la Fiscalía Anticorrupción por las siguientes imputaciones: malversación de caudales públicos, falsedad documental, prevaricación administrativa, fraude a la administración, blanqueo de capitales y delito electoral.

Hace unos días, charlaba yo con el actor Enrique San Francisco y con su padre biológico, Vicente Haro, sobre el mundo del espectáculo y se me ocurrió preguntarle al progenitor por la influencia de la televisión en el mundo del cine y el teatro. Su respuesta fue clara y contundente: “la televisión ha traído mucho hijo de p., mucho inculto y mucho tartamudo. En mis tiempos, tipos así no podían trabajar”.

En la rebelión anunciada por Agustina de Aragón – perdón, quería decir por Esperanza Aguirre–, ni las opiniones de organismos internacionales y de importantes economistas, servirán de nada. El Gobierno se ve obligado a subir dos puntos el IVA a partir de julio porque es la única manera de garantizar el pago del subsidio de desempleo y también una solución para no tener que recortar aún más sus políticas sociales. Aunque para ello haya tenido que recurrir a los apoyos de Coalición Canaria –aprovechando que en la islas no se aplica el IVA– y de los nacionalistas vascos, que siguen jugando al intercambio.

Y no me refiero a un plan para estas vacaciones de Semana Santa, ni a un plan para detener la pérdida de puestos de trabajo. Celestino Corbacho tiene un plan de pensiones porque no lo ve muy claro, o porque pretende complementar el día de mañana la retribución por sus servicios prestados y por las cotizaciones devengadas. También tienen plan de pensiones privado María Teresa Fernández de la Vega, Miguel Sebastián, Elena Espinosa y Soraya Sáenz de Santamaría.

Donde antes te daban una conferencia ahora te dan un desayuno. Los encuentros informativos con representantes significativos del mundo de la política y de la empresa, a eso de las nueve de la mañana, se han convertido en un vicio para muchos y en un entretenimiento para otros, antes de la incorporación al despacho, a la redacción o a la reunión correspondiente. La vida social de la tarde-noche madrileña parece haberse trasladado a las mañanas.

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Javier del Castillo

Mientras algunos líderes y mandatarios políticos van a rendirle pleitesía al centro hospitalario o residencia donde le cuida un ejército de camaradas y vasallos, centenares de presos políticos –es decir, ciudadanos cubanos que no piensan como él– se pudren o se mueren en las cárceles de la isla caribeña.

ES la gran novedad para perder el tiempo, sin llegar a ningún sitio y, lo que es peor, provocando más dudas de las que ya existen en la sociedad. En lugar de resolver problemas que ayuden a superar la crisis, aquí los dirigentes políticos se empeñan en abrir “serios debates” sobre la política educativa, la energía nuclear, el empleo, la sanidad, las pensiones... Y sobre todo aquello que pueda generar controversia, polémica y una cierta inanición.

SALVO algunas ocurrencias y aportaciones de escaso calado, el debate del miércoles entre Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy fue una repetición del anterior, y casi un calco del discurso que uno escucha cada día y por separado a estos dos “prohombres” de la política española.

LA reanudación de las sesiones parlamentarias, interrumpidas por la vacaciones de Navidad a mediados de diciembre, han vuelto a poner en evidencia algunos de los males que aquejan a nuestro país y a nuestro sistema democrático.

JOSÉ María Barreda –urgido por la necesidad de ser noticia en los medios nacionales– reclamaba hace unos días cambios en el equipo de Zapatero. También aconsejaba una reducción de plantilla, es decir de ministerios, por razones económicas –ahorro del gasto público– y de eficacia, ante la incompetencia más que demostrada de los titulares de algunas inútiles carteras.

ES la gran novedad para perder el tiempo, sin llegar a ningún sitio y, lo que es peor, provocando más dudas de las que ya existen en la sociedad. En lugar de resolver problemas que ayuden a superar la crisis, aquí los dirigentes políticos se empeñan en abrir “serios debates” sobre la política educativa, la energía nuclear, el empleo, la sanidad, las pensiones... Y sobre todo aquello que pueda generar controversia, polémica y una cierta inanición.

NO me refiero a la intérprete o al mamarracho en cuestión, sino a la canción con la que quiere representar a TVE en el próximo Festival de Eurovisión. No podemos seguir haciendo el ridículo de forma tan gratuita y absurda. Bastante tenemos ya con las bromas que nos gastan en los países de nuestro entorno, a cuenta del parecido de nuestro presidente con Mr. Bean.

EL vídeo con las imágenes desoladoras de Puerto Príncipe, capital de Haití, venía precedido por un vídeo publicitario –anuncio de una popular marca de vermú– en el que aparecían chicas guapas, piscinas de lujo, coches descapotables y un gran chalé.