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Hemeroteca :: Edición del 18/08/2006 | Salir de la hemeroteca
Rodeado de decenas de vehículos, uno de los toros del encierro se arrancó y alcanzó a una chica, que había tratado –sin éxito– de esquivar al astado dando vueltas a un coche. (Foto: GONZALO GALVÁN GUTIERREZ)

Brihuega repite éxito en un encierro multitudinario sin apenas incidentes

Pese a no ser día festivo acudieron más de 15.000 personas

Última actualización 18/08/2006@00:00:00 GMT+1
Un año más, alrededor de las seis de la tarde, la gente del pueblo se reunía para comenzar una de las ya famosas tradiciones del municipio como es el “parapachumba”. Con este único canto los minutos iban pasando y la gente recorriendo las calles, hasta llegar al ayuntamiento. En ese momento quedaban sólo cinco minutos para que comenzase el encierro, los corredores estirabaran, daban pequeños saltos y esperaban a que sonasen los tres chupinazos.

A la hora establecida, las reses salieron de “La Muralla”, adelantandose claramente a los mansos. Cuando llegaron a la recta de la gasolinera se vieron las mejores carreras, y los mozos pudieron lucirse delante de la manada.

En ese momento dos de los toros se adelantaron a sus hermanos y bien llevados por los corredores y los caballos llegaron hasta el llano.

De los otros dos, uno se adelantó y fue guiado con los otros dos. El último fue el que más juego dió a los asistentes, pero también el más peligroso de todos. Cuando ya se le tenía orientado, se volvió hacía el pueblo, y fue cuando se produjo la cornada más grave. Al final tuvieron que encerrarlo con soga en los corrales del pueblo.

Dos heridos por asta de toro

Antes de sonar el tercer y definitvo chupinazo, los “verdaderos corredores” se desean suerte para que ninguno de ellos resulte herido. Pero ni siempre hay esa suerte, ni todos los que participan están preparados para ello.

Fue el último de los toros, el que más momentos de tensión produjo. En primer lugar, a una chica que se encontraba entre los coches la sorprendió y la asestó una cornada de más de 10 cm en la espalda. Pero el momento de mayor peligro sucedió cuando esta última res, se volvió hacia el pueblo. Para sacarlo de las naves donde se había metido, un mozo citó al animal, pero el morlaco se le arrancó y no le dio tiempo a resguardarse. Le zarandeó, le tiro por los suelos y le empitonó en el muslo. La cornada fue de unos 40 cm. Los dos heridos fueron rápidamente trasladados al Hospital de Guadalajara.
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