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Última actualización 14/02/2011@20:33:43 GMT+1
MERECIDO homenaje el que se le tributa este viernes al que fuera durante quince años Presidente del Honor del Club Siglo Futuro (hoy Fundación Siglo Futuro). Mi felicitación a Juan Garrido y a quienes han colaborado en una muestra más de reconocimiento al gran filólogo y traductor, enamorado de esta tierra, tanto o más que de su Bierzo natal. Don Valentín García Yebra, que nos dejó hace apenas dos meses después de una larga enfermedad, se merece el mejor de los recuerdos, el mejor de los abrazos, por su sabiduría bien disimulada, por su humildad y por su bonhomía.
Catedrático de Griego desde su juventud, amante de los clásicos, investigador en la etimología de las palabras, infatigable descubridor de los orígenes del idioma, miembro muy querido de la Real Academia de la Lengua desde 1985, a Don Valentín García Yebra lo que más le gustaba de pequeño –y también de mayor– era ver volar a los pájaros. La ornitología era una de sus grandes aficiones, quizás para sobrevolar, de alguna manera, por encima de otras miserias humanas.
A este amante de los pájaros, de las puestas de sol y de los clásicos, del que yo había escuchado ya elogios en boca de otro berciano ilustre, Luis del Olmo, cuando este trabajaba en Onda Cero, me lo presentó Juan Garrido en la primavera de 2002. Recuerdo que fue con motivo de la clausura del ciclo “Pensamiento y Sociedad”, en el Hotel AC de la Avenida del Ejército.
La primera impresión que me causó en ese breve encuentro vino a confirmar el retrato previo que sobre él me habían trasladado algunos de sus amigos. Don Valentín me pareció un hombre entrañable, cercano, de trato afable, siempre dispuesto a impulsar las actividades del Club Siglo Futuro. Como me ha contado muchas veces Juan Garrido, nunca dejó de colaborar de forma desinteresada, incluso recurriendo para ello a la amistad de otros compañeros de la Academia. Gracias a su ayuda, justo es reconocerlo, se pudieron escuchar en Guadalajara las voces más relevantes de nuestra cultura.
Desde la sencillez, que no es incompatible con las mejores traducciones de “Medea” o “Las guerras de las Galias”, Don Valentín García Yebra fue desarrollando a lo largo de su vida una tenaz y fructífera labor investigadora. Manuel Serrano y Luis Mateo Díez, participantes en este merecido homenaje, pueden dar fe de ello. Lo hizo, Don Valentín, como filólogo y como maestro de traductores, siguiendo el vuelo de las palabras desde que salen del nido, igual que había seguido desde niño el vuelo de los pájaros por las montañas de Ponferrada o por los valles de Cantabria, en su época de catedrático de Instituto. Pero lo más destacable de esa dedicación a la investigación y a la enseñanza es que lo hizo sin darse nunca la menor importancia.
“Tan honrosa llamada a unirme a vuestras nobles tareas –decía García Yebra en su discurso de ingreso en la Real Academia de la Lengua, el 27 de enero de 1985– se debe mucho más que a mis méritos a vuestra benevolencia”. Así comenzaba su disertación sobre “Traducción y enriquecimiento de la lengua del traductor” el día que tomó posesión del sillón “n” en la Academia.
He reproducido estas palabras porque creo que retratan con precisión la forma de ser y la personalidad de Don Valentín. Nunca hacía ostentación de su sabiduría –que era mucha– y nunca presumía de sus grandes conocimientos filológicos, salvo cuando necesitaba argumentar los errores y criticar el mal uso del idioma.
Don Valentín García Yebra fue asesor lingüístico de la Agencia EFE, Premio Nacional de Traducción en 1998, doctor horis causa por las universidades de León y de Atenas, Premio Miguel Delibes 2004 por un artículo publicado en ABC con el título elocuente de “Desajustes gramaticales”, y también fue uno de los fundadores de la Editorial Gredos, donde publicó algunas de sus obras.
Sin embargo, la noticia de su muerte, en vísperas de Navidad, apenas ocupó un cuarto de página en los medios de comunicación. Se acababa de morir un gran humanista, un gran intelectual, un investigador etimológico, de una formación extraordinaria... Nos dejaba una persona que era ejemplo de dedicación, trabajo y estudio, como recordó el actual director de la RAE, José Manuel Blecua.
Sin embargo, aquí seguíamos más pendientes de los cuernos de Belén Esteban y de la reciente paternidad de Ronaldo. Me imagino a Don Valentín volando, como los pájaros de su infancia, por encima de tanta morralla.