En la onda
Última actualización 08/02/2011@14:04:48 GMT+1
ESCRIBO estas líneas antes de que termine la cumbre hispano-alemana, pero me apuesto lo que quieran a que en la clausura se destacará el respaldo de Angela Merkel a las reformas de Zapatero y los grandes elogios de la canciller alemana a la reforma de las pensiones o a la reordenación del sistema financiero. Es lo que toca.
Sin embargo, hay otras cuestiones que no serán objeto de ninguna declaración oficial. Pueden estar seguros de que no se hablará del asombro de la “inspectora Merkel” al conocer los datos del empleo en España –130.930 parados más en enero y 223.000 afiliados menos a la Seguridad Social–, con una tasa de desempleo juvenil superior al 40 por 100, aunque con expectativas de que disminuya a través de la emigración a Alemania.
En la víspera de la llegada de Angel Merkel, como cuando se anuncia la visita de la inspectora a un colegio, Zapatero y su equipo de colaboradores se apresuraron a poner algunas cosas en su sitio. Tocaron a rebato y decidieron hacer los deberes que no habían hecho cuando se debía. Se apresuraron a darle una mano de pintura a las paredes y a colocar en lugares preferentes las últimas reformas, con el pacto social en primera línea, para que la “inspectora germana” no les diera más caña.
En lugar de contemplar largas colas delante de las oficinas del INEM, la Señora Merkel –y la media docena de ministros que ha traído en el bolso–, han podido recrearse en las caras felices de Zapatero y Valeriano Gómez, junto a los líderes empresariales y sindicales. El gobierno alemán ha visto, al menos en foto, que se están cumpliendo, aunque de mala gana, algunas de sus exigencias: una reforma de las pensiones y un pacto para el fomento del empleo.
A la encargada de que se cumplan las directrices de la Unión Europea y las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional había que enseñarle los salones, pero no los desagües. A la exigente inspectora Merkel, faltaría más, no hay que llevarle la contraria, sino decirle: “Soy Zapatero, para lo que usted mande”. El carácter germano es muy peculiar y no se conforma con grandes promesas, ni triquiñuelas o medias verdades...
Mejor no quitarle la razón a la Señora Merkel, pero tampoco quedar como auténticos pardillos, incapaces de sacar a España adelante. Imagínense que a la canciller se le ocurre repasar las portadas de los periódicos españoles el mismo día de su visita y se encuentra con la noticia de que vamos camino de los cinco millones de parados. Mejor que se quede con la otra imagen del día: la foto anhelada por el Gobierno de Zapatero; una docena de manos juntas y apretadas, celebrando la firma de un nuevo pacto social.
Ya sé que la diplomacia desaconseja hacer preguntas impertinentes, pero no me extrañaría en absoluto que en algún momento de la cumbre hispano-alemana, quizás en ese momento de relax que se intercala entre reunión y reunión, Doña Angela Merkel se hubiera dirigido a Zapatero para hacerle la pregunta que muchos españoles nos hacemos: “Querido José Luis, ¿qué has hecho para tener en España casi cinco millones de parados”.
Me imagino la respuesta –la culpa es de Aznar, por ejemplo– y me imagino el semblante del presidente, haciendo señas a José Blanco para que esconda a los parados detrás de las cortinas o debajo de la moqueta. “Señora Merkel –se disculpa Zapatero–, como habrá visto al pasear por el jardín, en España están apareciendo nuevos brotes verdes y a finales del año 2011 el empleo neto habrá aumentado entre 50.000 y 100.000 personas. La culpa de que en enero hayan perdido el trabajo más de 130.000 españoles se debe a las bajas temperaturas”.
Antes de que los ministros españoles le pidan a los miembros de la comitiva recomendación para colocar a sus parientes en fábricas alemanas, la Señora Merkel les vuelve a leer la cartilla. “No voy a repetir más veces cómo hay que hacer las cosas. Si vuelvo a encontrarme a alguno de ustedes hablando de mejoras salariales o de incrementos en el gasto público, tomaré medidas más contundentes. Ahora, escriban cien veces en el cuaderno de papel reciclado: ‘no voy a gastar más de lo que se gane’”.
“Inspectora, perdón señora, Merkel –se despide Zapatero–, no sabe usted lo mucho que la apreciamos. La llamaré si me quedo sin trabajo dentro de un año y disculpe si en algo la hemos fallado”.