En la onda
Última actualización 14/01/2011@14:38:59 GMT+1
LOS protagonistas de esta película de 1979 no son Fernando Esteso y Andrés Pajares, el pueblo no se llama Robledillo de la Vega y el argumento no gira en torno a la oposición de unos campesinos a la instalación de una central nuclear junto a sus propiedades.
Tampoco el director es Mariano Ozores, ni los actores secundarios tienen la gracia de Florinda Chico o Antonio Ozores.
Aquí la película la protagonizan dos políticos veteranos muy conocidos, a los que les sonríe la fortuna, tras su retirada. “Los energéticos” –aunque a ellos les guste más el título de “delicados jarrones chinos”–, es la última película interpretada por José María Aznar y Felipe González. Como ya muchos de ustedes conocen, esta producción ha sido financiada por dos grandes empresas energéticas –Endesa y Gas Natural Fenosa– y sus costes apenas van a repercutir en nuevas subidas del gas y de la electricidad para los consumidores, por no decir consumidos, españoles.
Los dos ex presidentes del Gobierno cobrarán un pastón por dedicar una parte de su tiempo a colaborar en los proyectos empresariales de las dos compañías energéticas mencionadas. Felipe González se embolsará 126.000 euros al año por asesorar a Gas Natural Fenosa, y José María Aznar más de 200.000 euros por ejercer como consejero independiente de Endesa. Mientras tanto, seguirán cobrando su pensión de 80.000 euros anuales –dos ceros más que la media de los pensionistas–, impartiendo doctrina en conferencias, sin que el caché baje de los 30.000 euros, y participando además en distintos consejos de administración o asesorando a magnates –que no mangantes– como Carlos Slim o Rubert Murdoch.
¿Por qué tanto malestar si sube el recibo del gas y de la electricidad? ¿A qué viene tanta protesta por la congelación de pensiones o por la bajada del sueldo a los funcionarios? ¿Es que no saben que la empresa privada es muy libre de pagar lo que quiera y a quien quiera, aunque tenga subvenciones del Gobierno? ¿Cómo se puede hacer tanta demagogia, recordando que Felipe González y José María Aznar reivindican moderación salarial y despido libre?
En este país, donde casi todo es posible, los ex presidentes no son “delicados jarrones chinos, que no sabemos donde colocar”, como en su día afirmó Felipe González, pero son un auténtico lujo. Les aguantamos sus lecciones magistrales, al mismo tiempo que los grandes empresarios les llenan los bolsillos con el único objetivo de explotar sus influencias. Dirigir los destinos de un país como el nuestro no se paga con dinero. El sueldo del presidente es equiparable al de un ejecutivo de medio pelo. Sin embargo, el chollo llega después, gracias a una legislación que no impide el pluriempleo.
Lo que están haciendo Felipe González y José María Aznar es legal, por supuesto, pero estéticamente impresentable. ¡Vaya ejemplo! Sin embargo, todavía estoy esperando que sus compañeros de Gobierno –o de partido– les afeen públicamente estas prácticas tan poco edificantes. Bueno sí, lo ha hecho Gaspar Llamazares, pero como el que predica en el desierto.
Apenas unas horas antes de empezar a escribir esta columna, escuchaba los lamentos de Joaquim Nadal sobre lo injusta que es la vida. Decía el presidente del Grupo Socialista en el Parlamento Catalán que los recortes se socializan, pero que nunca ocurre lo mismo con las ganancias. En una palabra: que ya está bien de que en este río revuelto de la crisis sigan ganando los mismos y perdiendo el resto, que somos la mayoría,
Felipe González y José María Aznar me merecen un respeto, aunque sólo sea por el hecho de haber presidido un gobierno democrático, pero deberían de ser mucho más escrupulosos a la hora de beneficiarse de lucrativas actividades que no les llegan por su capacidad profesional, sino por su agenda y por su influencia.
Cada vez que pronuncian en sus conferencias de a cincuenta mil euros las palabras “recorte” o “ajuste salarial”, se les tiene que caer la cara de vergüenza. Cada vez que el ministro de Industria, Miguel Sebastián, intenta convencernos de que la subida de la luz supone un coste similar al de un café, habría que recordarle los cientos de miles de cafés que se podrían tomar los españoles con ese dinero que las grandes empresas energéticas reparten a sus dos últimos fichajes.
“Energéticos”, sí, pero con menos gracia que Esteso y Pajares. ¡Vaya bodrio de película y qué vergüenza la suya, señores Aznar y González!