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En la onda

Última actualización 30/12/2010@10:03:49 GMT+1
SE cierra el año 2010 con más pena que gloria. Demasiadas cosas malas y pocas cosas buenas. Vuelvo la vista atrás –con un frío que se hiela hasta el misterio– y trato de recordar de manera infructuosa acontecimientos felices que puedan poner la guinda a esta primera década del siglo. Pero no hay manera.

Los únicos momentos de euforia que encuentro son los que nos deparó el pasado verano la selección de fútbol, con esa Copa del Mundo que nos hizo recuperar, al menos durante unas semanas, el nivel de autoestima. La foto de Vicente del Bosque con los jugadores por las calles de Madrid abarrotadas de gente es casi lo único presentable que nos queda de este aciago 2010.

Busco en los últimos 365 días señales para el optimismo, y no encuentro más que desgracias. El balance, salvo en lo deportivo, no puede ser peor. La situación política y económica de España ha empeorado, dentro de la gravedad. La credibilidad de nuestros dirigentes está como el termómetro, bajo mínimos, y la confianza en el futuro de nuestro país se reduce a un cambio de líderes que no parece muy probable, al menos a corto plazo.

Instalados en la crisis, con más de cuatro millones y medio de parados, endeudados hasta las cejas, con recortes inminentes en las prestaciones sociales y subidas del recibo de la luz, hasta el optimismo antropológico de Zapatero parece diluirse como un azucarillo en un vaso de agua. Incluso los éxitos deportivos de la selección española de fútbol, los triunfos de Rafa Nadal o los podios de Fernando Alonso nos parecen más pequeños.

Pero vayamos al resumen del año, con sus grandes decepciones –Zapatero la primera de ellas– y sus grandes efemérides. En 2010 nos quedamos sin Juegos Olímpicos de 2016 para Madrid y nos quedamos sin Mundial de Fútbol para el 2018. Y encima nos dejó Juan Antonio Samaranch, la figura más relevante de la historia del olimpismo español e internacional, y se cuestionaron los triunfos de Alberto Contador y de algunos atletas españoles, por culpa del doping.

Sin embargo, nadie puede cuestionar nuestra hegemonía futbolística, ni otras glorias deportivas, como Nadal, Gasol, Alonso y tantos otros campeones que pasean por el mundo la bandera y el himno de España. Ya que no podamos sacar pecho por nuestra situación política y económica, al menos que nos reconozcan por nuestra pujanza deportiva.

Entre las pocas cosas buenas que, como digo, adornan este improvisado resumen del año, quiero destacar el Premio Nobel de Literatura a Mario Vargas Llosa, con su impresionante discurso de aceptación del premio en Estocolmo, y también el no menos merecido Premio Cervantes para Ana María Matute. La literatura ha triunfado –una vez más– en tiempos de crisis.

Por si fuera poco, en este maldito año, donde sólo se habla bien de Del Bosque, Nadal y del fútbol del Barça, nos hemos quedado huérfanos de algunos de los mejores escritores, actores y directores de cine. Se han ido los grandes referentes, algunos de los mitos más arraigados en nuestra memoria literaria y cinematográfica.

La muerte de Miguel Delibes ha dejado al campo español, en general, y al campo de la literatura en particular, casi en barbecho. Como un erial. El mundo rural ha perdido a uno de sus grandes narradores. También nos ha dejado este año José Saramago, con esa visión pesimista sobre un mundo, según él, sin solución. O Luis García Berlanga, que se estará partiendo de risa con Antonio Ozores en el más allá, al ver las ocurrencias de unos y otros acá, con la absurda batalla del inventario sobre el “patrimonio nacional”.

También se nos han ido, aunque seguirán mucho tiempo en la memoria, grandes líderes populares, referencias ineludibles en las reivindicaciones sociales, como Marcelino Camacho o el padre José María Díez Alegría. Por no decir políticos con mayúsculas, de los que ya no quedan, como el ex presidente del Senado, Antonio Fontán, o el ex presidente del Congreso, Félix Pons, discreto y eficaz, por si le sirve de referente a José Bono.

Otros “grandes” que se han ido, y sin hacer apenas ruido, han sido el cantante de flamenco Enrique Morente, el intelectual y escritor Juan Marichal, los periodistas Joaquín Soler Serrano y Alberto Oliveras, el cantautor José Antonio Labordeta, el actor Manuel Alexandre o el banquero Alfonso Escámez.

Para todos ellos, mi oración y mi recuerdo. Y para lo que venga en el 2011, que no será poco, que Dios nos coja confesados.
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