Última actualización 07/12/2010@12:25:07 GMT+1
Didáctica e instructiva la conferencia de Manuel Pizarro en la Cámara de Comercio de Guadalajara en la tarde del pasado martes. En un tono muy coloquial y sencillo, perfectamente comprensible para todo el público, lo que nos vino a decir, en síntesis, es que la clave de cualquier economía, pública –estatal, autonómica, municipal…– o privada –empresarial o familiar– pasa por gastar menos de lo que se ingresa y cuando se hace al contrario se genera el déficit que obliga a endeudarse.
Cuanto más dificultades hay para devolver esas cantidades en las que es necesario endeudarse, más alto es el tipo de interés que se paga y cuanto más interés se paga menos competitivo se es. Y en esas estamos, aunque el único que parece no enterarse es el presidente Zapatero que empeñando en vender optimismo o, mejor dicho humo, –el paro ha vuelto a bajar en noviembre pero para el Gobierno, al haberlo hecho en menos cantidad de la que se esperaba es síntoma de que el paro está tocando suelo– improvisa medidas que luego además no pone en práctica y la consecuencia no es otra que el deterioro por momentos de la situación. A más paro más gasto, menos ingreso, más déficit y más endeudamiento para el Estado y ese es el círculo en el que nos encontramos inmersos.
A la hora de producir no somos competitivos, pero tampoco lo somos en el sector tecnológico, porque nuestro desarrollo como país, en los últimos años, se ha centrado en otros sectores y de manera casi exclusiva en el comúnmente llamado ladrillo. Y no es porque lo diga el señor Pizarro, sino porque es la constatación de la realidad. Como es una realidad que un país energéticamente dependiente no puede ser competitivo. Y eso que Manuel Pizarro expuso tan meridianamente claro en la tarde del martes lo hemos puesto de manifiesto en esta columna en no pocas ocasiones. Y son culpables de ello los dos partidos mayoritarios, PSOE y PP, tanto el uno como el otro, pues cuando ha estado en sus manos la responsabilidad de iniciar un debate y consensuar una postura en torno a la energía nuclear se han negado hacerlo, y se han dejado llevar más por un interés político propio que por un interés de Estado. Y si hubiera que apostar por la energía nuclear, lo que en opinión de algunos expertos parece inevitable, se acumula ya un retraso de años totalmente irrecuperable.
Sentenciaba en su conferencia Manuel Pizarro que este país, en la situación por la que atraviesa, demanda medidas urgentes y si el Gobierno no es capaz de adoptarlas por si mismo, no cabe la menor duda de que le van a obligar a hacerlo –de hecho algunas de las adoptadas por Zapatero han sido por imposición de sus “socios” europeos–, lo peor no son los daños que por esa innacción pueda causar a su partido –ahí están las elecciones catalanas donde el PSC ha sacado los peores resultados de su historia– sino a la situación de deterioro a la que puede llevar a la economía, en un estado ya más que lamentable.
Zapatero está en su perfecto derecho de no adelantar las elecciones y de agotar la legislatura pero bajo ningún concepto puede quedarse inerte y dejar de actuar o plantear alternativas que de ser consecuentes el PP debiera apoyar por propia responsabilidad política.