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En la onda
Última actualización 26/11/2010@14:36:17 GMT+1
Una de las ventajas que tiene dejar el foro y escaparse de vez en cuando a Guadalajara es que siempre puedes encontrarte en el camino con alguna agradable sorpresa.
Incluso con la satisfacción de probar un buen vino, un vino de altura, junto a Cogolludo, ya casi en las estribaciones de la arquitectura negra, con el Pico del Ocejón y el Alto Rey como casi únicos vigías de toda la comarca. Aquí, junto a San Andrés del Congosto, cerca de Arbancón y de Veguillas, la familia Fuentes ha recuperado una vieja tradición vitivinícola, aprovechando al máximo 26 hectáreas de viñedos, con unas modernas instalaciones que comienzan a dar sus frutos. Las leyendas en torno al Río Negro, en la Sierra de Guadalajara, se han visto alteradas de pronto por una realidad que parecía improbable, por no decir imposible.
La Finca Río Negro, como así se llama el territorio del que se sacan cada año alrededor de 11.000 botellas de vino de calidad, ha devuelto la actividad a unas tierras dedicadas hasta hace diez años a la caza. Un empresario de origen palentino, con seis hijos y una capacidad emprendedora indudable, ha transformado las antiguas tierras del marqués en una explotación agrícola que comienza a dar sus frutos. Y eso ha ocurrido al pie de la carretera que une Cogolludo con Atienza, junto a un monte de pinares y encinas, detrás del cual aparece una moderna bodega con tejado de pizarra, una vivienda de planta baja y otro edificio –antigua bodega– que pronto albergará un museo del vino.
Víctor Fuentes Fernández, 25 años, el pequeño de los dos hermanos que trabajan en la Finca Río Negro, estudió dirección y administración de empresa en Madrid y al acabar la carrera recogió el guante que le tendió su padre, conocido empresario y experto en consultoría. Desde entonces, lucha denodadamente para convertir en realidad lo que empezó siendo un sueño. Junto a los viñedos que rodean la bodega, Víctor habla de aromas y colores, de barricas de roble americano o de temperaturas, mientras observamos en una tarde fría de otoño el trabajo de los últimos vendimiadores y el ir y venir del tractor del campo a la bodega, que está a no más de cincuenta metros del lugar en el que se está recogiendo la uva.
“Al ser el clima más duro, la maduración también es más lenta”, comenta Víctor, en una tarde desapacible, con un viento frío que anuncia la llegada del invierno. El joven empresario, barba corta y pantalones vaqueros, ejerce de guía y de anfitrión, pero sobre todo de entusiasta defensor de una idea: Guadalajara ha sido y sigue siendo tierra de vino. Aunque no lo parezca. El pequeño de los Fuentes lo dice después de haber indagado en documentos y en viejas tradiciones. Y la historia le confirma que Cogolludo en el siglo XVII vivía, principalmente, del cultivo de la vid y del alabastro.
Hay incluso testimonios escritos de cómo el vino de estas tierras –aparentemente improductivas– regaba el paladar exigente de los monarcas españoles. Y, eso le lleva a la feliz conclusión de que si los Reyes tomaban vino de Cogolludo es porque, valga la redundancia, era un vino cojonudo. Al menos así nos lo hace creer Víctor, mientras probamos algunos de sus mejores caldos, y recorremos esta finca de seiscientas hectáreas, que antiguamente tuvo viñedos y que en los años treinta los fue perdiendo poco a poco, en parte por culpa de la acción depredadora de cientos y cientos de gazapos.
El alma de esta producción vitivinícola, junto a Víctor y a su hermano Fernando, se llama Juan Mariano Cabellos, un enólogo alcarreño –natural de Valfermoso de Tajuña, para más señas–, dispuesto, con paciencia y auténtica adnegación, a culminar uno de sus grandes retos profesionales: lograr en Guadalajara unos vinos nuevos, diferentes y de calidad. Las primeras verificaciones las hicieron en el 2002, después de experimentar con las variedades de Cabernet Sauvignon y Tempranillo. Tres años después, expertos independientes les dijeron: estáis haciendo ya un gran vino. Víctor Fuentes piensa aumentar la producción actual y alcanzar en la próxima añada una producción de 20.000 botellas.
Y esto ocurre en los montes de Guadalajara, de espaldas al Palacio de los Duques de Medinaceli, en Cogolludo, a orillas del Río Negro, o mejor dicho del Río Negro que nos lleva… Un brindis, en cualquier caso, a la salud de José Luis Sampedro.
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Un vino de altura
Últimos comentarios de los lectores (1)
4688 | roberto - 13/03/2011 @ 12:36:57 (GMT+1)
Si señor,tu pueblo sera bonito pero el mio es cogolludo,esto se ha dicho,se dice y se dira de uno de los pueblos mas importantes de guadalajara,lo mas significativo es que siempre tiene que venir capital de otras provincias para creer en los recursos de esta, he oido hablar de este vino por toda españa, si si,de cogolludo,seguro que en mondejar estaran picados pero que no se le piquen sus vinos,que tambien son de calidad,viva el vino y las mujeres!
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