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En la onda

Última actualización 17/12/2010@12:15:06 GMT+1
“DÉJATE ya de monsergas” o “no me vengas con monsergas” eran expresiones que circulaban de forma bastante habitual, incluso reiterada, en los escenarios familiares de mi infancia.
Para ser más exactos, a mi madre le gustaba interrumpir alguna conversación o explicación superflua, inocua o cansina, carente de concreción o sin interés reconocido, con un “déjate de monsergas”, que casi siempre remataba con la apostilla: “vamos al grano”.

La monserga, en su acepción de “lenguaje confuso y embrollado”, para al final no decir nada – y para no llamar a las cosas por su nombre– es una de las especialidades típicas de este Gobierno, cuando no encuentra argumentos convincentes para explicar su ineficacia o su comportamiento vergonzante en situaciones tan graves como las que se están viviendo en estos momentos en el Sahara. La monserga de que no podemos denunciar a Marruecos, cuando todos sabemos que está cometiendo vulneraciones flagrantes de los derechos humanos en el Sahara, o la monserga de que el Partido Popular ahora abraza a los niños saharauis, pero no derramó una sola lágrima por los niños de la guerra de Irak, son los dos ejemplos más recientes que se me vienen a la cabeza.

Si fuéramos al grano y nos dejáramos de monsergas, mejoraríamos la pegada y solucionaríamos de manera más eficaz algunos de los problemas más acuciantes que tenemos en España. Hay que denunciar con la mayor rotundidad –esa que no se usa ni para pedir explicaciones a nuestros “amigos” marroquíes– las monsergas de quienes no se atreven a coger el toro por los cuernos. De quienes buscan, eso sí, golpes de efecto o debates absurdos sobre problemas ficticios para intentar desviar la atención sobre una realidad cada día más preocupante.

Encima, los medios de comunicación –pensando que esto vende– entramos en el juego, amplificamos las declaraciones, colgamos vídeos o damos cobertura a cualquier tontería protagonizada por alguno de los miles de tontos –útiles o inútiles– que sobrevuelan cielo español.

Hartos ya de monsergas, algunos ciudadanos nos hacemos la misma pregunta que tantas veces escuchaba yo de pequeño: “¿por qué no te dejas de monsergas y me dices realmente lo que pasa?”. Pues eso, que nos digan qué futuro les espera a los parados, y a los catalanes, si persisten como hasta ahora en sus juegos florales y en sus absurdas provocaciones Montilla y compañía; o que nos aclaren qué medidas está tomando este Gobierno para que la reforma laboral, con reducción de salarios a los funcionarios y congelación de pensiones, provoque una reactivación en nuestra maltrecha economía. ¿O es que también se van a quedar las medidas económicas en monsergas, diseñadas para llegar en condiciones medianamente presentables a las próximas elecciones generales?

A las monsergas de Zapatero y de su renovado gabinete se unen también los recurre– chascarrillos del líder de la oposición. Como si de una epidemia de gripe se tratara, las monsergas de unos y de otros van extendiéndose e inundando nuestras vidas. Y, lo que es peor, van allanando el camino al desencanto y a la estupefacción.

Espero no darles yo también la monserga, pero no quiero terminar este artículo sin hacerme eco del ínfimo nivel que están exhibiendo algunos líderes políticos en la campaña electoral catalana. Montilla, el hombre que presume de normal, ha tenido la feliz idea de pagar un vídeo en el que una joven simula alcanzar un orgasmo en el preciso momento de introducir en la urna la papeleta con las siglas del PSC. La intención de Montilla es incrementar la participación y, en lugar de hablar del paro y la corrupción, ha decidido “calentar” la campaña de una forma placentera. Nada más le ha faltado decir en el vídeo: cada voto al PSC un orgasmo.

En otro vídeo, Montserrat Nebrera aparece en el jardín, cubierta con una toalla, después de una noche loca, disculpándose por no pedir el voto desde la más absoluta desnudez. Y Joan Pugcercós, de ERC, se muestra feliz por haber logrado su minuto de gloria, gracias a la grave acusación vertida contra el pueblo andaluz. Por no hablar de la presencia de Carmen de Mairena o de María Lapiedra en otras candidaturas.

Y con estas y otras monsergas se atreven a pedir el voto de los ciudadanos de Cataluña. Con tipos y tipas como estos y estas, cuyo único programa político es llamar la atención, parece increíble que todavía haya gente dispuesta a votar.
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