cabecera
Hemeroteca :: Edición del 02/09/2011 | Salir de la hemeroteca
294/513

En la onda

Por Javier del Castillo
Última actualización 16/11/2010@19:03:43 GMT+1
Según denuncia Thawra, una organización que agrupa a varios colectivos que luchan por la defensa de los derechos humanos en el Sahara, el número de cadáveres sin identificar en este territorio ocupado por Marruecos puede superar la centena.
No se conoce con exactitud el número de heridos, ni tampoco el de las personas secuestradas por el ejército y la policía marroquí, pero pongámonos en lo peor.

La gravedad de la situación es evidente. El drama de este pueblo, al que los españoles dejamos a merced de los intereses expansionistas de una dictadura disfrazada de democracia, no puede dejarnos indiferentes. La actuación de Marruecos, arrasando los “campamentos de protesta saharauis”, es de todo punto condenable. Sin embargo, el Gobierno de España se niega a condenar esta nueva violación de los derechos humanos.

Manifiesta, como mucho, su preocupación, tiene dudas en cuanto a la soberanía de la que fuera colonia española y se limita a reclamar a las autoridades marroquíes que permitan a los periodistas españoles trasladarse al Aaiún para informar desde el lugar de los hechos de lo que realmente está pasando. Mientras tanto, en el Aaiún preguntan dónde está el Gobierno de España. Pero la reacción del Gobierno de España ni está, ni se la espera.

Bueno sí, Zapatero ha proclamado en Seúl su empeño por acabar con las desigualdades en el mundo y su también ha reafirmado su confianza en la economía verde para salir de la crisis. Lamentablemente, este es el discurso que mejor practica nuestro presidente, mientras recupera al ex ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, para una misión especial: viajar a Argelia, pero no con el fin de tratar la situación en el Sahara, sino para abordar los preparativos de la cumbre de la Unión por el Mediterráneo.

¿Y dónde está su sustituta, Trinidad Jiménez? Buena pregunta... Aunque es de sobra conocida su visita a Bolivia –para mayor gloria del libertador Evo Morales– y sus encuentros diplomáticos con Ecuador, Guinea Ecuatorial, Sudán o Cuba. Cuando dirigentes chinos son recibidos en París por Sarkozy y cuando el premier británico, David Cameron, prepara con esmero un viaje a Pekín, con el fin de incrementar las relaciones comerciales con el país asiático, buscando beneficios para sus respectivas economías, aquí seguimos –con todos mis respetos– confiando nuestra suerte en la ayuda al Tercer Mundo.

A ver quien es el listo que nos explica con meridiana claridad cuáles son las prioridades de la política exterior española en estos momentos. Nadie duda de nuestra necesaria vinculación a Europa y a Hispanoamérica, pero ese acercamiento se produce sin el necesario orden ni concierto. No es de recibo que la flamante ministra de Asuntos Exteriores niegue la existencia de presos políticos en Venezuela o que pretenda cambiar la política de la Unión Europea respecto a Cuba, sin reconocer previamente la vulneración de derechos y libertades en el país caribeño.

Así, con esta indefinición –a la que se suma una pérdida evidente y paulatina de voz y voto en las grandes decisiones internacionales– no es de extrañar que Marruecos se crezca o que Venezuela nos quiera dar lecciones de cómo se derrota al terrorismo o cómo tratar a los etarras detenidos en las comisarías.

Si realizáramos una encuesta entre los españoles, la mayoría le daría la razón a Zapatero en que hay que acabar con las desigualdades en el mundo. También le daría la razón en su iniciativa de potenciar nuevas políticas de empleo... Y, seguramente, todos le aplaudiríamos si al menos estuviera en sus manos conseguir ambas cosas... Lo que pasa es que son meras intenciones.

El problema ahora es que los saharauis –antiguos compatriotas, hasta la vergonzosa salida del Aaiún, dejando paso a la “marcha verde”– siguen esperando un referéndum de autodeterminación y están a merced de Marruecos, dispuesto a no perder su gran oportunidad de anexionarse un territorio que no le pertenece. Supongo que para Zapatero este será también un conflicto provocado por las desigualdades que existen en el mundo.

El Gobierno de España –si quiere ser creíble– tendrá que decir claramente lo que piensa, como lo dice cuando se producen las actuaciones desproporcionadas de Israel en territorio palestino, para combatir la intifada. No se puede decir en un sitio una cosa y en otro la contraria.

Y no es de recibo que para no cabrear a Mohamed VI tengamos que agachar la cabeza, mirar para otro lado y decir que la culpa la tiene Franco, Aznar o los activistas del Polisario.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?   Si (4)   No(0)
294/513
Comparte esta noticia  Compartir en Wikio Compartir en Del.icio.us Compartir en Digg Compartir en Technorati Compartir en Yahoo Compartir en Google Bookmarks Compartir en Fresqui Compartir en MySpace Compartir en Meneame compartir en Tuenti Compartir en Facebook compartir en Twitter

Comenta esta noticia



Normas de uso
  • Esta es la opinión de los internautas, no de Guadalajara - dosmil
  • No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.
  • La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.
  • Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.


Ediciones y Publicaciones Guadalajara 2000, S.A.

Felipe Solano Antelo, núm. 7 Local (Centro de Prensa)
19002 Guadalajara
Contacto
Cibeles.net, Soluciones Web, Gestor de Contenidos, Gestor PDF Digital EditMaker 7.1.0