En la onda
Última actualización 03/09/2010@08:53:46 GMT+1
LO mejor del equipo de gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero es su polivalencia. La especialización es un término devaluado en el pensamiento político del presidente del Gobierno, si es que lo tiene.
Cualquier ministro puede ejercer las tareas de otro, incluso con más eficacia que el titular de esa cartera. Es cierto que algunos tienen mayor facilidad para equivocarse o lanzar globos sondas, otros muestran gran habilidad para hablar sin decir nada sobre cuestiones que tampoco interesan, también los hay que se pasan el día rectificando declaraciones anteriores y, finalmente, están los ministros – casi todos - que se enteran de lo que pasa en su departamento porque se lo han escuchado decir a Don José Blanco o a Don Alfredo Pérez Rubalcaba.
Tampoco podemos olvidar a los ministros que aunque prolongaran indefinidamente sus vacaciones, nadie se enteraría de ello. Bueno, sí, las secretarias y el equipo de asesores que les rodean.
Pero lo que más llama la atención –y no hace falta ser un lince para darse cuenta de ello– es la presunta usurpación de competencias entre ministros. Durante los primeros meses de verano, José Blanco, en lugar de disfrutar de sus vacaciones, se ha dedicado al pluriempleo. Ha tomado las riendas del poder –dejando en un segundo plano a María Teresa Fernández de la Vega– y ha explicado en cada momento la postura del Gobierno y de José Luis Rodríguez Zapatero sobre los temas más variopintos.
El ministro de Fomento ha salido al paso de polémicas o malentendidos, tanto en asuntos económicos, como en temas relacionados con la política exterior –por ejemplo, el conflicto no reconocido con Marruecos– o se ha posicionado en cuestiones más domésticas, como la prohibición de las corridas de toros en Cataluña.
Al papel de hombre orquesta, que tanto le gusta a Don José Blanco, se ha apuntado en la recta final del verano Don Alfredo Pérez Rubalcaba. Fue él veterano ministro del Interior –y no el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos– quién viajó a Rabat. Ejerció de Moratinos y negó de forma insólita la existencia del conflicto con Marruecos, que tantas páginas de periódicos ha llenado durante el mes de agosto. Luego, como Manuel Chaves está casi siempre ausente, Rubalcaba ha tomado las riendas de la negociación con el Partido Nacionalista Vasco, con el fin de conseguir su respaldo para la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado de 2011.
Del PNV depende, en buena medida, que se produzca o no un adelanto de las elecciones. El tema es muy serio y de ahí que sea precisamente Rubalcaba –un gran negociador– el encargado de poner sobre la mesa concesiones que pueden afectar a la política de empleo, pero también a otros asuntos menos aireados, como la presencia de los nacionalistas radicales en las listas de las próximas elecciones municipales. O incluso un nueva tregua de ETA, como ya sospechan algunos.
Las actuaciones de los ministros José Blanco y Alfredo Pérez Rubalcaba reflejan hasta qué punto son los dos puntales más importantes de este Gobierno, por delante de las dos vicepresidentas, y de Carme Chacón y Trinidad Jiménez. Ellos hablan por los demás, sin darse cuenta de que destapan el papel secundario y las limitaciones de otros compañeros. En definitiva, que Don José y Don Alfredo dan la razón a los que pensamos que José Luis Rodríguez Zapatero ha preferido convertir a la mayoría de sus ministros en simples directores generales.
Eso sí, con sueldos de ministros. Tanto es así que las encuestas revelan el desconocimiento que la mayoría de los ciudadanos españoles tienen sobre la identidad de los ministros de Ciencia e Innovación, Vivienda, Cultura, Industria o Educación. Pues, imagínense lo que pasaría si en una de esas encuestas se pidiera a los ciudadanos de la calle que enumeraran media docena de actuaciones importantes adoptadas en esos ministerios mencionados..., y que además hayan servido para mejorar su situación o la de sus compatriotas.
Como habrán observado, he dejado fuera de esta pequeña lista de damnificados al Ministerio de Sanidad. A Trinidad Jiménez la conoce todo el mundo. Su popularidad se incrementó por la Gripe A y por las medidas antitabaco... Pero sobre todo se ha incrementado desde que decidió –por expreso deseo de Zapatero– disputarle a Tomás Gómez la candidatura a la presidencia de la Comunidad de Madrid.
Ella es también polivalente. Y muy amiga del presidente más contradictorio e ineficaz de la historia de la democracia.