En la onda
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| Javier
del Castillo
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Última actualización 07/08/2010@12:27:39 GMT+1
En cuanto a la Comunidad de Madrid, pues qué quieren que les diga. A Rafael Simancas, que estuvo a punto de recuperar el gobierno regional, le hicieron la pirula –con tamayazo incluid –, le buscaron un retiro en el Congreso de los Diputados y a continuación el presidente se sacó de la chistera a Tomás Gómez, para que con tiempo, paciencia y la ayuda inestimable de un grupo de comunicación pudiera moverle la silla a Esperanza Aguirre en las elecciones de la primavera de 2011.
CUANDO Zapatero dice que hay que buscar a los mejores candidatos para recuperar el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid, échense a temblar. Pero no sólo los ciudadanos de la capital, sino también los elegidos. Los antecedentes son poco halagüeños.
Miguel Sebastián iba a ser el mejor alcalde de Madrid, dijo el presidente del Gobierno, pero perdió por goleada. Se desinfló a las primeras de cambio. Volvió a las clases de la Universidad y, como premio de consolación, fue nombrado posteriormente ministro. Puede que Miguel Sebastián sea una lumbrera, pero tuvo que conformarse con regalar bombillas de bajo consumo y subvenciones a la industria del automóvil, para hacer frente a la crisis y evitar el cierre de fábricas y concesionarios. Por cierto, que me ha vuelto a mandar a mi domicilio nuevos avisos para que recoja otras dos bombillas, que parece que están ahora muy rebajadas…
El problema es que las encuestas cada vez le son más adversas a un Tomás Gómez, emperrado en ser candidato. No quiere darse por enterado de que su perfil no congrega pasiones ni atrae multitudes, ni tampoco parece ser consciente de que su estrategia no funciona. El ataque por el ataque, no es el camino más acertado para lograr los objetivos.
“Tomás es buen candidato”, reconocía el otro día Zapatero, pero antes de terminar la frase ya estaba señalando que incluso siendo bueno no era precisamente su preferido. “Trinidad es buenísima”, dijo a continuación, como si la actual ministra de Sanidad no hubiera tenido bastante con la experiencia que ya vivió como candidata rival de Alberto Ruiz Gallardón al Ayuntamiento de Madrid y con la maldita “chupa” de cuero que le enfundaron en los carteles electorales.
Zapatero, siempre sorprendente a la hora de mover ficha, quiere reconquistar Madrid con la candidatura de “La Trini” para la Comunidad y, muy probablemente, con la propuesta de Jaime Lissavetzky para el Ayuntamiento. Por lo tanto, hasta luego Lucas… Hasta otra, David Lucas. El portavoz socialista, que tanto ha trabajado para cubrir la fuga de Miguel Sebastián, tendrá que dejar paso al Secretario de Estado para el Deporte, a su amiga Beatriz Corredor, si falla el primero, o al actual ministro de Educación, Ángel Gabilondo, si falla la segunda. Sólo le puede salvar a Lucas la valentía de cualquiera de los citados para negarse a aceptar una oferta tan envenenada como la que ya prepara Zapatero.
Desde los tiempos de Barranco y Leguina, el Partido Socialista de Madrid – antes Federación Socialista Madrileña – no ha sabido o no ha querido encontrar un líder capaz de romper con la hegemonía del Partido Popular. Fernando Morán intentó ser una mala copia de Tierno Galván, pero acabó haciendo de chico de los recados de Cristina Narbona. La citada Trinidad Jiménez apuntaba maneras, pero tampoco llegó a tomar la alternativa.
En cuanto a la apuesta por Cristina Almeida para las elecciones a la Comunidad de 1999, que se lo pregunten a Joaquín Almunia. Alguien llegó entonces a pensar que le debía algún favor muy grande al yerno de Utrera Molina. Y, encima, su decisión sirvió para cabrear a José Acosta, a Barranco y a Leguina, y –si me apuran un poco– a la mayoría de los militantes socialistas que consideraban a la cabeza de lista una advenediza.
Las últimas informaciones sobre la situación que se vive dentro del PSM, y muy especialmente en el entorno de Tomás Gómez, son el mejor regalo que podían hacerles a Esperanza Aguirre y a su “admirado” compañero de partido, Alberto Ruiz Gallardón. El cuestionado candidato Tomás Gómez – al que la dirección nacional le pide como gesto de generosidad, que presente su renuncia - difícilmente puede ser rival de entidad para “La Espe”.
Zapatero tiene en Madrid un problema –y en toda España, para ser más exactos–, pero seguro que se le enciende la bombilla y se saca otro par de “conejillos de indias” de la chistera.