Última actualización 18/06/2010@06:22:41 GMT+1
HAY medidas que efectivamente calan y hacen mella en la sociedad en general y en el electorado, en particular, que es quien con su voto reprueba, o no, a los políticos cada vez que a éstos les toca someterse al refrendo de las urnas. Nos pareció todo un ejemplo de congruencia el dado por el presidente regional José María Barreda las dos veces que en este mandato ha recortado de manera drástica el número de efectivos de su Gobierno, tratando, en definitiva, en ambas ocasiones de reducir el gasto público en la Comunidad que preside. Demuestra, evidentemente, una sensibilidad del presidente regional en estos tiempos de crisis global que necesita de la implicación de todos, y de los políticos primero aunque ni el Gobierno nacional ni otros autonómicos hayan imitado al de Castilla-La Mancha.
En unos momentos en los que el ciudadano ve por un motivo y otro reducidos sus ingresos, bien por haber pasado a formar parte de las filas del paro, bien por ser funcionario o jubilado con los consabidos recortes que el Gobierno ha introducido en los emolumentos de unos y otros, reconforta ver que los políticos traten de gestionar mejor los recursos públicos que gestionan y que intenten ahorrar en aquellas partidas en las que les es posible. También, por supuesto, que se rebajen sus sueldos. En ese sentido el presidente Barreda ha estado displicente, convirtiéndose en ejemplo aún por mucho que éste no haya cundido.
Ocurre a veces también que en la articulación de esas medidas, en la puesta en práctica de las mismas, se cae en incongruencias que amenazan incluso con llevarse por delante los efectos positivos que se supone debieran derivarse de ellas. Por ejemplo, antes de la última remodelación, tres miembros del Gobierno regional eran de esta provincia, por tanto parecía lógico que fuera Guadalajara la que más viera recortado su peso específico dentro del ejecutivo, no parece ya tan lógico que se haya mantenido en él quien históricamente se ha mostrado más crítica con el propio Gobierno y que incluso hasta se puede decir que va por libre –entre comillas– como lo demuestra el hecho de que haber llegado a nombrar una directora general de Formación Profesional –a la sazón profesora de un instituto de Guadalajara, por mas señas–, nombramiento que nunca ha llegado a salir publicado en el Diario Oficial. Al final se está en un Gobierno que lo sustenta un partido, el PSOE, que es el que se presenta a las elecciones y que necesita contar, cuando menos, con el respaldo de sus bases.
Son incluso las propias bases las que no comprenden cómo, en ese efecto dominó que los movimientos en el Gobierno regional provocan en las estructuras provinciales, en Guadalajara se mantenga en el cargo de manera incomprensible a ciertas personas cuya aportación ha resultado escasa –por decirlo de alguna manera– tanto antes como ahora, con recursos y alternativas laborales pero que se empeñan a toda costa en permanecer en la “pomada” política.
Son incluso las propias bases las que no comprenden cómo el ahorro en Toledo supone incremento en Guadalajara, por la recolocación de todos de la mayor parte de los efectivos lo que además proporciona argumentos de tremendo calado a la oposición que a buen seguro, tarde o temprano, van a utilizar.
Como decíamos antes, son los partidos los que se someten al refrendo de las urnas y los políticos concurren en ellas bajo su paraguas, por más que algunos lo olviden con cierta frecuencia y lo que es peor, ni apuntan maneras de que vayan a recordarlo.