Última actualización 18/06/2010@06:20:54 GMT+1
DIJE la semana pasada que la selección española de fútbol sería un alivio para el Gobierno en tiempos de crisis, y también dije que sería una buena ración de autoestima para los ciudadanos. Lo dije y lo mantengo, aunque la suerte no parece que sea nuestra mejor aliada en estos momentos difíciles. Hay quien dice que a perro flaco todo se le vuelven pulgas, pero mi optimismo natural –algo más moderado que el de Zapatero– me obliga a persistir en ese sueño, dando un nuevo voto de confianza al equipo que entrena Vicente del Bosque. No pienso tragarme ahora el artículo anterior, ni mucho menos las más de setecientas palabras que lo componían, una por una.
Efectivamente, no se han cumplido los pronósticos. Vale, pero díganme sin acritud: ¿quién era el listo que ponía en duda hasta el miércoles a las 18,45 horas una victoria holgada frente a Suiza, selección que nunca había ganado nada, ni tampoco a España en partidos oficiales? Incluso, sin recurrir a los antecedentes más negros de nuestra historia y a las calamidades de anteriores citas mundialistas, todos dábamos por supuesto el triunfo de “los nuestros”.
Seguro que no van a faltar ahora los enterados de turno que presumen de haber avisado del peligro. Y de que ellos nunca lo vieron tan claro... O que ya le advirtieron el mismo miércoles por la mañana al vecino del quinto de que menos euforia. Algo malo se temía el cenizo de turno que podía ocurrir. ¡Ojo al dato!
Ni las cuentas millonarias españolas depositadas en los bancos suizos –que según algunas fuentes van en aumento– han servido para permitirnos una más que necesaria alegría. Los suizos, especuladores por naturaleza, nos colocaron en Durban un muro defensivo, que no supimos abrir ni con el “tiki, taka”, ni con la furia española, ni con la madre que los parió...
Volvemos a lo de siempre. Al infortunio, a la mala suerte y, si hace falta, a la burbuja inmobiliaria. Por cierto, hablando de ladrillo, me cuesta creer que este país, que tantos puestos de trabajo creó en la construcción hasta hace un par de años, no haya sido capaz de superar una barrera de fornidos albañiles, algunos de ellos inmigrantes, tan poco cualificados como los suizos.
La selección de Suiza no se mereció la victoria. La consiguió de rebote. Sin embargo, ese maldito rebote lleva aparejado un serio problema. Un problema de confianza del que comienzan a desprenderse algunas dudas sobre las posibilidades reales de España. Esperemos que sólo haya sido un susto. O que –visto en positivo– suponga un revulsivo para llevarnos por delante el lunes a Honduras –con el amigo Zelaya incluido–, el viernes que viene a Chile, y a partir de ahí a cualquier otra selección que se nos cruce en el camino.
Tenemos que demostrar al mundo, pues casi nos va la vida en ello, que España tiene a los mejores jugadores y un equipo preparado para superar a los próximos adversarios y para volver de Sudáfrica el próximo 12 de julio con el trofeo que nos acredite como Campeones del Mundo. Nuestro orgullo y nuestro honor futbolísticos –cuestionados por errores que ahora no vienen al caso– deben de seguir intactos.
Nuestra selección –como diría María Teresa Fernández de la Vega, después de un Consejo de Ministros– está preparada para hacer frente a los problemas. Somos muy conscientes de la actual situación, estamos preocupados, pero este equipo (este Gobierno) va a trabajar duro y de forma incansable para sacar a España adelante, como también diría la portavoz del Gobierno o cualquier otro ministro de Zapatero. Con Casillas o sin Casillas, con Fernando Torres o con David Villa y hasta, si es preciso, echando mano de una palabra muy popular que rimas con campeones.
Lo que no podemos permitirnos en estos momentos de recelos sobre la solvencia de España es que se nos venga abajo una de las pocas cosas que estaban funcionando de forma eficaz y bien coordinada: la selección española de fútbol.
P.D. Vicente del Bosque no se merece las críticas de su antecesor en ese puesto, Luis Aragonés. Me parecen inoportunas, injustas y nada elegantes. ¿Se imaginan la respuesta de Luis Aragonés si esas críticas las hubiera recibido él de Vicente del Bosque cuando era seleccionador nacional? Del Bosque le ha dado una lección de señorío al decir que las respeta. Un ejemplo.