Hemeroteca :: Edición del 02/09/2011 | Salir de la hemeroteca
Última actualización 17/06/2010@19:17:30 GMT+1
Como cabía prever, la respuesta de los funcionarios a la huelga convocada por los sindicatos fue minoritaria, tan minoritaria que bien harían éstos, los sindicatos, en profundizar en las causas y en reconsiderar el papel que juegan en la sociedad actual y el que debieran jugar en función de lo que las bases –si es que les quedan– hoy demandan y requieren.
También, como cabía esperar, se acabó el plazo sin que éstos, los sindicatos, y la patronal, llegaran al más mínimo acuerdo en cuanto a la reforma laboral que al final el Gobierno tendrá que imponer por decreto en tan sólo unos días.

Y cabe esperar, por pura lógica y pura consecuencia con las afirmaciones que unos y otros han hecho, Gobierno y sindicatos, que al final los últimos terminen por convertir la amenaza de huelga general en realidad, porque todo parece indicar que el ejecutivo de Zapatero terminará por rebajar el coste del despido, precisamente uno de los motivos que ha impedido el acuerdo.

Sabiendo que el Gobierno se vería obligado a rebajar dicho coste, probablemente haya propiciado que los empresarios mantuvieran a ultranza su postura al respecto, que pasa por un despido casi gratis. Al igual que los sindicatos, que también saben que al Gobierno no le cabe otra alternativa, se vean en la obligación de mantener la convocatoria de huelga general, aún a pesar de que como en el caso de la reciente huelga de funcionarios pueden volver a quedar en evidencia, aunque el fracaso no sea ni tan sonoro ni tan estrepitoso, y aún a sabiendas de que esta pretendida defensa de los intereses de los trabajadores con esta huelga no les va a servir para lavar la cara ni para paliar el descrédito amasado en estos últimos años de connivencia con el Gobierno de Zapatero.

Lo peor del caso es que en contra de lo que algunos –más bien muchos que pocos– puedan pensar: que la reforma laboral puede ser como el bálsamo de Fierabrás que arregle al instante el problema del paro, ésta no va a ser la panacea y en cualquier caso no se constituye como la única solución ya que la situación requiere de profundas modificaciones estructurales y, fundamentalmente, de una seguridad jurídica y regulatoria que, desde luego, ni la ha generado ni la inspira el Gobierno de Zapatero con sus continuos vaivenes y cambios de postura, casi sobre la marcha, desde que empezara esta crisis que a pesar de las evidencias tardó meses en reconocer.

Por cierto y hablando de paro, con cuatro millones largos de parados ¿cómo se puede comprender la paz social que impera si no fuera por la existencia de una importante economía sumergida?

¡Y el IVA que viene!
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