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Hemeroteca :: Edición del 02/09/2011 | Salir de la hemeroteca
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Por Javier del Castillo
Última actualización 28/05/2010@04:15:26 GMT+1
EL corte y confección se han puesto de moda, y no precisamente por los trajes de Milano que cada vez le aprietan más a Francisco Camps. Ha sido necesario echar mano de la tijera porque, como decía ayer en la tribuna del Congreso Josep Antoni Duran Lleida, “esto no se aguanta más”. Este país, que iba sobrado por la senda del crecimiento y de la especulación (inmobiliaria), se ha convertido de pronto en un enorme taller de sastrería, en el que ya no se hacen trajes a medidas, sino remiendos. Y, por supuesto, improvisaciones con retales de muy distinta procedencia.


Con un gobierno superado por las circunstancias y con un presidente al que el traje le viene demasiado grande, sólo caben dos cosas: rezar –el que sea creyente– o esperar a que vengan a rescatarnos de fuera. El panorama que tenemos delante de nuestras narices –con un Gobierno sin credibilidad y que ya no acierta ni cuando rectifica– es para salir corriendo. Les pondré un ejemplo: han pasado dos años desde que, finalmente, se reconociera la crisis económica y todavía no se han producido acuerdos relevantes para combatirla entre Gobierno y Oposición, ni entre Empresarios y Sindicatos.

Sólo el peligro de quiebra inminente ha logrado hacer reaccionar a un presidente de Gobierno que hasta hace unos días hablaba de mejoras en las políticas sociales y de signos de reactivación económica, confundiendo sus deseos con la pura y dura realidad. Y que no nos vengan con la milonga de que la oposición no arrima el hombro o que incluso pone palos delante de las ruedas –como le gusta decir a José Antonio Alonso o a Don José Blanco–, porque esa excusa ya no se sostiene. Quien gobierna es el Partido Socialista y quién ha fracasado tiene nombre y apellidos: José Luis Rodríguez Zapatero.

Está bien que en estos momentos se pida a los españoles sacrificio, esfuerzo, y un mayor compromiso al resto de las fuerzas políticas. Me parece bien que se tomen medidas de ajuste, pero que no nos pidan a los ciudadanos un ejercicio de amnesia, como si quienes las proponen ahora no fueran los mismos que hasta hace unos días incrementaban las nóminas de asesores y hasta el parque móvil de los ministerios. El déficit público –según Zapatero– era un problema menor.

Pero no caigamos en el desánimo ni en la desesperación. Reflexionemos sobre algunos gestos e indicios que nos invitan a pensar que todavía quedan dirigentes capaces de reaccionar con sensatez ante la adversidad.

Uno de estos gestos lo acabamos de ver hace unos días, con la segunda reducción de consejerías acometida por José María Barreda, dejando en siete las catorce que tenía al inicio de la legislatura. Sin entrar en cómo se recoloca o se deja de recolocar a los destituidos, lo cierto es que el nuevo “gobierno bonsái” de Barreda puede ser un buen ejemplo para el resto de las administraciones públicas.

Seguramente que no habría pasado nada porque José María Barreda hubiera empezado la legislatura con siete consejerías, en lugar de con catorce, pero nadie es perfecto. Lo importante es que ha tenido reflejos y ha echado mano de su indudable vocación pedagógica. “A partir de ahora vais a cobrar menos y a trabajar más”, les dijo a sus compañeros de Gobierno. Y, a la vista de cómo está el patio, todos aceptaron su “plan” sin rechistar.

No tengo constancia de que llamara seguidamente a un carpintero para recortar la mesa de reuniones a la mitad, pero me llena de satisfacción saber que Barreda ha sido el primero en abrir el melón. Lo de menos es si lo hace para recuperar algunas décimas en las encuestas o para demostrarle a Zapatero que él también puede reducir su gabinete. Aquí lo que valen son los hechos. Y Barreda ha tenido mucho más valor y muchos más reflejos que un ofuscado y confuso presidente del Gobierno. Un presidente que, puesto a rectificar, ya no se conforma con rectificar a sus ministros, sino también decretos del Boletín Oficial del Estado.

Cuando el patrón del barco ha dado tantas muestras de incompetencia, cuando la embarcación está a la deriva, lo mejor que pueden hacer algunos de sus más significados colaboradores y tripulantes es buscarle un relevo.

O, como ha hecho José María Barreda, demostrarle al despistado timonel que el barco funciona mejor si va ligero de peso, y hay agallas suficientes para afrontar la que se nos viene encima.
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