Última actualización 21/05/2010@04:45:26 GMT+1
Apesar de que la cifra de parados en Guadalajara supera ya los 20.000, el pasado Primero de Mayo, las dos grandes centrales sindicales apenas lograban reunir a poco más de 450 trabajadores, en una manifestación donde la defensa de los derechos de los trabajadores es la bandera. Probablemente el desencanto de unos trabajadores, que no encuentran otro mejor acomodo que las filas del paro, sea la causa de ese “pasotismo” frente a la llamada de los sindicatos.
Un pasotismo tal vez fundamentado en el papel que llevan jugando los sindicatos de unos años acá, adoptado como se suele decir de motu propio. Porque hoy más que nunca los trabajadores están cargados de razones para exigir públicamente al Gobierno una política más racional. Si no logran movilizar a los trabajadores ahora, cuando lo van a lograr.
Pero si hay apatía entre los parados, no parece que sea menor la que existe entre el funcionariado, ya que la manifestación convocada por los sindicatos para la tarde de ayer jueves, tenía una respuesta del mismo calado, ya que igualmente sólo lograba movilizar a poco más de cuatrocientas personas. Una cifra a primera vista un tanto exigua, aunque no tengamos el censo de funcionarios que existe en la provincia que nos permita determinar con exactitud que porcentaje supone.
Dejando a un lado a los pensionistas, pues los condicionantes y las limitaciones de la edad, en la mayoría de los casos, no les permite otra cosa que asumir las circunstancias y sus protestas no alcanzan a sobrepasar el reducido círculo en el que se ven obligados a moverse, parece que tanto parados, como funcionarios y la ciudadanía en general hubieran aceptado estoicamente la situación y hubieran dado por buenas las medidas adoptadas por el Gobierno desde que empezara la crisis allá por septiembre de 2008 y que en poco o nada han logrado mejorar la situación. De ahí que sus socios europeos hayan obligado a José Luis Rodríguez Zapatero a desdecirse y tomar unas decisiones a las que siempre se negó, por activa y pasiva.
¿Será que de una crisis de confianza –desde el primer momento se dijo que además de la crisis económica había una crisis de confianza– hemos pasado a una crisis de indiferencia?
¡Y no hay nada peor que la indiferencia!
Son muchos los socialistas que en privado admiten que no votarían a Zapatero, pero que la alternativa es mucho peor porque ¿cómo van a votar al PP? También son muchos los “populares” que no ven a Rajoy con el suficiente punch como para tomar el relevo y enderezar el rumbo.
Total que menudo porvenir.