Última actualización 21/05/2010@04:40:18 GMT+1
DESPUÉS de ver cómo el pollo Evo Morales y la perezosa gallina Cristina Fernández Kirchner nos daban lecciones de democracia en Madrid, sin que el Gobierno les explicara a estos dos “pollastres” que España es un Estado de Derecho, donde se respetan las libertades y se celebran elecciones cada cuatro años, uno comienza a temerse lo peor. Incluso se pregunta si no será que nos toman por el pito el sereno.
Aunque eso no es lo más grave. Lo más grave es tener que contemplar la sonrisa fácil del presidente Zapatero a su lado, riéndoles las gracias a los dos, en lugar de darles la espalda, previa petición de explicaciones por la intolerable injerencia en asuntos internos de un país, que encima es su anfitrión. No se puede acusar alegremente a la oposición de participar en intentonas golpistas, ni a los gobiernos europeos de maltratar a los inmigrantes, en el país que te recibe y te invita a estrechar los lazos de hermandad.
Nadie discute ya, a estas alturas de la película, la falta de credibilidad de Zapatero, pero España tiene que sobreponerse y hacerse respetar, aunque para ello tengamos que enemistarnos con unos cuantos dictadorzuelos de Centroamérica, con o sin espolones. Incluso cuando las provocaciones de estos impresentables vayan contra el Partido Popular o contra los tribunales que juzgan –como se hace en un Estado de Derecho– a ciudadanos que supuestamente ha cometido delitos de prevaricación, sin importar si llevan toga, sotana o uniforme militar...
La credibilidad y el respeto –dos cualidades que se echan cada día más en falta en nuestra clase política– se ganan con el rigor y la responsabilidad. No se regalan, como los trajes de Camps o los muebles del ático ocupado por la hija de José Bono.
Para que un individuo como Evo Morales –que no come carne de pollo porque provoca homosexualidad y alopecia– se comporte debidamente, hay que enseñarle de vez en cuando los dientes. Y decirle que en España respetamos a las minorías –incluso a los indios, si los hubiera– y que tenemos unas instituciones respetables, que toman decisiones de forma independientemente y no al dictado del Gobierno de turno, como ocurre –por ejemplo– en su país. Sin embargo, pedirle a Miguel Ángel Moratinos una respuesta contundente para este “pollastre”, es como pedirle puntualidad a la señora Cristina Fernández Kirchner.
Lo más importante en estos momentos –dejando a un lado a estos sátrapas caribeños, por los que siente auténtica devoción la actual diplomacia española– es encontrar a los ricos españoles que paguen los platos rotos. Sí, como se lo digo. Aquí hay al menos unas 750.000 personas –según datos de la Agencia Tributaria– que ingresan cada año más de 60.000 euros por rentas del trabajo y del capital, por lo que tienen que ser ellos los que más aporten a las arcas del Estado.
Zapatero lo ha dejado muy claro: subida de impuestos, pero a los que más tienen. No van a ser sólo los pensionistas, los funcionarios y los que malviven con sueldos de menos de dos mil euros quienes se sacrifiquen para ajustar el déficit del Estado a los niveles que nos marcan nuestros aliados europeos. Los ricos tienen que ser, de una vez por todas, solidarios. Pagar más, puesto que les sobra el dinero, en lugar de que se les pudra en cuentas opacas o en los bancos suizos.
El mensaje es de una simpleza enternecedora y de una ingenuidad supina. Por fin, un Gobierno socialista se enfrenta a la evasión fiscal y al fraude impositivo de los ricos, como ya adelantó José Blanco en “La Noria”, de Telecinco. Zapatero –después de empobrecer a las clases medias y a los pensionistas– ha tomado una decisión justa, aunque sin precisar cuando, cómo y de qué manera la llevará a efecto. Los sindicatos, la izquierda en general y sus compañeros socialistas en particular ya tienen una excusa, antes de lanzarse a la calle a manifestarse contra los recortes.
Pero, ojo, no seamos incautos. Aquí las únicas rentas que controla la administración del Estado son las rentas del trabajo. Las especulativas son otro mundo, en el que la acción fiscal del Gobierno difícilmente podrá sacar tajada.
Es decir, que seguiremos como hasta ahora: pagando siempre los mismos. Pero, al menos, que nuestros impuestos no sirvan para pagarles a los Evo Morales y compañía la tribuna desde donde insultarnos y darnos lecciones.
¡Ya está bien de que todos nos tomen el pelo!