Última actualización 14/05/2010@04:30:53 GMT+1
Estas cosas decía antesdeayer el presidente del Gobierno, desautorizando al secretario de Estado de Economía, José Manuel Campa, quien ingenuamente había sugerido congelar el sueldo de los funcionarios. Y lo mantenía además con orgullo, como sello de identidad de la izquierda solidaria, que protege a los trabajadores y a las clases desfavorecidas.
VAN a seguir creciendo las pensiones, se ampliarán las prestaciones sociales a través de la Ley de la Dependencia, se mejorarán las ayudas a la maternidad, no se tocarán los sueldos de los funcionarios, ni se recortarán los derechos adquiridos del resto de los trabajadores. Tampoco se subirán los impuestos, ni se abaratará el despido.
Pues bien, ese discurso demagógico, populista y retórico de Zapatero ya no vale. Los funcionarios cobrarán a partir del mes de junio un 5 por 100 menos en su nómina. Los futuros padres –salvo los que hayan engendrado a la criatura antes del mes de abril– dejarán de percibir el famoso “cheque-bebé” de 2.500 euros. Los pensionistas tendrán que apañarse en el año 2011 con la misma exigua pensión que tienen ahora. Las ayudas a través de la Ley de Dependencia también serán recortadas, se subirán los impuestos –aunque todavía no se haya precisado la cuantía de ese incremento– y se darán nuevas facilidades a los empresarios para contratar y despedir trabajadores.
Se acabó la fiesta. Antes de que el coche de la economía se quedara sin gasolina y se precipitara por el acantilado de la deuda pública, Zapatero ha pegado un volantazo: un giro inesperado hacia la derecha, pero sin la derecha. Y no lo ha hecho de motu propio, sino obligado. Siguiendo al pie de la letra las instrucciones de pilotos más avezados, como Sarkozy o Ángela Merkel, y previo toque de atención del mismísimo Barack Obama. Acosado desde distintos frentes, Zapatero ha tirado la toalla. Ha dado un giro a su errática estrategia, ha humillado la cabeza delante de los sindicatos y ha asumido el papelón de contradecirse en cuestión de horas o de días. En una palabra, se ha bajado del burro, como si aquí no hubiera pasado nada.
El argumento de que “no quedaba más remedio” puede ser una buena excusa, pero siempre que Zapatero explique a los españoles ¿por qué ha tardado tanto en abordar las medidas de control del gasto público que se reclamaban desde hace dos años y de forma unánime por todos los partidos políticos con representación parlamentaria, excepto por Izquierda Unida, también conocida ya por algunos como Izquierda Hundida? En definitiva, ¿por qué ha consentido que la situación se fuera deteriorando, sin asumir los errores, ni las recomendaciones autorizadas de los principales foros nacionales e internacionales?
Los que hemos venido criticando la inanición gubernamental, salpicada a veces de ocurrencias que siempre animan el debate y las tertulias, no podemos criticar ahora la aplicación de medidas, aunque sean impopulares y dolorosas. Le ha costado, pero al menos el Gobierno ha tenido la valentía de rectificar y de tragarse, sin apenas enrojecer, esos discursos engañosos y utópicos, que defendían los sueldos de los funcionarios o nuevas subidas en las pensiones.
Cosa muy distinta es discutir si los recortes del gasto van bien dirigidos o no. Los sueldos de los funcionarios –salvo los emolumentos del personal contratado y de los altos cargos– son bastante exiguos. De ahí que no se hayan rebajado desde la llegada de la democracia, hasta que Zapatero ha decidido crear un precedente y ser pionero también en estos recortes. El capitán del barco, aturdido y acuciado por lo que se le viene encima, ha optado por el camino más fácil para reducir el gasto público.
En lugar de evitar el derroche de dinero en reformas de palacios –como el de San Telmo, sede de la Junta de Andalucía en Sevilla–, en lugar de pagar informes y trabajos sobre la masturbación infantil o el sexo en la tercera edad; en lugar de parar la sangría que supone para el presupuesto la acumulación de funcionarios en las distintas autonomías, o en lugar de gastar nuestro dinero en televisiones autonómicas que confunden la información con el botafumeiro al presidente de esa autonomía, el Gobierno ha decidido quitarles un 5 por 100 de sus salarios a los funcionarios.
Zapatero se ha reinventado a sí mismo. Y ha hecho –empujado por la presión internacional– lo que dijo y prometió que nunca haría. Como para fiarse de su palabra...
Pero esto es lo que tenemos.