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Hemeroteca :: Edición del 02/09/2011 | Salir de la hemeroteca
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Por Javier del Castillo
Última actualización 16/04/2010@12:52:23 GMT+1
No lo digo yo. Lo dicen las estadísticas. Y la Fiscalía General del Estado. En estos momentos, hay 730 casos de corrupción incoados en España. El olor a corrupción invade la geografía española, aunque quizás sería más ajustado a la realidad decir que se ha instalado como un hecho consustancial al desempeño de la actividad política en determinados ámbitos de la administración pública. No hace falta leer los cincuenta mil folios del sumario de la trama Gürtel –aunque estén escritos a doble espacio, habría que premiar a quien demuestre que se los han leído–, para entender la gravedad del problema.
No hace falta recordar que hay corruptos en todos los partidos. Ni tampoco vale de excusa el “mal de muchos, consuelo de tontos”. Pues, al fin y al cabo, eso es lo que realmente les interesa vender a quienes están implicados en casos flagrantes de corrupción. Hay que ser implacables. Como le escuché decir el otro día al juez Javier Gómez Bermúdez, “es intolerable que la corrupción esté tan poco castigada en España”.

Y basta con mirar las primeras paginas de los periódicos para darse cuenta de que vivimos en un continuo sobresalto. En un país donde la corrupción distrae de los problemas más acuciantes de los ciudadanos, como son las dificultades económicas y, muy especialmente, el paro. En un país donde la desconfianza de los ciudadanos en las instituciones y en quienes las dirigen está más que justificada.

Salvo la portada del diario ABC, en la que se da el último adiós a Guillermo Luca de Tena, todos los periódicos nacionales destacan hoy (jueves 8 de abril) tres grandes asuntos de la actualidad nacional: las reveladoras conversaciones incluidas en el sumario del ‘caso Gürtel’; la decisión del juez del Tribunal Supremo, Luciano Varela, de sentar en el banquillo a Baltasar Garzón, y el disgusto de Jaume Matas por perder el trabajo que tenía en Estados Unidos, al habérsele retirado su pasaporte. Con estas tres historias, se podría hacer un retrato exacto del mucho camino que nos queda por recorrer, si queremos hacernos respetar como país serio, desarrollado y democrático.

Con la que está cayendo –por ejemplo, un nueva remesa de 35.000 parados más en marzo–, lo mínimo que deberíamos exigirle a los políticos y a los jueces es que actúen con contundencia y limpien cuanto antes la mierda que salpica a las instituciones que representan. Y, no sólo por una cuestión de higiene democrática –que también–, sino porque es la única manera de que políticos y jueces se dediquen realmente a lo que tienen que dedicarse: a mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos y a recuperar la confianza en la justicia.

A los parados que cada mañana visitan las oficinas del INEM, para saber si hay algo de lo suyo, no les preocupa el trastorno que haya podido ocasionarle un juez a Jaume Matas. Imagínense que cualquiera de ellos hubiera tenido que hacer frente a una fianza de tres millones de euros... No me gustaría caer en la demagogia, pero cualquier parado podría solucionar satisfactoriamente, durante un año, la falta de empleo con el simple valor de uno de los objetos adquiridos por Maite, la señora del ex presidente de Baleares, con un dinero supuestamente detraído por su marido de comisiones irregulares.

Que el juez estrella baje del firmamento para sentarse en el banquillo de los acusados no es una buena noticia para la ya bastante deteriorada imagen de la magistratura, pero les aseguro que tampoco quita el sueño a quien duerme con la pesadilla de no tener trabajo. El juez Baltasar Garzón tendrá que dar cuenta de sus actos –como han hecho tantas veces delante de él otros acusados– y tendrá que asumir las consecuencias de ellos. De momento, como ha dicho el ministro de Justicia, Francisco Caamaño, hay que concederle la presunción de inocencia.

Pero no sólo al juez Baltasar Garzón, sino a los supuestos chorizos de la trama Gürtel y al mismísimo Jaume Matas, que –pobrecito– va a pasar a engrosar las ya abultadas listas del paro. A este paso, el banquillo se nos va a quedar pequeño.

Aunque, para banquillo de lujo, el de este sábado en el Estadio Santiago Bernabeu. Y, como en tiempos afortunadamente ya superados, no hay mejor receta para olvidar tantos problemas y tantos escándalos que el fútbol y los toros.

P.D. Aunque sólo sea para dar ejemplo, ¿explicará alguna vez Bono sus últimas inversiones inmobiliarias?
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