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Hemeroteca :: Edición del 02/09/2011 | Salir de la hemeroteca
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Por Javier del Castillo
Última actualización 16/04/2010@12:54:01 GMT+1
Donde antes te daban una conferencia ahora te dan un desayuno. Los encuentros informativos con representantes significativos del mundo de la política y de la empresa, a eso de las nueve de la mañana, se han convertido en un vicio para muchos y en un entretenimiento para otros, antes de la incorporación al despacho, a la redacción o a la reunión correspondiente. La vida social de la tarde-noche madrileña parece haberse trasladado a las mañanas.

Me llegan cada día por e-mail invitaciones a estos desayunos informativos –unas veces de Europa Press y otras de Foro Nueva Economía–, donde un personaje relevante dedica media hora a un discurso casi siempre predecible e insustancial y otra media hora –mucho más interesante– a responder a todo tipo de preguntas. Se producen algunas excepciones, pero por lo general el compadreo y las relaciones sociales prevalecen sobre el carácter informativo.

Por algunas de estas razones –y de otras que no vienen al caso– llevaba bastante tiempo sin asistir a estos desayunos informativos multitudinarios, en los que se mezclan el debate político y económico más actual con los compromisos, las relaciones sociales, el “a ver si quedamos a comer la semana que viene” y el “¿qué sabes de fulano o de mengano?”.

Sin embargo, el lunes pasado hice una excepción. Me propuse empezar bien la semana, junto a los buenos amigos y colegas de Guadalajara y a nuestros compañeros de viaje en Castilla-La Mancha. Me apetecía además escuchar en directo a José María Barreda, bullicioso e inquieto desde que las encuestas dejan entrever que su victoria en las próximas elecciones autonómicas no le resultará fácil. Hombre honesto y con bastante más sentido común que la media de los políticos, el presidente de Castilla-La Mancha sabe que se la juega y por eso intenta contrarrestar con sus intervenciones públicas la presencia casi diaria en los medios nacionales –para bien o para ma– de la candidata y secretaria general del Partido Popular, María Dolores de Cospedal.

En el Hotel Intercontinental estaban los que tenían que estar –los partidarios del conferenciante y los que tienen abono de temporada–, sin apenas una voz discordante, ni un resquicio para la polémica y la controversia. La bendición la daba José Bono y la confianza la ponía el rostro distendido y sonriente de la secretaria de Organización del PSOE, Leire Pajín. El mensaje de Barreda también estaba claro: la falta de compromiso de María Dolores de Cospedal con Castilla-La Mancha.

“Nunca está donde están sus paisanos”, subrayaba con cierta vehemencia el presidente, para reforzar así su claro compromiso con los problemas de la región y evidenciar su lucha denodada por conseguir el don de la ubicuidad. Barreda repasó desde la tribuna del Intercontinental algunos de los problemas más importantes de Castilla-La Mancha, pero estaba claro que su gran obsesión era María Dolores. Parece ser que ella es realmente el problema, su problema.

Lo que no dijo Barreda –porque era peligroso hacerlo, con decenas de cámaras de televisión delante– es que el gran handicap que él tiene para seguir gobernando en Castilla-La Mancha no es la cuestionada fortaleza de la candidata del Partido Popular, sino la debilidad manifiesta de su compañero de partido y presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero.

Ése es realmente el problema de fondo, como lo será para otros candidatos del PSOE en las próximas elecciones autonómicas y municipales. Zapatero no se presenta, pero puede influir negativamente en el ánimo de los electores. Al paso que vamos, María Dolores de Cospedal no va a necesitar ponerse las pilas, ni “estar donde están sus paisanos”. Una buena parte de sus votos le llegarán –si no se desvían a Rosa Díez– de miles de ciudadanos descontentos con la política que está llevando a cabo Zapatero en esta legislatura.

La coalición que tanto pregona Barreda con la sociedad queda muy bien sobre el papel, pero siempre que confluyan en ella medidas eficaces para salir de la crisis, a base de rigor y austeridad presupuestaria. En Castilla-La Mancha preocupa el ATC, el trasvase y el Estatuto, pero sobre todo el paro. Y este es otro déficit que, se quiera o no se quiera, se le adjudicará al debe del gobierno socialista.

Si yo fuera Barreda, además de
criticar a María Dolores de Cospedal, insistiría en marcar las diferencias con Zapatero.
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