Última actualización 26/02/2010@03:53:52 GMT+1
AL final lo que se anunció como una fusión fría ha terminado en fusión por absorción, pero no por ello han cambiado las condiciones que hace dos meses –cuando el presidente de Caja Guadalajara hizo el primer anuncio público de la misma– valorábamos como positivas. Éstas se siguen manteniendo, a pesar de haber cambiado la forma.
Si en función de esas condiciones, entonces nos permitíamos calificar la fusión planteada como un acierto, inevitablemente ahora debemos llegar a la misma conclusión. Y si además los sindicatos
–CCOO–, que en ocasiones como éstas suelen ser los más críticos y los más reivindicativos, afirman con toda rotundidad que la forma en que ambas Cajas han enfocado la fusión debiera de convertirse en todo un ejemplo… Poco más podemos concluir nosotros.
Teniendo por cierto como se tiene que Caja Guadalajara debía de encaminarse de manera indefectible –como el resto de Cajas que pueblan el territorio nacional– a una fusión, por imperativo “legal” o prescripción facultativa del Banco de España, la celeridad y la diligencia con la que ha actuado el Consejo de Administración que preside José Luis Ros, adelantándose a los acontecimientos y sin ir condicionado por el tiempo –ya se sabe que las prisas no son buenas para nada–, le ha permitido encontrar el mejor socio y además pactar unas condiciones envidiables, máxime teniendo en cuenta la correlación existente entre los números que configuran los balances de ambas instituciones.
Si a finales de noviembre, desgranando esas condiciones, destacábamos lo importante que para una entidad como Caja Guadalajara, tan apegada a la provincia y con esas fuertes connotaciones de enraizamiento, era el mantener la marca, es algo que ahora queda, igualmente, garantizado en lo que sería una especie de demarcación en la zona centro. Pero tampoco conviene llevarse a engaños y quizás dicho aspecto cobre más importancia para la propia institución, de cara a mantener su posicionamiento en ese mercado, que para el impositor al que sin duda debieran preocuparles otros ratios, como por ejemplo la solidez y la solvencia de la entidad en la que está depositando sus ahorros. O por ejemplo el hecho de que, aunque sea por medio de una figura como la Fundación, permanezca la Obra Social, por la que parte de los beneficios alcanzados por la entidad vuelven a revertir en el territorio en los que se generan.
Si además se garantiza la presidencia –para quien ahora está o para quien en un futuro pudiera sustituirle–, sin duda lo que se está evidenciando son unas innegables dotes negociadoras, a las que sólo desde la necedad se le pueden poner objeciones.
Sin duda otro de los capítulos fundamentales es del personal. Dado que los ámbitos de actuación en los que ambas instituciones se han desarrollado hasta ahora son distintos, prácticamente y salvo en Madrid, no existe duplicidad de oficinas, por tanto, la fusión en ese aspecto no parece que vaya a resultar traumática y se va a cerrar con un número casi simbólico de prejubilaciones.
Sólo una nefasta negociación podría enturbiar lo que hoy se presenta como una más que interesante propuesta de futuro. Así, con esta frase, terminábamos la columna que hacíamos en noviembre, valorando la situación que se nos presentaba. Por el momento y con los datos que tenemos en la mano no parece que se puedan poner muchas objeciones.