Última actualización 05/02/2010@05:47:39 GMT+1
JOSÉ María Barreda –urgido por la necesidad de ser noticia en los medios nacionales– reclamaba hace unos días cambios en el equipo de Zapatero. También aconsejaba una reducción de plantilla, es decir de ministerios, por razones económicas –ahorro del gasto público– y de eficacia, ante la incompetencia más que demostrada de los titulares de algunas inútiles carteras.
Barreda, probablemente para evitar males mayores, no dijo, sin embargo, algo que está en la mente de muchos españoles. Me refiero a la inconsistencia, a la ineficacia y la falta de recursos del director del equipo.
Pero, aunque no lo diga Barreda, cualquiera se da cuenta de que Zapatero se ha convertido en un problema, yo diría que en el gran problema del gobierno socialista. Le persiguen las desgracias, es incapaz de enfrentarse con remedios eficaces a la crisis... Y sus buenos propósitos se quedan en la superficie.
Hasta el pasaje de la Biblia elegido en su discurso del National Player Breakfast parece un contrasentido. El capítulo 24 del Deuteronomio dice: “no explotarás al jornalero pobre y necesitado, ya sea uno de tus compatriotas, o un extranjero que vive en alguna de las ciudades de tu país. Págale su jornal ese mismo día, antes que se ponga el sol, porque está necesitado, y su vida depende de un jornal...”.
Amén, señor presidente. Pero, póngase manos a la obra. Menos plegarias y más trabajo. Cree las condiciones necesarias para que tengan empleo los jornaleros pobres y necesitados, que ya ni siquiera dependen de un jornal, y que llevan años o meses esperando una nueva oportunidad en la cola del INEM. En definitiva, un jornal que no llega.
Estoy, en parte, de acuerdo con Barreda sobre la fragilidad y debilidad de un Gobierno que se despierta con un anuncio y se acuesta con una rectificación. Parecen aficionados, en lugar de profesionales a los que pagamos para que saquen adelante a un país que ha pasado de la “champions” al farolillo rojo. Y, además, en un tiempo record.
El problema es que para mejorar este Gobierno habría que moverle la silla a Zapatero. Y eso conllevaría convocar elecciones anticipadas. También podrían buscarse refuerzos –como sugiere Barreda– en el mercado de invierno, pero los últimos fichajes siguen la Ley de Murphy y hacen bueno al anterior. En el fútbol, si los resultados no acompañan, el mister percibe su correspondiente indemnización y se va a contar los billetes de quinientos euros a su casa. Pero en la política no.
Con más de cuatro millones de parados, con un déficit público que supera el 11 por 100, con unas previsiones económicas demoledoras a corto plazo y con un entrenador despistado, que se pasa el día dando bandazos y creando el desconcierto con sus ocurrencias e improvisaciones, lo más lógico es pensar ya en la promoción.
Fuera de colores políticos, cualquier persona sensata vería como una medida acertada el cambio en la dirección. O al menos en una jubilación anticipada para el “fenómeno”, antes de que sea demasiado tarde. Porque, y ésta es otra, entre los planes del Gobierno figura retrasar la edad de jubilación. La reforma del sistema de pensiones –aplaudido curiosamente por el maestro de las prejubilaciones, Emilio Botín– va por ese camino, aunque ni el propio Gobierno sea capaz de explicar las razones que le han llevado a anunciar esa propuesta fuera del marco del Pacto de Toledo.
Con este Gobierno, al menos hasta ayer, uno no se entera si le tocará jubilarse a los 67 o a los 65, o si el cálculo sobre las bases de la jubilación se hará sobre los últimos 25 años, sobre los 15 –como ocurre ahora– o sobre los 35. El caso es anunciar reformas y cambios, sin un estudio previo y sin unos argumentos mínimos que permitan a los ciudadanos confiar en su Gobierno.
Porque, al fin y al cabo, este es el Gobierno que nos ha tocado
en suerte y algo tendrá que hacer para ahorrar los 50.000 millones de euros que nos permitan volver a unas cuotas de déficit aceptables en la Unión Europea.
Las plegarias de Zapatero se las lleva el viento. Lo mismo que sus medidas para afrontar los estragos de la crisis económica. Como sugerían Gallego y Rey en su viñeta del jueves en “El Mundo”, Zapatero debería de haber aprovechado el Desayuno de Oración de Washington para pasar el cepillo.