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Hemeroteca :: Edición del 02/09/2011 | Salir de la hemeroteca
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Por Javier del Castillo
Última actualización 18/12/2009@03:06:22 GMT+1
LA emoción que embargaba al intérprete y compositor Jesús Villa-Rojo al recoger el título de “Hijo Predilecto de Guadalalara” de manos de la presidenta de la Diputación, María Antonia Pérez León, es la misma que sentimos muchos de sus paisanos y amigos en el abarrotado auditorio Buero Vallejo el pasado jueves, 10 de diciembre.
Es verdad que este reconocimiento no ha sido tan prematuro, ni tan “preventivo”, como el del Premio Nobel concedido a Barack Obama, sino un título otorgado por unanimidad, después de muchos años de trabajo y de muchas horas de dedicación a la interpretación e investigación de la música contemporánea. No ha sido necesario dar demasiadas explicaciones sobre los méritos que avalan este título de Jesús Villa-Rojo, sobre todo viniendo precedido de dos Premios Nacionales de Música (años 1973 y 1994) y de importantes galardones internacionales.

La deuda que esta provincia tenía con tan ilustre alcarreño era elocuente. Pero más vale tarde que nunca y sirva como disculpa del retraso el hecho de que somos como somos: la generosidad de esta tierra con los suyos es cicatera y suele hacerse esperar.
Lo importante es que Jesús Villa-Rojo –ese niño de Brihuega que “quería tocar el clarinete en la banda de mi pueblo”, siguiendo la tradición familiar–, ha pasado a ser “hijo predilecto de la provincia”, sin perder la categoría de “hijo muy querido”, que ya lo venía siendo desde hace mucho tiempo. En el libro que ha editado la Diputación Provincial, con la colaboración de la Fundación Siglo Futuro, aparece reproducido un artículo sin firma, publicado en 1978 en el entonces semanario “Nueva Alcarria”, que entona el mea culpa al que me refería anteriormente.

El comentario que viene a continuación puede aplicarse también a Buero Vallejo, a Ramón de Garciasol, a Ángel María de Lera, a Ramón Hernández y a tantos otros guadalajareños que han llevado el nombre de esta provincia, en su obra y en su corazón, por el mundo. “Por desarrollarse casi toda su admirable y fecunda labor musical fuera de nuestros límites provinciales –se disculpa el anónimo comentarista–, a veces no sabemos dar la importancia que merecen los triunfos, repetidos y merecidos, que en el campo internacional consigue el compositor Jesús Villa-Rojo, nacido en Brihuega”. Se me ocurre apostillar ahora lo siguiente: por fin, treinta años después, parece que lo hemos conseguido.

El niño que soñaba con tocar el clarinete en la banda de Brihuega, y que luego acabó tocándolo como auténtico maestro en los principales escenarios del mundo, además de componer más de un centenar de obras y de crear y dirigir magníficamente, desde el año 1975, el Laboratorio de Interpretación Musical (LIM), es hoy un abuelo cariñoso y entrañable, que sigue trabajando sin descanso y con la misma ilusión de siempre, mientras les enseña a tocar el clarinete a sus nietos, delante de alguna de sus originales partituras.

La obra de Jesús Villa-Rojo, uno de los músicos vivos más importantes del panorama nacional, ha sido reconocida internacionalmente. Pero eso no le ha cambiado. No le ha restado sencillez, ni humildad, a la hora de mostrarse ante la gente. Y, mucho menos, ante sus amigos.

No hace mucho tiempo tuve la oportunidad de charlar con Cristóbal Halffter, otro de los grandes compositores de nuestro país, además de maestro y amigo de Jesús, y me llamó la atención una cosa: se refugia en cuanto puede en su casa de Villafranca del Bierzo. Le molesta el ruido y la ordinariez, así que busca el silencio y la tranquilidad para seguir creando.

Jesús Villa-Rojo busca también en Brihuega esa tranquilidad y esos sonidos de la naturaleza que tanto han inspirado su obra. En Brihuega tiene una calle con su nombre y el recuerdo de entrañables homenajes. Sin embargo, lo que más aprecia es el calor de la gente, la cercanía de los suyos. “Aquí estoy bien; la gente me quiere”, me comentaba el pasado verano. Como siempre, sin darse la más mínima importancia.

Algo parecido dijo cuando le entregaron el segundo Premio Nacional de Música: “gracias, pero nos limitamos a trabajar como cada cual”. Lo recordó muy oportunamente María Antonia Pérez León en el acto del Buero Vallejo.

Querido Jesús, me alegro por este reconocimiento y te mando desde este refugio de papel recuerdos para Pilar que siguió sin hacerse notar, pero con la simpatía que irradia siempre, este acertado nombramiento.
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