Última actualización 13/11/2009@13:13:41 GMT+1
TERMINABA la semana pasada con el presidente regional, José María Barreda, poniendo la primera piedra de la ampliación del Hospital de Guadalajara y mediada ésta, el consejero de Sanidad, Fernando Lamata, le pone prácticamente fecha –antes de cinco años– a la inauguración del nuevo edifico que albergará el centro de salud Gu-Sur. De paso nos quitamos un muerto –el auditorio– de encima. En materia sanitaria, el Gobierno regional sí que puede sacar pecho con todo merecimiento.
Si bien es cierto que es mucho el tiempo que se lleva hablando de la ampliación del Hospital y que se ha tardado lo suyo en poner la primera piedra, no es menos cierto que no nos las prometíamos tan felices cuando se produjeron las transferencias sanitarias. Ni los usuarios, que pensábamos que íbamos a tener que empezar a peregrinar por los hospitales de Albacete y Toledo, en lugar de por los de Madrid. Ni tampoco la oposición, que hizo de los hospitales de referencia su caballo de batalla para atizar y desgastar al Gobierno. Hasta entonces éstos habían sido los de la capital vecina y se suponía que desde ese momento iban a pasar a ser los de la región. A día de hoy muchas de esas pruebas que antes se hacían en los grandes hospitales de Madrid y que obligaban a esos peregrinajes y a entrar a formar parte de listas de espera, más o menos largas, en función de la gravedad de la dolencia, hoy se hacen en Guadalajara. Estamos pensando por ejemplo en los cateterismos que se hacían a los infartados, a los dos meses de haber sufrido el problema y que ahora se les hace aquí, apenas entran por la puerta de Urgencias. La gran ventaja de ello es que mejoran los tratamientos y se acortan sensiblemente los tiempos de recuperación.
Pero es más, desde que se produjeron las transferencias los cambios han sido notables, con importantísimas inversiones en equipamiento, con la creación de nuevos servicios, con un significativo incremento de la plantilla, en todas las categorías profesionales, y con la incorporación de médicos que son un referente en el panorama sanitario español.
Puede ser que el gran desarrollo que el Corredor ha tenido en los últimos años, unido a que los políticos empiezan a vender la moto desde que empiezan a imaginarla, haya acrecentado la sensación de que tenía que haber estado terminado hace tiempo ya, que puede cuadrar más o menos con la realidad, pero que no puede menoscabar la calidad del servicio que de manera generalizada y salvo excepciones se está ofreciendo en dicha instalación en los últimos años. Y lo cierto es que, con retraso o sin él, todo apunta a que cuando esté terminada la ampliación va a quedar un hospital “de lujo”.
Claro que como nunca la felicidad es completa, el lunar en materia sanitaria lo tiene el Gobierno que preside Barreda en el Hospital que siempre se llamó Provincial. Ese que Alique presentó durante su mandato en la Diputación como el mayor complejo sociosanitario de Europa y ahora da la sensación de que no saben qué hacer con él.