Última actualización 06/11/2009@06:22:18 GMT+1
“Es una forma de matar el gusanillo”, comenta Jorge Martínez, un trabajador del Patronato Deportivo Municipal que forma desde hace más de un año, junto con Raúl Camarasa, bombero; Ernesto Varela, trabajador de una Mancomunidad de Aguas; y Julián Huetos, profesor de tenis; el equipo Ke Kaña Racing Team/Ayuve, uno de los dos conjuntos de Guadalajara –el otro es el Equipo del Amor/Espacio Inversor/Obra Civil Fonseca– que participa en las carreras de resistencia en Vespa que se están sucediendo en Cataluña y la Comunidad Valenciana.
“Nos enteramos que en Lérida, en abril del 2008, estaban preparando una carrera piloto, porque esto viene que de hace quince años o así había este tipo de competiciones”, recuerda Martínez. Y continúa: “Un Vespa Club de Barcelona quería hacer una carrera de 6 horas rememorando lo que se hacía anteriormente. Empezamos a hablar del tema y Raúl [Camarasa] tenía una Vespa por ahí vieja, nos pusimos manos a la obra, la pusimos un poco al día y ahí empezamos”. Así comenzaba el idilio del Ke Kaña/Ayuve con unas carreras que, básicamente, se explican de la siguiente manera: alrededor de 40 equipos de entre dos y cuatro pilotos –que tienen que ser relevados como máximo cada hora– compiten durante seis horas seguidas –normalmente un sábado de 12 a 18 horas– en un circuito de karts medio –se tarda alrededor de un minuto en completar una vuelta– con una salida –conformada en unos entrenamientos previos– del tipo las 24 horas de Le Mans –con todas las motos a un lado de la pista con un acompañante sujetando la moto en marcha y los pilotos corriendo desde el otro lado a coger la moto y salir–. Además, y pese a que todas las motos compiten juntas, las categorías se dividen en cuatro: motos de serie de 125cc, motos de serie de 200cc, prototipos –con preparaciones y piezas que no son de serie– de 125cc, y prototipos de 200cc. Gana el que más vueltas al circuito da en ese tiempo, que no para aunque haya caídas o haya que repostar, lo que ayuda a tener que idear estrategias. “Nosotros corremos siempre una hora y sólo hacemos cinco relevos. Hay equipos que prefieren hacer relevos más cortos por ir más frescos en la moto, pero en cada relevo pierdes media vuelta prácticamente”, explica Camarasa. “A veces se gana mucho tiempo en no parar a repostar, o en un cambio; porque un minuto ya es una vuelta al circuito”, le apoya Martínez.
“Nosotros corremos en 200 con Vespas de serie”, continúa relatando Camarasa. “Competimos con una Vespa prácticamente como viene de calle”, añade. “Los amortiguadores no los puedes cambiar, ni el escape”, apunta Martínez. “La categoría es por el motor. Las motos tienen que ir sin el intermitente, va con lo mínimo y necesario, ya que podría caerse en el circuito y fastidiar a la gente”, completa Varela. “No se puede cambiar nada. Las piezas tienen que ser de serie. Te dejan hacer ligeras modificaciones, como, por ejemplo, cortes de chasis”, sentencia al respecto Camarasa.
Difícil conducción
Pese a empezar con la citada moto de Camarasa, el Ke Kaña Racing Team/Ayuve compite ahora con una Vespa P200, pintada por el propio Camarasa y Varela: “Ahora mismo llevamos una Vespa P200. Empezamos a correr con la otra Vespa y antes de que se estropeara del todo decidimos empezar a correr con esta Vespa, que es de la chatarra”, analiza Camarasa. Porque, además de pilotos, todos tienen que doblegar esfuerzos por el bien del equipo. “En la moto todos somos mecánicos, todos somos chapistas y de todo”, explica Varela. Sus compañeros apoyan su tesis: “Te surgen problemas que pueden ser de donde menos te lo esperas. Hay que echarle muchas horas”, reconoce Martínez sobre la peculariedad de las Vespas. “Esta moto está hecha de tres o de cuatro”, reitera Camarasa. “De un trozo de una, de un trozo de otra. Lo raro es que funcione como funciona”, ironiza Varela.
Pero no sólo la mecánica es un hándicap para el Ke Kaña Racing Team/Ayuve, que tampoco encuentra facilidades a la hora de entrenar. “Los circuitos de aquí cerca no están preparados para moto, no tienen escapatoria y una salida de pista es complicado”, se lamenta Martínez. Y añade: “No entrenamos”. “Por eso se aprovecha el viernes para entrenar, el entrenamiento lo haces en carrera. Aquí en Guadalajara es imposible”, le completa Varela.
Un aspecto que no ayuda de por sí a la complicada conducción de una moto como las Vespas. “Es más difícil que cualquier moto, porque los frenos son peores, las suspensiones son peores, las marchas no van tan precisas como en otras motos y se desajustan”, reconoce Camarasa. “Es la moto más difícil de conducir”, reitera Huetos, habitual conductor de motos de gran velocidad que analiza la conducción en Vespas que, si bien pueden alcanzar los 120 kilómetros por hora en las rectas más largas del circuito, no pasan de medias de 60 ó 70 kilómetros por hora en cada vuelta: “Vas pensando qué puede pasar en esta curva, sobre todo por el lado derecho”, explica Huetos. “Tiene un problema que es que, por el lado derecho como está el motor, si tumbas demasiado, te toca el motor en el suelo y se te levanta la rueda de atrás y te tira la moto. Por ese lado tienes un límite. Hay que procurar no tocar porque es tentar a la suerte. Lo que nos sorprendió es lo mucho que puede tumbar una Vespa a la izquierda”, continúa Camarasa. “Es que no son motos para competir, ni para ir deprisa”, recuerda David Sánchez, el principal patrocinador del equipo. “Por eso están teniendo aceptación estas carreras, porque parecen carreras de autos locos: cada uno prepara la moto como puede y va para allá. Una moto que, en teoría, son las que peor se llevan”, profundiza Varela. “Una moto de calle con un diseño de hace 60 años”, concluye Martínez.
Autofinanciación
Así las cosas, nada parece poder detener la afición de los pilotos del Ke Kaña por este tipo de carreras de resistencia. Ni tan siquiera tener que poner tiempo y dinero de sus bolsillos para poder sufragarlo. No en vano, sus tres apoyos –Disco Bar Ke Kaña, Ayuve Soluciones Corporativas (ha hecho su web, kekanaracingteam.ayuve.net) y RRueding– no son sufientes para completar los gastos: “Nos ayudan en lo que buenamente pueden”, reconoce Martínez. Pero, aun así, cada carrera puede llegar a salirles a los pilotos por la suma de 800 euros a repartir entre todos. “Hay carreras que llegan a costar 400 euros de inscripción”, explica Varela. “Tenemos mucho sitio en la moto para poner pegatinas”, bromea un Camarasa que ya piensa en uno de los próximos retos del Ke Kaña Racing Team/Ayuve: un maratón de 24 horas en Portugal. “Estamos faltos de presupuestos, así que si alguien se anima...”, reitera.
Porque si en algo coinciden todos los pilotos del club alcarreño es en que merecen la pena las carreras de resistencia en Vespa, pese a los problemas que se encuentren: “Mientras siga el ambiente que hay hasta ahora, yo creo que las carreras irán hacía arriba y nosotros también”, se sincera Varela. Y es que precisamente el buen ambiente es lo que caracteriza a este tipo de competiciones: “Es una competición, pero es una competición en la que todos juntos nos vamos a cenar, a veces compartimos hotel… Somos como una gran familia de gente que le gusta la Vespa, más que de gente que le gusta competir”, continúa Martínez. “El resumen es que se quiere que se prime el buen ambiente”, completa. “Aparte que este tipo de cosas, según se van organizando más, es cuando se desvirtúa todo”, concluye Sánchez al respecto de un posible campeonato federado de este tipo de pruebas.
Y, así, quedan atrás también los éxitos deportivos, como el tercer puesto de su categoría conseguido en septiembre en Menarguens (Lleida) o el premio a la perseverancia cosechado el 24 de octubre en la prueba de Villena (Alicante). “En la última carrera [la de Villena] se nos rompió la moto cuando la parrilla estaba prácticamente formada y un amiguete del Equipo del Amor nos dejó su moto, con la que va a trabajar. Le tuvimos que quitar los plásticos y demás, y corrimos con la matrícula, la maleta llena de cosas y con todo”, rememora Camarasa para hacer referencia al buen ambiente que reina en este tipo de competiciones y, sobre todo, entre los dos conjuntos de Guadalajara. “Somos todos amigos, nos ayudamos y lo que haga falta”, reitera Martínez. “Si haces un adelantamiento, le pides perdón al tío”, añade ya en líneas más generales Varela. Y concluye: “La gente que lo organiza son los propios pilotos y es en plan amateur, lo bonito es que los trofeos son lo de menos”.
El placer de participar
Con afirmaciones como ésas se entiende mejor la filosofía competitiva del Ke Kaña Racing Team/Ayuve, una filosofía en la que se disfruta del placer de participar. “Una caída echa por tierra todo el trabajo y puede acabar con la carrera. Nosotros preferimos correr hasta el final, aunque quedemos los décimos; que ir los terceros y caernos”, asegura Camarasa. Y añade: “Preferimos arriesgar menos y reducir las posibilidades de caernos”. “Es la estrategia que funciona”, afirma Martínez. “Durante seis horas hay muchas cosas que te pueden ocurrir, una avería, una caída”, recuerda Varela.
“Merece la pena: es una manera segura de sentir la sensación de velocidad y de riesgo”, reitera Camarasa sobre estas carreras. “Y el buen ambiente que hay en las carreras”, le recuerda Varela. “Es importantísimo; si no, no iríamos”, le contestan el propio Camarasa y Martínez.