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Hemeroteca :: Edición del 02/09/2011 | Salir de la hemeroteca
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Por Javier del Castillo
Última actualización 09/10/2009@01:52:39 GMT+1
NO estoy muy de acuerdo con que las apariencias engañan. Al menos no es aplicable al “caso Gürtel”. Los cabecillas de la trama de corrupción en la que están también implicados algunos dirigentes y ex dirigentes del Partido Popular es la mejor demostración de que a ciertos chorizos se les identifica hasta por los andares. No hay más que verlos.
El aspecto chulesco de Francisco Correa –“llámame Don Vito, por favor”– o la vestimenta de Alvaro Pérez “El Bigotes”, exhibiendo un gigantesco habano a la entrada al Monasterio del Escorial, donde asistieron como invitados a la boda de la hija de Aznar, les retrata. Con ese aire pretencioso y autosuficiente –adquirido y cultivado en el chantaje, el soborno y la extorsión–, cualquier persona sensata se cuidaría mucho a la hora de hacer negocios con ellos, y mucho menos de presumir de su amistad. Incluso de aceptarles ciertos detalles o favores, como coches, trajes y relojes.

Sin embargo, nadie se había fijado en sus andares. En el Partido Popular encontraron amigos y dinero negro a espuertas para repartir. Tras la marcha de José María Aznar, el nuevo equipo no se fiaba de Correa y sus secuaces, pero se reaccionó tarde y sin la contundencia suficiente. Cosa, por cierto, bastante habitual en el principal partido de la oposición.
Había indicios de corrupción en el entorno, pero expulsarlos de la sede de Génova, que había sido también su casa, era complicado. No olvidemos que esta tropa de sinvergüenzas tampoco eran unos pringaos, sino personas de “confianza”. Empresarios, a su manera, que entraban y salían de los despachos con la vitola de ser “amigos de Jose Mari”. La ruptura de la relación laboral con el aparato del Partido Popular se hacía inevitable, pero era difícil ejecutarla, con la cantidad de favores que les debían a Correa y sus mariachis destacados dirigentes y alcaldes populares de la Comunidad de Madrid.

El sumario del “caso Gürtel” es vomitivo, patético y repugnante, como lo son los personajes que aparecen en la trama. Y no sólo me estoy refiriendo a los chantajistas y extorsionadores. Me refiero también a los políticos que se han enriquecido con ellos. Me refiero, por supuesto, a los presuntos delincuentes elegidos por los ciudadanos en las urnas. Es decir, a los Bárcenas, Sepúlveda, López Viejo, Ricardo Costa, Martín Vasco, Alfonso Bosch, González Panero o José Galeote. Me refiero, efectivamente, a esta panda de “corruptos” que supuestamente se embolsaron más de cinco millones de euros, dinero que generosamente les “pasaban” las empresas pertenecientes al entramado de Francisco Correa.

Antes de seguir adelante, quiero dejar claro que en ningún momento se ha demostrado que ese dinero que repartían “Don Vito” y sus más estrechos colaboradores haya servido para la financiación del Partido Popular. Pero sí que ha servido para corromper a casi una veintena de políticos sin escrúpulos y para manchar la imagen de honestidad y transparencia que necesita un partido político –en este caso el PP– para gobernar.

El papelón que tiene Mariano Rajoy ahora es de padre y muy señor mío. Para empezar, el tiempo corre en su contra. Y encima le crecen “los bigotes”… La mierda que contienen las conversaciones que aparecen en el sumario del “caso Gürtel” apesta. Además, hay preguntas que no pueden esperar. Por ejemplo, ¿cómo puede decir Rajoy que ya se han tomado medidas, si hasta Ricardo Costa, con su Infiniti FX50 de más de 60.000 euros y un reloj Franck Muller, de 25.000 euros, culpa de todo a Rubalcaba y Zapatero? ¿Cómo se van a pedir responsabilidades, si “Ricardito”, secretario general del PP en Valencia, todavía no ha explicado de dónde sacó el dinero para satisfacer sus caprichos millonarios?

La corrupción ya no es un problema de cuatro chorizos. Es el gran problema de la clase política española. La pérdida de confianza en el Gobierno, junto con la pérdida de credibilidad de algunos dirigentes de la oposición, debería de hacernos reflexionar a todos. Sobre todo a ellos.

Si una tropa como la que ha dirigido Francisco Correa es capaz de sobornar a casi una veintena de dirigentes populares, ya me dirás que puede ocurrir cuando en lugar de “Don Vito” aparezca un mafioso menos sospechoso y con un equipo de mayor nivel.

Es verdad que “El Bigotes”, como domador o jefe de pista, no tiene precio, pero le falta cierto empaque para gestionar un circo que huele tan mal.
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