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Hemeroteca :: Edición del 02/09/2011 | Salir de la hemeroteca
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Por Javier del Castillo
Última actualización 17/09/2009@22:04:59 GMT+1
Después de un largo paréntesis, la basura vuelve a ser caldo de cultivo para la recuperación de las audiencias en televisión. El espectáculo ha llegado de la mano de Telecinco, con el único objetivo de incrementar la cuota de pantalla perdida en los últimos meses. Está claro que la televisión basura y el debate barriobajero son una apuesta cutre pero segura.
El título de “Sálvame” no podía ser más adecuado para explicar el cometido que le han encargado a Jorge Javier Vázquez y a sus esperpénticos colaboradores. Belén Esteban, Karmele, Kiko, Mila Santana, Jimy Giménez Arnau, Pipi Estrada y tantos otros personajes de este circo televisivo pueden salvar las cuentas de una televisión, pero son una auténtica vergüenza para un medio de comunicación serio.

El cotilleo y la crónica social siempre han tenido su público –como lo demuestran las grandes tiradas de las revistas del corazón–, pero se ve que esto ya no es suficiente. Ahora se necesita más morbo, una buena dosis de mal gusto. Hay que aumentar la dosis de provocación y de escándalo para que los espectadores caigan en este cubo de basura, donde no cabe el rigor y mucho menos la información contrastada o de servicio público.
En esta especie de basurero audiovisual, personajes como la Esteban acaban convirtiéndose en auténticos ídolos de la afición. “Yo veo estos programas, pero no me detengo a juzgar si lo que dice el uno o el otro es cierto”, comentaba el otro día un oyente de radio. Al hombre tampoco había reparado en si la tal Esteban estaba explotando a su hija Andreita, ni si la bazofia que estaba consumiendo debería ser prohibida por un juez. Por no importarle, no le importaba ni la madre que la parió.

Sin embargo, esta persona se confesaba adicto a este tipo de programas en los que se vulneran las más elementales normas de educación y los derechos de algunos ciudadanos. En medio de este bochornoso espectáculo, los auténticos culpables se esconden en la cuenta de resultados. Hay demasiada hipocresía y también un comportamiento cobarde por parte de algunos conocidos profesionales.

En lugar de reclamar un poco de sensatez, en lugar de criticar esta basura, disfrazada en ocasiones de periodismo de investigación –investigación de cintura para abajo, por supuesto–, algunos periodistas serios que comparten la misma cadena que los “intrusos” esconden la cabeza debajo del ala y deciden que es mejor no meterse con esa tribu.

El miedo guarda la viña. Así que mejor estar calladito, para que no te calumnien a ti esa panda de impresentables. Es probable que no todos sean tan impresentables, pero me molesta que haya gente seria que esté dispuesta por dinero a compartir su prestigio y credibilidad con “intelectuales” de la talla de Belén Esteban, Mila Santana, Kiko o los hermanos Matamoros.

Tengo un amigo, ex director de una revista del corazón, que se niega a participar en esos cutres y bochornosos espectáculos que ha vuelto a poner de moda Telecinco. El hombre, ya mayor, prefiere quedarse en casa, antes que sentarse junto a esta chusma. No quiere sonrojarse delante de auténticos analfabetos de la profesión, ni sentarse junto a presuntos mafiosos y extorsionadores. Conoce a los personajes del corazón mejor que nadie, pero por ética y por respeto a su profesión de cronista social, ha decidido callarse.

“Me ofrecen una buena pasta, pero siempre les digo que estoy ya retirado”. No es para menos, querido Javier. Y una retirada a tiempo –para no contagiarte de la mierda– siempre será una victoria. Ellos seguirán inspeccionando las braguetas de Jesulín o del Conde Lecquio, mientras tú podrás presumir delante de tus nietos de tus reportajes y hasta podrás contarles algunas de las confidencias que te contaron algunos famosos que ahora son despedazados en los estudios de televisión por defender su intimidad.

Es cierto que otros se lo buscan y que venden exclusivas cuando les interesa, pero ni siquiera eso es una justificación valida para que su honor y su intimidad sean pisoteados por auténticos analfabetos e indocumentados, que ni siquiera se molestan en arropar con información y con argumentos los ataques a personas que no pueden defenderse, ni son “delincuentes” como ellos.

Y, si se defienden, alimentarán todavía más la ira de estas fieras. Con lo fácil que sería mandarlos a todos a la mierda.
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