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Hemeroteca :: Edición del 02/09/2011 | Salir de la hemeroteca
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Por Javier del Castillo
Última actualización 04/09/2009@13:42:39 GMT+1
Los campos de girasoles y los rastrojos acompañan al pregonero desde la carretera de Sigüenza hasta las primeras curvas que bajan a la alameda. Brihuega, a esta hora de la tarde, comienza a desperezarse. En las terrazas del parque de María Cristina, algunos vecinos cambian impresiones, mientras otros caminan ya en dirección a Santa María de la Peña, para no perderse la novena.
La villa alcarreña, corazón de esta Alcarria de contrastes y de gentes nobles y hospitalarias, está a punto de celebrar sus fiestas en honor de esa virgen que, según cuenta la leyenda, se le apareció a la joven princesa Elina en el interior de una cueva. Brihuega empieza en este frondoso parque de María Cristina, para desembocar en los balcones naturales que cuelgan sobre los huertos y las choperas del valle del Tajuña.

Junto al pórtico de la Iglesia de Santa María de la Peña, al lado del recuperado castillo de Peña Bermeja y de espaldas a la casa solariega en la que vive el viejo reportero Manu Leguineche, el pregonero se pregunta si será capaz de estar a la altura de esta villa con tanta historia, y con tanta tradición musical y taurina. Incluso no le parece mala idea encomendarse a la Virgen de la Peña, antes de asomarse al balcón del Ayuntamiento.

La presencia de Abelardo Mazo, portando una insignia de la Virgen, que acaba de recibir por sus más de cinco años como vocal de la Cofradía, le da una mayor solemnidad a este improvisado paseo por uno de los rincones más bellos de Brihuega. Tranquiliza bastante la compañía de Ramón Alcalde, una enciclopedia viva de Brihuega, y la amistad de José Ángel Parra, alcalde de Peñalver, otro pueblo muy querido por este pregonero. También se agradece el apoyo moral de otro buen amigo, y pregonero de Brihuega en las fiestas del año pasado, Javier Sanz, con el que comparto muchas cosas, incluida esta página de periódico.

Desde Sigüenza, como no podía ser de otra manera, se han acercado también los compañeros seguntinos del periódico “El Afilador”, Emilio Rodríguez “El Ruso”, Pablo Franco y Max, el “amigo americano” de este último, que viene decidido a cruzar el Estrecho de Gibraltar a nado. Ver a los tres en tan perfecta armonía me parece la demostración más palpable de que la “guerra fría” ha terminado.

La alcaldesa de Brihuega, Adela de la Torre, llega de rojo y oro con Alfredo a la Plaza del Coso, y se dirige a las escalinatas del Ayuntamiento, para presidir la tercera inauguración de fiestas de su mandato. Allí le esperan miembros de la corporación municipal; entre otros los concejales de Hacienda y Festejos, Antonio Domenech y José Romera. También está Julián del Olmo, cura y periodista de Yela, además de director del programa “Pueblo de Dios”, con el que el pregonero departía sobre viajes y pobreza en el Tercer Mundo durante su estancia en Prado del Rey.

Mientras suenan los pasacalles de la Banda Municipal, que dirige Raquel Sánchez-Pardo, me alegra poder saludar entre el gentío al músico y compositor Jesús Villa Rojo, con su mujer Pilar, y a Juan Garrido Cecilia, presidente de la Fundación Siglo Futuro. Los dos tienen raíces en esta tierra, y los dos han demostrado en numerosas ocasiones su disposición a colaborar con cualquier iniciativa cultural que sirva para enriquecerla.

Las fiestas de Brihuega –con sus encierros, sus procesiones, su Banda de Música y sus peñas– van a quedar grabadas para siempre en mi memoria. “La música en Brihuega, como el sonido del Tajuña o el salpicar alegre del agua de las fuentes, no se puede explicar. Se siente. Y, por supuesto se disfruta”. Esta reflexión, que había escrito en el pregón del pasado martes, se ha visto confirmada por la realidad más inmediata.

Mientras disfrutábamos de una agradable sobremesa en el restaurante “La Posada de Jorge”, recordaba una conversación previa con la alcaldesa Adela y su teniente alcalde, Abelardo, en la que me contaban la coincidencia en esa banda de música de tres generaciones actuando al mismo tiempo.

El pregonero, al subir las curvas que le alejan camino de Sigüenza, trata de recrear esa música que recorre las calles de Brihuega. Y se felicita de haberse encontrado con tan buenos amigos, a la vez que le pide a la Virgen de la Peña que los proteja en los encierros.
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