Última actualización 21/08/2009@02:43:15 GMT+1
LA vuelta de las vacaciones tiene estas cosas. El primer susto me lo dio el vecino, llamando a la puerta pasada la media noche para confirmar que había vuelto y que la familia estaba bien. El hombre, aquejado de soledad, me pone al corriente de la situación en la urbanización y procuro dormir sin sobresaltos hasta las ocho de la mañana del día siguiente. Eso sí, añorando el frescor de las noches de Sigüenza y las cenas de lomos y tortillas en la Peña “La Rampa”.
El sobresalto mayor se produce precisamente a las nueve de la mañana, en la salida por Ventisquero de la Condesa hacia la M-40, camino de San Sebastián de los Reyes. Junto a la glorieta que comunica los barrios de Monte Carmelo y Mirasierra, veo a cuatro encapuchados dirigirse con barras de hierro hacia la cabina de un camión interceptado en el carril contrario. Incluso puedo observar los rostros atemorizados del conductor y del compañero que va en el asiento de al lado.
Me imaginó que se trata de un asalto o de un ajuste de cuentas, porque no hay focos que indiquen que se trata del rodaje de una película de terror. Antes de que los asaltantes saquen a golpes de la cabina a los dos ocupantes del camión, pongo las luces de avería, detengo el coche cincuenta metros más adelante y llamo a la policía. El corazón me late con intensidad y me digo: “pues si que empezamos bien la nueva temporada”.
El agente que coge la llamada pide explicaciones sobre la ubicación en la que me encuentro. Le insisto en que se den prisa, mientras observo por el retrovisor que los encapuchados meten a empujones en un BMW a los dos asustados transportistas y huyen siguiendo al camión que ahora pilota uno de los asaltantes.
Les aseguro que no les estoy
contando una película,
sino la realidad vivida a las nueve
de la mañana del miércoles 19 de agosto camino del trabajo.
Nada más llegar a la radio, busco infructuosamente la noticia en los teletipos. Los compañeros de informativos me dicen que se trata del robo de un camión cargado de cajetillas de tabaco. Luego, a primeras horas de la tarde, la Jefatura Superior de Policía explica en una nota de prensa que el camión robado había volcado con la mercancía, que los dos conductores secuestrados habían sido lanzados del BMW en marcha y que se recuperaban de heridas de gravedad en la clínica de La Paz.
También explicaba el comunicado que los autores del asalto habían huido en varios coches, sin que todavía se tuviera noticias de su paradero. Junto a la carretera, había quedado desparramada la mercancía: decenas de cajas de tabaco que iban a ser distribuidas por bares y estancos del Barrio del Pilar, y cuyo valor se estima en 300.000 euros. Esta sería la crónica resumida de un suceso, del que he sido testigo, nada más volver a la capital.
Por un momento, pienso en la tranquilidad del pinar de Sigüenza y me recreo en los olores del tomillo y del espliego después de las tormentas de la tarde anterior. Pero también pienso en esos dos trabajadores agredidos, que salieron de casa al almacén sin sospechar que una banda de delincuentes se cruzaría en su camino. La vida de estos dos trabajadores no corre peligro, pero uno de ellos puede perder la visión de un ojo. El otro sufre heridas de consideración. Y, por supuesto, no olvidarán nunca la pesadilla vivida esa mañana de finales de agosto, en la que estuvieron a punto de morir junto a la M-40.
El susto ya no se lo va a quitar nadie de cuerpo, pero lo que sí habría que plantearse seriamente es la manera de hacer frente a estas bandas de delincuentes que vienen asaltando –muchas veces con impunidad– a indefensos transportistas. Conducir un camión se está convirtiendo en una profesión de alto riesgo, y no precisamente por los accidentes de tráficos, ni por los controles de velocidad.
Hablando de asaltos, me quedo con el realizado por un atracador inexperto en una entidad bancaria del Puente de Vallecas. El hombre se puso nervioso y sólo se llevó diez euros en calderilla. Me imagino la bronca que le echaría la parienta al llegar a casa.
Hombre, ya que te pones, al menos pídeles a los empleados
de la sucursal que te den una ayuda para llegar a final de mes.