Última actualización 07/08/2009@04:35:46 GMT+1
HACE unos días, en clara coincidencia con la práctica totalidad de medios de comunicación, poníamos de manifiesto las grandes distancias que separaban al Gobierno de Zapatero, a la CEOE de Gerardo Díaz Ferrán, a los sindicatos y a la oposición para alcanzar ese gran pacto social que la situación económica está demandando. Por ello llama más la atención el pacto –Pacto por Castilla-La Mancha– que el martes se firmaba en Toledo entre el Gobierno regional, la Confederación de Empresarios de Castilla-La Mancha (CECAM), la Federación de Municipios y Provincias de Castilla-La Mancha, y los secretarios regionales de CCOO y UGT.
Un pacto que se ha fraguado en tan solo tres meses y cuya importancia se ha destacado desde diversos medios de comunicación nacional y diversas instituciones de igual ámbito, que ven en él el ejemplo que se debiera seguir en otras comunidades autónomas y, por qué no, también a nivel de Estado, cosa ésta que parece no ya poco probable sino más bien imposible.
No es éste un pacto que pueda suplir la falta de ese otro gran pacto a nivel estatal, más bien serían complementarios. Y su importancia viene no sólo por las 85 medidas que propone o los 2.000 millones de euros que se van a destinar para conseguir los objetivos, también porque pone de manifiesto esa voluntad de entendimiento de las partes que lo suscriben. Esa voluntad de enfrentarse juntos a los problemas y porque como dice el presidente Barreda “es el camino, la metodología para trabajar juntos” y alcanzar ese objetivo común que es salir, cuanto antes de la crisis.
Los datos del paro del mes de julio han vuelto a deparar una nueva bajada, con 455 desempleados menos en Guadalajara y 2.655 en la región, probablemente como consecuencia, al igual que en los dos meses anteriores, de la reactivación del sector servicios, por el verano, y por la incidencia del FEIL en la construcción, dos circunstancias cuyos efectos se preve no lleguen mucho más allá de septiembre. Pero es que con independencia de esas tres bajadas consecutivas del paro, la cifra de personas desempleadas sigue siendo escalofriante.
Si tenemos en cuenta que también se acaba de hacer público que el número de familias declaradas en quiebra se ha triplicado en el último semestre, no es de extrañar que el Pacto por Castilla-La Mancha sea acogido como un importante instrumento que confiere ciertas esperanzas a todas esas personas que engrosan esas terribles estadísticas y genere o restaure, a su vez, ese ambiente de confianza que tanto se ha dejado sentir en la crisis.
Seguro que habrán tenido sus razones y puede que hayan sido poderosas, pero se deja sentir sensiblemente la falta la adhesión al pacto tanto del PP como de IU. Desde luego que la situación bien merecía el esfuerzo. Aunque si uno no quiere...