Última actualización 31/07/2009@03:47:27 GMT+1
LUIS Bárcenas ha dimitido como tesorero del Partido Popular. Un alivio y un descanso para muchos, y muy especialmente para Rajoy. Si lo hubiera hecho hace unos meses, el PP no hubiera sido protagonista de muchas portadas de periódico y Rajoy tampoco se hubiera tenido que tragar tantos sapos como se ha tragado por aguantarlo en el puesto.
Con la dimisión de Bárcenas se abre, por tanto, un paréntesis para la oposición, después de tanta zozobra, apenas contrarrestada por la última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), según la cual el PP ganaría en estos momentos al PSOE. Es la mejor noticia para los populares antes de las vacaciones, pero el culebrón “Gürtel” continuará en septiembre. Y así es mucho más difícil criticar a Zapatero y al Partido Socialista.
Como recordaba la semana pasada, en los meses de verano los “cansinos” discursos de los políticos nos dan un respiro, pero no se puede bajar nunca la guardia. Con medio país en llamas y otro medio quemado por una crisis que no encuentra medidas eficaces que la frenen, los terroristas etarras se han acercado a Burgos y a Palmanova para demostrar que las casas cuartel y los centros de trabajo de la Guardia Civil siguen siendo sus macabros objetivos.
Esta vez en Burgos no ha pasado nada, salvo los cuantiosos daños materiales, pero se ha puesto en evidencia que hay que extremar las medidas de seguridad y establecer un círculo mucho más amplio de aislamiento a los edificios que albergan a la Guardia Civil. En Palmanova ha habido menos suerte que en Burgos y han fallecido dos agentes. Cincuenta años después, ETA sigue a lo suyo, que es matar. Y nuestros gobernantes también a lo suyo: insistir en que los asesinos nunca conseguirán sus objetivos, que el final del terrorismo etarra se acerca o que su debilidad es cada día más evidente.
Pero no era mi intención, en estos días de descanso, volver a los asuntos recurrentes: el terrorismo, la corrupción y la crisis económica. Tiempo habrá de hacerlo durante el otoño caliente que nos espera. Lo meditaba esta mañana, mientras paseaba por los senderos del pinar de Sigüenza y una paloma torcaz sobrevolaba las Praderas de Valdelagua. No era la paloma de la paz. Unas horas después, ETA asesinaba a dos inocentes servidores del orden.
Necesitamos acabar con esta locura, pero parece imposible. El terrorismo sigue amargándonos la existencia. No es fácil desconectar. Se hace difícil interpretar la realidad con cierta dosis de ironía. Después de ver a Moratinos explicarles a los monos del Peñón de Gibraltar que están invadiendo “territorio español”; después de ver al ministro recriminar al “gorila” Hugo Chávez la expropiación de sus propiedades a los emigrantes españoles en Venezuela, me quedo más tranquilo. Moratinos es nuestro héroe.
También tranquiliza una barbaridad –especialmente a los parados– la noticia de que el Banco de Santander ha ganado en el primer semestre del año casi cinco mil millones de euros en medio de la crisis, y que José Luis Rodríguez Zapatero descansará plácidamente unos días en Canarias. O mejor dicho, cándidamente, sin las pesadillas que le provoca el discurso ultra de Gerardo Díaz Ferrán, presidente de la CEOE.
Roto el “pacto social”, lo más probable es que Zapatero aproveche estos días en Lanzarote para pensar en nuevas ocurrencias. Y para buscar nuevos culpables que desvíen la atención de la nefasta gestión de su Gobierno a la hora de hacer frente a la crisis económica y a la imparable caída del empleo.
Mientras los ciudadanos pagan las vacaciones a plazos, Rajoy busca hamaca en alguno de los acogedores balnearios que pueblan nuestra geografía peninsular. Supongo que Luis Bárcenas hará lo propio, pero dentro del anonimato que acompaña a cualquier dimisión. Y el presidente de la Generalitat, Francisco Camps, cambiará los trajes por bermudas, huyendo de “mostachos” o perchero sin identificar.
En esta España de chanclas y bermudas, en la que se cuecen escándalos y cohechos, o corre la sangre de inocentes, lo mejor es salir con la fresca hacia el pinar. Pero hay que dosificarse en el esfuerzo físico, pues te arriesgas a una lipotimia como la que ha sufrido Nicolas Sarkozy.
Claro que Sarkozy es un presidente hiperactivo, al que le gustan las emociones fuertes, arrimarse, afrontar los problemas y coger al toro por los cuernos. Otros, y no quiero mirar a nadie, prefieren esconderse en el burladero de la mediocridad.