Última actualización 17/07/2009@02:10:31 GMT+1
A día de hoy, sólo tres cosas quedan claras del nuevo modelo de financiación autonómica que acaba de aprobarse: uno, el dinero que se va a llevar Cataluña, junto con Andalucía la mayor parte de la “tarta”; dos, que se abren las diferencias entre PSOE y PP con una profunda fractura entre las comunidades autónomas gobernadas por uno y otro partido, tanto por la valoración que hacen del modelo.
Como por la forma en que van a salir paradas unas y otras; y tres, que no parece que quede garantizado el principio de solidaridad entre las comunidades, uno de los principios en los que se debería basar este nuevo modelo. Lo demás son, por el momento, suposiciones. Incluso los quinientos millones que dice el presidente Barreda que van a llegar a Castilla-La Mancha, que sigue confiando en lo que le dicen en Moncloa y Ferraz. Agua –poner fecha de caducidad a los trasvases– y financiación eran dos aspectos que Barreda señaló como fundamentales con ocasión de la entrada en el Congreso de los Diputados del Estatuto de Autonomía de Castilla-La Mancha. Después de haber lanzado un órdago –no le dolerían prendas en retirarlo si veía mermadas sus pretensiones–, se supone que porque llevaba en la mano las cartas necesarias –en forma de compromiso del Gobierno de Zapatero–, en el primero de ellos tuvo que admitir una cierta marcha atrás. Veremos que pasa con el segundo.
Tanto Montoro, responsable de Economía del PP, como el propio presidente regional, José María Barreda, han dado una clave, seguro que fundamental, para aquellos a los que este modelo no les convence. El PP modificará el nuevo modelo de financiación cuando gobierne, ha afirmado el primero. Barreda, por su parte, en una entrevista, ayer, con Carlos Herrera en Onda Cero, afirmaba que “son los ciudadanos los que tienen que controlar en qué se gasta ese dinero. Por eso cada cuatro años existe la posibilidad de renovar o cambiar al Gobierno”.
Así que cada cual, cuando le toque, proceda en consecuencia.
Parece evidente que tanto unas como otras comunidades necesitaban de más recursos, pero sacar adelante el nuevo modelo va a ser todo un milagro –a veces no todos los días suceden–, según reconocía en dicha entrevista el propio Barreda.
Hay quien hace de la necesidad virtud, aunque no parece que éste sea el caso de Zapatero, que acuciado por su situación en el Congreso, incapaz de alcanzar acuerdos con otras fuerzas políticas, ha lanzado un guiño a los catalanistas tal vez a un precio demasiado elevado, incluso poniendo en juego su futuro político.