Última actualización 17/07/2009@02:07:22 GMT+1
NO me refiero a la paga de julio, ni a la paga semanal de los niños. Me refiero a la paga con la que el Gobierno de Rodríguez Zapatero ha decidido premiar a las comunidades autónomas, especialmente a la catalana y andaluza. Los once mil millones de euros que han entrado en el sorteo puede que no estén bien repartidos, pero son un gran alivio para las mermadas arcas de nuestras comunidades, regiones y autonomías.
La generosidad de Zapatero es infinita, pese a la crisis. Lo ha demostrado en sus últimos viajes al extranjero y lo sigue demostrando en la gestión diaria de los cada vez más mermados fondos públicos. Al vicio de pedir, el presidente responde siempre con desprendimiento y generosidad. Odia la austeridad. Sobre todo desde que Pedro Solbes dejó de vigilarle la cartera.
Después de repartir miles de millones de euros a los bancos y a los ayuntamientos, le toca ahora el turno a las administraciones territoriales. ¿Quién ha dicho que no hay dinero? Eso será en su cuenta de ahorros. El Estado siempre tiene dinero, y si no lo tiene lo consigue a través de la deuda pública, incrementando un poco más el déficit o subiendo de forma directa o indirecta los impuestos. Que hipotecamos a las nuevas generaciones hasta las cejas... Ese no es ahora el problema de Zapatero.
El problema ahora es lograr apoyos suficientes para gobernar y darles una alegría a Carod Rovira y a su sucesor, Joan Puigcercós. Un Puigcercós que lo celebró por todo lo alto, anunciando además su próximo objetivo: la independencia de Cataluña. Entre Cataluña y Andalucía se repartirán siete mil millones de euros, es decir más de la mitad del premio.
Mientras tanto, enternece la reacción de José María Barrera, al que le han correspondido quinientos millones, y lo proclama como si se tratara de un gran éxito. Del premio gordo. A nuestro presidente autonómico le he escuchado decir que el Gobierno central tiene que intentar hacer “el milagro de la multiplicación de los panes y los peces”, mientras reclamaba más colaboración desde Cataluña para crear un ambiente de cordialidad entre los españoles.
Barreda, contagiado quizás por el papel de “pagafantas” que desprende Zapatero, no ha caído en la cuenta –o sí ha caído se lo calla– de que la nueva financiación autonómica acentúa todavía más las desigualdades entre los españoles.
El problema de la dispersión parece que ha pasado a un segundo plano. Ahora lo importante es la población y la renta per cápita, pero no como elemento corrector, sino como factor positivo determinante a la hora de repartir el premio. Premio millonario para el caballero Puigcercós, a cambio de estabilidad. Y una “chochona” para el resto de autonomías que no invertimos en embajadas, ni en programas de inmersión lingüística.
Si enternecedoras han sido las palabras de Barreda en Onda Cero, no lo han sido menos las pronunciadas por Manolo Chaves, acusando a la oposición de fomentar la “catalanofobia”. El ex presidente de Andalucía pide prudencia, pero no explica a los ciudadanos españoles si el socialismo en el que milita ha renunciado definitivamente a un reparto más ecuánime de la riqueza. ¿Por qué un catalán vale casi dos veces más que un andaluz, o por qué la renta per capita en Andalucía está tan lejos de la existente en Cataluña? ¿Qué argumentos esgrime a la hora de defender los principios de igualdad y solidaridad en el nuevo sistema de financiación autonómica?
Pero lo más sorprendente de todo es la capacidad de este Gobierno para contentar a quienes más protestan. Los nacionalistas saben que son imprescindibles con gobiernos centrales en minoría y ejercen el chantaje con total impunidad. Como se lo digo. Aquí no hay dinero para arreglar las necesidades más perentorias de los ciudadanos, pero Cataluña sigue invirtiendo en políticas lingüísticas excluyentes y en embajadas. Las sedes diplomáticas que inaugura con tanto entusiasmo y regocijo Carod Rovira son un homenaje a la sinrazón. Y una ofensa a la austeridad que debe exigirse a cualquier gobernante en tiempos de crisis.
Pero el dinero no parece que sea un problema para este Gobierno, que cree decididamente en el milagro de la multiplicación de los panes y los peces, a la que ha aludido José María Barreda en la radio.
De lo contrario, no sería tan generoso a la hora de repartir entre sus aliados y amigos la paga.