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Hemeroteca :: Edición del 02/09/2011 | Salir de la hemeroteca
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Por Javier del Castillo
Última actualización 26/06/2009@06:26:40 GMT+1
DESPUÉS de 15 victorias consecutivas y 35 partidos seguidos sin perder, ha tenido que ser la selección de Estados Unidos –donde hasta hace poco el fútbol era un deporte minoritario y de mujeres– la encargada de romper una racha que parecía imparable. Si esto no fuera un juego, habría que pedirle explicaciones a Zapatero o a su fiel escudera Leire Pajín. El “amigo español” no se merecía esta derrota, cuando ya tocábamos la gloria.
Supongo que cuando la secretaria de organización del PSOE anunció el famoso encuentro planetario entre Zapatero y Obama no pensaba, lógicamente, en un encuentro de fútbol. Pero lo cierto es que, al final, los americanos nos han hecho la puñeta. El “sueño americano” nos ha hecho bajar de una nube. El equipo nacional tenía que perder alguna vez, pero esa derrota la hubiéramos encajado mejor si se hubiera producido contra Brasil o Italia.

La selección española de fútbol sigue siendo una de las claras favoritas para ganar el próximo Mundial de Fútbol, que también se celebrará en Sudáfrica, pero este tropiezo nos llega en un mal momento. Aquí, las pocas noticias buenas que se destacan en las primeras páginas de los periódicos son aquellas que tienen que ver con los éxitos deportivos en fútbol, tenis, baloncesto o ciclismo. En los dos primeros deportes sólo se ha producido un tropezón, un paréntesis –por culpa de un mal día y por la lesión de Rafa Nadal–, mientras que en baloncesto los norteamericanos tienen que mirarse en el espejo de Pau Gasol y asumir que Lance Armstrong está ya muy mayor para hacerle sombra a Alberto Contador. Osea, que tampoco se pasen.

Al presidente del Gobierno y ministro de Deportes, José Luis Rodríguez Zapatero, siempre le ha gustado estar al lado de los mejores. Y presumir, por qué no decirlo, de los éxitos deportivos que logra España en competiciones internacionales. De los otros ya es más difícil... Está claro que nos cuesta mucho más afrontar la crisis económica y poner remedio a la destrucción de empleo que subir hasta lo más alto del podio. Vivimos una época gloriosa en el deporte –un buen barómetro para medir el progreso social de un país–, pero sufrimos también una época de fracasos y de decepciones en el terreno político y económico. Son dos caras de una misma moneda. El deporte gana por goleada –y eso que se nos ha cruzado en el camino Estados Unidos– a la política. Las comparaciones son odiosas, pero a cualquiera de nosotros nos costaría mucho más elegir a once políticos de gran nivel que a once grandes deportistas españoles en activo.

Después del partido del miércoles, se repiten las palabras “batacazo”, “cura de humildad”, “un mal día lo tiene cualquiera”, “alguna vez tenía que ser”, “no hay enemigo pequeño” o “lo importante es el Mundial”. Sin embargo, a nadie se le ha ocurrido decir que la derrota frente a Estados Unidos puede tener un efecto positivo: colaborar a esa ansiada amistad con la primera potencia del mundo, que sigue siendo una asignatura pendiente, por mucho que Obama y las apariencias demuestren lo contrario.

Seguro que Zapatero, que siempre busca el lado positivo de las cosas, habrá pensado ya en esto último. Seguro que nuestro presidente, que en lugar de cazar una mosca como Obama tuvo que enfrentarse en su viaje a Togo a una nube de mosquitos, hará esta lectura que les digo. Basta con llamar a Obama y felicitarle por ser su selección la que ha tenido el privilegio de ganar a la nuestra después de estar imbatida durante 35 partidos. Que se dice pronto.

Una vez dorada la píldora, lo mejor que puede hacer Zapatero es decirle: “para España ha sido un honor perder contra un equipo tan bien armado y con una defensa tan envidiable”. Tampoco estaría de más aprovechar esa llamada para desearle éxito en la final del domingo.

Zapatero debe de saber muy bien que al “amigo americano” no se le gana con gestos poco amistosos hacia sus símbolos más queridos, ni con críticas a su política exterior. Lo mejor es hacerles la pelota, que por otra parte es lo que hizo el gobierno que presidía José María Aznar. No hay otra.

Está claro que ni siquiera en fútbol puede infravolorarse a la primera potencia del mundo. Porque luego pasa lo que pasa. Que te quedas con una cara que no es normal.
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