Última actualización 29/05/2009@05:33:27 GMT+1
AHORA resulta que la expresión “brotes verdes”, referida a los supuestos síntomas de recuperación económica, no se le ocurrió a Elena Salgado, sino al presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos, Ben Bernanke. Así lo ha reconocido –en un gesto que la honra– la vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Economía. En una palabra, que ella se apropió del término, aunque sin citar la fuente. Quizás no podía sospechar el enorme juego que iba a dar tan celebrada expresión a los comentaristas y tertulianos.
Me parece bien que la señora ministra haya querido dejar claro este extremo, para que nadie se confunda y piense que las ocurrencias solamente las generan los ministros de Zapateros y el propio presidente del Gobierno, que en eso de las frases es un maestro. Rectificar es de sabios, pero mucho me temo que la rectificación de Elena Salgado venga inducida por un hecho incuestionable: “los brotes verdes” apenas se vislumbran en el horizonte. Y aquí seguimos esperando con el abono y la manguera.
En cuanto a lo del plagio, ya estamos acostumbrados. Es una costumbre muy española. Jaime Peñafiel lo hizo recientemente y de forma sonada. Como está tan solicitado y no tiene tiempo para nada, fusiló un pasaje del libro de Pilar Urbano sobre la Reina, en el que la escritora confundía el sotavento con la botavara. Una confusión lógica en personas de secano o poco instruidas en los entresijos de la navegación.
La cosa no hubiera ido a mayores, si Jaime Peñafiel hubiera reconocido su ignorancia y no hubiera culpado de la metedura de pata a la conocida biógrafa de la Reina. Si copias, al menos, copia bien o cita a la fuente de la que coges el agua (información), como es preceptivo en cualquier manual o libro de estilo.
Sin embargo, aquí vale todo. Y hasta el más tonto hace relojes. Entre “los brotes verdes”, los “seres vivos” y el “ponerse tetas”, hemos olvidado que dentro de una semana tenemos elecciones europeas y que al juez Garzón le puede pasar factura su obsesión por encontrar el acta de defunción de Franco, como si no fuera prueba suficiente los lloros en TV de Carlos Arias Navarro. Nos olvidamos, incluso –¡qué más quisiéramos los madridistas!–, de que esta temporada el Barça ha ganado todo...
El otro día, viendo el debate entre López Aguilar y Mayor Oreja en TVE, pude comprobar que la realidad no es única. Tiene muchas caras, así como muy distintas interpretaciones. Mientras el candidato socialista insistía en la ideología ultra de su rival y le llamaba antiguo, el cabeza de lista del Partido Popular le recordaba a López Aguilar lo mucho que había luchado desde UCD por conseguir una España más libre y democrática, en aquellos años en los que el diputado canario aprendía a tocar la guitarra. Sin embargo, apenas les escuché defender las propuestas que llevan en sus programas para representar a España en el Parlamento Europeo.
En lugar de reivindicar sus méritos, los candidatos de los dos principales partidos, hablaron de George Bush, de José María Aznar, de Felipe González y hasta de Franco, que es una de las grandes fijaciones de la izquierda. En el año de la crisis y del Barça, a ninguno de los dos se le ocurrió contrastar sus programas para salir de la crisis económica o para mejorar la imagen de España en el exterior.
López Aguilar representa a la España feliz de Zapatero, donde crecen las flores y se desarrollan “los brotes verdes”. Mayor Oreja es el adalid de la España fuerte y unida, de la familia tradicional y del control del gasto. El primero hace caricaturas y toca la guitarra. El segundo, más antiguo, prefiere los libros de historia, la bicicleta de montaña y el frontenis.
En este país, donde ser joven tiene un plus, conviene recordar también que “la experiencia es un grado”. Si no fuera porque estamos anclados en el maniqueísmo de los buenos y los malos, los progres y los carcas, tendríamos que admitir que las dos principales opciones que concurren a estas elecciones europeas están bien representadas.
El problema es que de lo que menos hablan unos y otros es de Europa.
Y, como dice la ministra Salgado, los “brotes verdes”, como es la unidad europea, hay que cuidarlos y regarlos.