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Hemeroteca :: Edición del 02/09/2011 | Salir de la hemeroteca
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Por Javier del Castillo
Última actualización 22/05/2009@04:26:39 GMT+1
DESPUÉS de escuchar a la que fuera directora general de Promoción del Flamenco, y hoy ministra de Igualdad, Bibiana Aido, exponer su teoría sobre los seres vivos, que luego –a las trece semanas– se convierten en seres humanos en el vientre de la madre, no es fácil reponerse del impacto. Ni tampoco es fácil reponerse del nivel intelectual que exhiben algunos ministros y ministras de este Gobierno.
Un descubrimiento tan sorprendente y de tal calibre sobre el origen de la vida merecería una reflexión profunda, que ni siquiera el ministro de Educación, Ángel Gabilondo, se ha atrevido a llevar a cabo, pese a sus conocimientos metafísicos. A eso se le llama vergüenza ajena. Pero vamos a dar por zanjado el dislate de la ministra, pues un día malo lo puede tener cualquiera. Prefiero reflexionar sobre los valores que subyacen detrás de algunas de las últimas medidas de este Gobierno y de los modelos de comportamiento que esas medidas trasladan a nuestros jóvenes.

La píldora del día después es un gran invento. No cabe duda. Evita embarazos no deseados y seguramente abortos posteriores. Sin embargo, este Gobierno ha ido mucho más lejos y propone que la píldora se dispense en las farmacias sin receta médica y sin explicar con detalle las contraindicaciones que lleva implícito el consumo de este medicamento.

En cuanto a la reforma de la ley del aborto, la realidad supera casi a la ficción. Cualquier joven, a partir de los 16 años, podrá abortar en España sin consentimiento paterno. Faltaría más. ¿Por qué no se ha querido contemplar el consentimiento de los padres? Pues muy sencillo, y el propio presidente del Gobierno lo explicó hace algunos días con este elocuente ejemplo: hay que evitar que la opinión del padre de la joven pueda imponerse y prevalecer sobre la voluntad de la menor. En una palabra, evitar que al final el padre –que seguro que es un antiguo, un ser abyecto y un autoritario– imponga su opinión. Es decir, que se salga con la suya y coarte de forma unilateral la libertad individual de esa criatura que ha formado y educado con tanto cariño.
Una vez servida en bandeja la polémica por el Gobierno –y dejando claro que esos que se oponen a este tipo de medidas tan avanzadas y progresistas no son ni de izquierdas ni de derechas–, a los padres de familia que todavía creemos en una serie de valores que tanto han ayudado a mejorar este país sólo nos queda la posibilidad de luchar por lo que consideramos mejor para nuestros hijos. Y luchar, si hace falta, contra aquellos que consideran más progresista y prioritario el aborto libre que la creación de riqueza y puestos de trabajo.

Educar a nuestros hijos para afrontar los retos del futuro no es ninguna tontería. Es, en estos momentos, queridos dirigentes del aquí vale todo, el único recurso que nos queda. Diría más: el sacrificio que merece más la pena. El trabajo, la educación, la disciplina, el esfuerzo y la solidaridad me interesan más que la subvención al desempleo, la libertad para abortar o la visión idílica de una situación precaria. Igual me estoy volviendo un antiguo y no me he dado cuenta de que esto ya no se lleva, pero creo que es lo sustancial en medio de la gilipollez que impera en algunas propuestas gubernamentales.

Está bien, como he dicho, que existan métodos anticonceptivos, sistemas para prevenir y controlar los embarazos no deseados, pero me encantaría sinceramente que el Gobierno dedicara tantos o más esfuerzos a mejorar la educación de nuestros hijos, a generar oportunidades laborales a los millones de jóvenes que no tienen trabajo, o lo tienen pero están siendo explotados miserablemente con salarios y contratos leoninos. Me gustaría ver a Rodríguez Zapatero reivindicar el derecho de los jóvenes a encontrar el primer empleo, una vivienda decente y una salida digna a los estudios que han hecho. Y todo ello sin demagogia y sin falsas promesas.

Diferenciarse de la derecha en cuestiones como las arriba citadas es una forma de desviar la atención de los temas fundamentales. Porque se puede facilitar la píldora del día después, o dejar en manos de jóvenes de 16 años el derecho a decidir sobre la interrupción del embarazo, pero no se puede ganar el futuro vendiendo humo en píldoras envueltas en falso progresismo.
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