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Hemeroteca :: Edición del 02/09/2011 | Salir de la hemeroteca
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Por Javier del Castillo
Última actualización 08/05/2009@04:30:58 GMT+1
SI les digo la verdad, me causa tanta o más alegría la llegada de Patxi López a la presidencia del Gobierno Vasco como el abandono de la vida política de su antecesor en el cargo, Juan José Ibarretxe, al que Dios le de mucha salud para pasearla por el monte.
Es más, después de escuchar la patética intervención de este último en el acto de investidura, me reafirmo aún más en que con la renuncia de Ibarretxe al acta de diputado ganan los vascos, ganamos el resto de los españoles y también van a ganar los nacionalistas moderados, al estilo Josu Jon Imaz. En definitiva, que vamos a ganar todos.

Por fin podremos comprobar que hay vida en Euskadi después de los treinta años de gobierno del PNV, hacer ver a las nuevas generaciones que la democracia se enriquece con la alternancia en el poder y experimentar que un pueblo en libertad vigilada durante tantos años agradece –y de qué manera– la aparición de nuevas ideas y propuestas. Y yo diría que también la aparición de líderes que le saquen del “raca, raca” y del aburrimiento tozudo en el que se había instalado el anterior lehendakari. Adiós, por tanto, con el corazón henchido de gozo a Juan José Ibarretxe, y adiós a sus reiteradas propuestas de consultas soberanistas. Y a su antiespañolismo y ambigüedad frente a los terroristas.

En el juego democrático, con una ley electoral vigente en la que se establece la mayoría parlamentaria para formar gobierno, lo menos que se puede pedir a un líder tan poco carismático es saber perder. Pero Juan José Ibarretxe no ha sabido perder.

Le ha faltado, como casi siempre que hablaba de los derechos del pueblo vasco, la elegancia en admitir que los que no piensan lo mismo que él también pueden tener a veces razón. Incluso llegar a pensar que su “deriva soberanista” no es mejor que la “deriva constitucionalista” que tanto critica y que hoy proponen sus adversarios para restañar las heridas que él ha abierto en los últimos años. Su decisión de abandonar la política activa es muy respetable –y hasta comprensible después del papelón que ha interpretado en la pasada legislatura–, pero hubiera sido mucho más elegante que no hubiera desparramado su inquina y su rencor en la tribuna de oradores del Parlamento Vasco.

Imagínense por un momento que Ibarretxe hubiera empezado su discurso felicitando sinceramente a Patxi López, deseándole mucha suerte en la difícil tarea de mejorar la convivencia en Euskadi, en su objetivo de acabar con ETA, y le hubiera ofrecido incluso su colaboración para poner en marcha cualquier iniciativa encaminada a luchar contra la crisis económica o contra la manipulación y el sectarismo que tanto se fomenta en las escuelas del País Vasco. Hubiera sido para sacarlo a hombros –que no de las orejas– por la puerta de Ajuria Enea.

Sin embargo, su terquedad le ha dejado sin ese momento de gloria y con la chapela calada hasta las cejas. Es tan grande la intransigencia y la intolerancia de Ibarretxe que ha salido por la puerta de chiqueros, gruñendo y criticando a los que le han ganado unas elecciones democráticas. El frentismo que tanto critica “raca raca” sólo existe en su cabeza. Es más, yo diría que nadie como él ha sabido atrincherarse mejor en esa interesada división entre vascos buenos –los nacionalistas– y vascos malos –es decir, aquellos que quieren vivir sin escoltas y dentro del marco constitucional–; ni nadie como él ha provocado tanto rechazo en amplias capas de la sociedad española.

Patxi López es hoy por hoy la esperanza. Y se merece cuando menos una tregua, pero no de esas que tan bien conoce el señor Ibarretxe. El nuevo lehendakari llega con un discurso diferente, con la tradición socialista de la margen izquierda de la ría, y con unas prioridades que no pasan por un referéndum secesionista, sino por la unión de los vascos ante su propio futuro. A Patxi López le ha tocado liderar un proyecto esperanzador: acabar con ETA y devolver la libertad y la convivencia a una tierra dividida entre los que tienen que llevar escolta y los que justifican la violencia. Entre los que viven atrapados por el miedo y los que les miran con desprecio por votar al PP o al PSE.

Muy mal lo tiene que hacer Patxi para que alguien pueda echar de menos a Ibarretxe, mala leche.
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