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Hemeroteca :: Edición del 02/09/2011 | Salir de la hemeroteca
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Por Javier del Castillo
Última actualización 17/04/2009@04:12:47 GMT+1
EL periodismo, salvo raras excepciones, está tomando unos derroteros que no me gustan. Sobre todo en el apartado de la información política. El problema es que no sabría decirles si la culpa es de los periodistas o de los dirigentes políticos que nos convocan con el único objetivo de vendernos un titular. Incluso a veces lo leen desde una tribuna para que salga tal cual, y sin respetar la hasta ahora sana costumbre de abrir un turno de preguntas.
Y yo pregunto: ¿dónde queda la posibilidad de contrastar una opinión o de aclarar lo qué hay detrás de ese mensaje unidireccional? Los políticos –lo vemos cada día– salen por los pasillos del Congreso en busca del primer micrófono que se cruce en su camino, pero en lugar de exponer su opinión respecto a una cuestión importante que acaban de debatir en el hemiciclo, se limitan a dar caña al contrario o a contestar a lo que previamente ha dicho el adversario en un escenario muy distinto.

Los periodistas vamos allí donde nos llaman, recogemos la mercancía –es decir, el titular que nos han querido vender– y se la ofrecemos a los lectores, oyentes y telespectadores sin filtro alguno. Eso sí, los lectores cada día es muy posible que digan: “¡vaya palo que le ha dado fulano a mengano!”. “Pues ya verás la respuesta del vapuleado”.

Hago esta reflexión al hilo de la transformación experimentada por José Blanco, desde el mismo instante en que fue nombrado ministro de Fomento. La bestia negra de la oposición, que siempre ha mostrado especial inquina a Mariano Rajoy y a Esperanza Aguirre, ahora parece que está haciendo méritos para subir a los altares. Hasta que no le escuché en la radio el otro día, no podía imaginar que una conversión tan espectacular –tan “drástica” que diría su amigo Zapatero– fuera posible en apenas cuestión de horas.

Don José Blanco –antes “Pepiño”– aclaró que un ministro del Gobierno de España se debe a todos los ciudadanos, luchando hasta la extenuación contra la crisis económica, para devolverles la felicidad y el bienestar perdidos. “Cuando a mi madre –dijo Don José, con la calma y la paz interior de un fraile franciscano –le decían en Lugo sus amigas y vecinas que su hijo era ‘muy malo, malísimo’, ella les contestaba: ‘pues es el mejor de la familia’”.

Tampoco vamos a indagar sobre la familia del hoy moderado y encantador ministro de Fomento, pero una cosa está clara: el hasta hace poco portavoz del PSOE interpretaba un papel de malvado, como en su día hicieron Alfonso Guerra o Álvarez Cascos; un papel que no se corresponde con su manera de ser.

Le oía hablar al ministro de Fomento en la radio y, por un momento, llegué a pensar que estaba hablando el Padre Ángel. Luego, al día siguiente, le volví a ver en las primeras páginas de los periódicos sonriente al lado de Esperanza Aguirre, tan contentos los dos. También anunciaba próximos encuentros con Francisco Camps y con Alberto Núñez Feijóo, para que no existan dudas de su conversión. Algo inaudito, si nos remontamos a lo que dijo sobre los líderes del Partido Popular unos días antes de Semana Santa.

Pocos políticos manejan tan bien como José Blanco la imagen y la propaganda en la actividad política. Lo intenta Zapatero, pero no pasa de ser un alumno aventajado. Lo intenta Carme Chacón, pero a veces le sale rana.

Lo que está claro es que la imagen y los golpes de efecto son muy importantes a la hora de llegar a los votantes. Vivimos en una sociedad en la que el mundo audiovisual se impone, dejando muchas veces en segundo plano el contenido. Un buen golpe de efecto es la mejor garantía para protagonizar un titular.

El anuncio de la candidatura del ex director general de ONCE y ex presidente de Telecinco, Miguel Durán, para las elecciones europeas en la lista de la coalición Libertas-Ciudadanos hubiera pasado casi inadvertido, de no ser por la indudable popularidad del nuevo cabeza de lista.

Como decía al principio, la política ya no se hace con una buena oratoria ni con un buen programa, sino con gestos y eslogan que captan de forma inmediata la atención de la gente. La prueba la tenemos en los reportajes fotográficos de los nuevos ministros del Gobierno.
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