Última actualización 03/04/2009@12:33:28 GMT+1
Se las prometía tan felices Mariano Rajoy, tras la victoria en las elecciones gallegas y el nuevo protagonismo del PP en el País Vasco, que nadie le avisó del problema que tenía más cerca: un problema de olor a corrupción.
Un olor que se ha filtrado por algunas alcantarillas próximas a Génova y que puede dar al traste con las renovadas aspiraciones del líder de la oposición. La herencia de José María Aznar no era tan limpia y brillante como se ha podido demostrar cinco años después.
Pero vayamos al presente. Los buenos resultados electorales del pasado 1 de marzo le han servido a Mariano Rajoy para reforzar su liderazgo y para abrigar ciertas esperanzas de recuperar el poder. Aunque, no nos engañemos: una cosa son los méritos propios y otra muy distinta la cadena de errores cometidos por el adversario. El gobierno, desbordado por la crisis económica y por la imparable pérdida de puestos de trabajo, ha dilapidado su credibilidad y busca oxígeno donde puede, especialmente en las sospechas de corrupción que afectan a cargos importantes del Partido Popular.
El Partido Socialista se agarra a los autos del juez Baltasar Garzón como a un clavo ardiendo. Las pruebas están por demostrar, pero los indicios dejan un olor a corrupción difícil de disimular. Un olor que echa para atrás. El “caso Gürtel” es la historia de una corrupción –se mire por donde se mire– y entre los actores secundarios de esta historia figuran un presidente autonómico, varios alcaldes, un ex consejero de la Comunidad de Madrid, el tesorero de Génova y un eurodiputado del Partido Popular. El tiempo y la justicia, dos términos que en su funcionamiento parecen incompatibles, pondrán las cosas en su sitio.
Hasta es muy posible –cosa que ocurre con demasiada frecuencia en los autos de Garzón– que las acusaciones sean sólo indicios y sospechas de dudosos sobornos. Sin embargo, el olor a corrupción está en el ambiente y lo mejor que podría hacer Mariano Rajoy es adoptar medidas disciplinarias urgentes contra los imputados. Alejar, en definitiva, de su lado a los sospechosos de actividades presuntamente delictivas. De lo contrario, esos malos olores terminarán contaminándole también a él.
Si el Partido Popular quiere recuperar la confianza de los electores, lo primero que tiene que hacer es despejar cualquier duda sobre la relación de algunos de sus destacados militantes con los implicados en la trama empresarial del “caso Gürtel”. La claridad y la transparencia son imprescindibles para generar confianza. La corrupción es uno de los graves problemas de nuestra democracia y Mariano Rajoy, por muy honesto que sea, debería de tomar medidas preventivas, además de interponer las correspondientes querellas contra el juez Baltasar Garzón. A la vista de los nuevos datos que están saliendo en la prensa, cada vez se hace más difícil creer en la palabra de algunos de los políticos que aparecen citados en las investigaciones.
Es posible que Luis Bárcenas o el eurodiputado Gerardo Galeote sean inocentes, pero sus iniciales están ahí, en los papeles requisados por la policía a Francisco Correa y a su socio Pablo Crespo. Por otra parte, existen indicios de enriquecimiento que no se corresponden con los sueldos de cada uno de ellos. No parece muy lógico que se adquieran Mercedes a través de una agencia de viajes (Gerardo Galeote) o que la inversión en bolsa genere grandes dividendos –sobre todo en el último año–, como para adquirir bienes inmuebles por valor de varios millones de euros (Luis Bárcena).
A los dos citados –como otros muchos que han ido apareciendo en este desordenado culebrón de espías, empresarios y políticos– les avala el derecho a la presunción de inocencia, pero el daño que están causando al Partido Popular puede ser irreparable. Cada día y cada hora que pasa sin que presenten su dimisión le restan votos y credibilidad a la opción política que lidera Mariano Rajoy.
Es cierto que la fiscalía le ha dicho a Garzón que no existen indicios suficientes contra estas dos personas, pero tampoco pasa nada porque ambos renuncien temporalmente a sus puestos –cosas que han hecho ya otros compañeros del partido– y vuelvan cuando todo esté aclarado.
El olor a corrupción no es buen aroma para captar votantes.
FE DE ERRORES.- Como título del artículo de la semana pasada, en lugar de “Nos faltaba Perejil”, que es el que correspondía, apareció por error el de “Macabra tomadura de pelo”, que pertenecía al de la semana anterior.