Última actualización 27/03/2009@09:02:10 GMT+1
Con viento fuerte de levante, el presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero volvió a realizar en el Congreso de los Diputados uno de sus habituales ejercicios de “crítica retrospectiva a la oposición”, como certeramente ha acuñado algún columnista.
Hasta ahora las críticas del presidente se referían a la guerra de Irak, al 11-M, al Prestige, a los errores del anterior gobierno del Partido Popular y a la supuesta ineficacia del líder de la oposición, Mariano Rajoy, cuando ocupaba puestos de responsabilidad en los gobiernos de Aznar. Es decir, siempre, porque nunca estuvo fuera de aquel gobierno.
Zapatero se ha quedado sólo en el hemiciclo y busca cualquier excusa para salvarse de la quema. Pero lo que algunos no esperábamos es que utilizara como argumento de defensa asuntos que parecían olvidados. Que sacara a relucir el perejil con mayúscula, con la bandera, los legionarios y las cabras. En este presidente cualquier cosa es posible, pero reconozco que no entraba en mis cálculos esta referencia, aun conociendo la ya habitual tendencia zapateril a echar mano del espejo retrovisor en los momentos difíciles, como arma disuasoria o de defensa.
Sinceramente, no podía imaginarme – con la que está cayendo - que respondiera a las críticas por sus últimos errores en política exterior echando mano del incidente ocurrido en la Isla de Perejil hace ya más de cinco años. Un incidente, por cierto, que fue resuelto de forma contundente y con viento fuerte de levante por Federico Trillo y unos cuantos legionarios.
Echar mano de un conflicto menor para intentar salvar el pellejo, o buscar la anécdota como fórmula de disimular la fragilidad de su actual gabinete, me parece una nueva demostración de debilidad y de falta de ideas y argumentos. Zapatero está tocado – en medio de una crisis económica mal calculada – y muchos de sus ministros hundidos, a la espera de un más que posible relevo a la vuelta de Semana Santa.
Esta es la realidad. Los errores de José María Aznar, que también fueron muchos - sobre todo a raíz de la famosa boda de su hija – no interesan ahora mismo a nadie. A los ciudadanos de este país lo que realmente nos preocupa – y lo siento por ser reiterativo – es ver a las siete de la mañana a cientos de personas en una cola del paro que da la vuelta a la manzana. La guerra de Irak, como la Guerra Civil, aunque parece que esta de momento ha quedado aparcada, son argumentos de análisis, pero no en un foro donde hay que tomar decisiones sobre asuntos de la máxima trascendencia y actualidad.
El papel de España en el mundo es un tema fundamental, pero no acabamos de centrarnos. Seguimos jugando a la improvisación y buscando golpes de efecto, con ocurrencias y gestos de un pacifismo y de una ingenuidad que nos pueden costar muy caros, como la mal explicada y unilateral retirada de las tropas de Kosovo. ¿Estamos más cerca de Rusia o estamos más cerca de Estados Unidos, con el sueño de Obama?. Eso le preguntó el portavoz de ERC, Joan Ridao, sin obtener una respuesta convincente.
Cinco años en el poder deberían de ser más que suficientes para definir la posición del Gobierno de España en el actual tablero internacional. Sin olvidar, por supuesto, que antes tenemos que arreglar los graves problemas que tenemos en nuestra propia casa.
Esta misma mañana – jueves, 26 de marzo – el jefe de la sección de economía de Onda Cero me contaba la peripecia de algunos trabajadores en paro españoles que están negociando con Francisco Hernando, El Pocero, un contrato para irse a trabajar a Guinea Ecuatorial en los proyectos urbanísticos que el gobierno guineano ha firmado con el empresario español. Hemos pasado de la acogida de inmigrantes que llegaban en patera a ser nosotros los que volvemos de nuevo a la emigración, enviando trabajadores españoles al exterior , como en épocas que parecían superadas.
Y mientras tanto, seguimos pasando el rato en este vodevil de ocurrencias y declaraciones que no resuelven nada. Con un gobierno de perfil bajo y con una oposición donde algunos de sus líderes juegan a los espías o se relacionan con supuestos empresarios sin escrúpulos, estamos apañados.