Última actualización 13/03/2009@00:39:31 GMT+1
SI muchos ilustres y veteranos políticos, empresarios, escritores, actores, deportistas, toreros, diseñadores, cocineros y periodistas se colgaran todas las medallas y condecoraciones acumuladas a lo largo de su existencia, se caerían por su propio peso. Es lo que tiene el peso de la fama y lo que tiene también la gran proliferación de galardones en nuestro país.
Cualquier institución que se precie –dentro del ámbito nacional, regional, provincial y local– tiene a gala conceder unos premios, en función de distintos baremos, para mayor gloria propia y de los agraciados.
El otro día contaba Elvira Lindo en su columna de "El País" que la fiebre por las medallas –sobre todo ahora que las han puesto de moda los toreros– se debe a que muchos individuos/as creen que tienen el pecho para que les cuelguen en él las condecoraciones más variopintas. Pero no es eso lo peor de todo. Lo peor es cuando consideran que sólo ellos son merecedores de ese medallero paraolímpico que les devuelve la autoestima y les reconcilia con una sociedad que, encima, parece que tiene que estar agradecida por haberles conocido.
La Medalla de Oro de las Bellas Artes, como otras muchas medallas que se conceden en el mundo del arte y de la cultura, se ha repartido este año, con la generosidad habitual, a 25 personalidades e instituciones. En esta lista de medallistas aparecen Imanol Arias, Juan María Arzak, Pilar Bardem, Miguel Bosé, Enrique Cerezo, Isabel Coixet, María Colomer, Victoriano Cremer, Nacho Criado o Isaac Díaz Pardo, por citar a los diez primeros de una lista donde también se incluye el controvertido nombre de Francisco Rivera Ordóñez.
El premio ha estado muy repartido, como el gordo de la Lotería. Además, el Ministerio de Cultura procura evitar susceptibilidades y nunca se olvida de los toros, que también son un arte, aunque algunos no lo quieran aceptar. Por lo tanto, propone a un torero ya consagrado para colgarle cada año una de esas estimadas y prestigiosas distinciones, en forma de bajorrelieve.
Tampoco quiero que ustedes –distinguidos lectores– hagan méritos para ganarse la “medalla de la paciencia”, pero les diré que la Medalla de Oro de las Bellas Artes es uno de esos premios que por acumulación, al final, acaban recayendo en todos aquellos que significan algo.
Por eso tiene todavía menos justificación la pataleta que han organizado José Tomás y Paco Camino por la dichosa medalla que ha recaído en Francisco Rivera Ordóñez. El mundo del toro no se merece este tipo de comportamientos insolidarios y tan poco edificantes. Es como si José Luis López Vázquez devolviera la medalla que recibió en 1985 porque este año se la han dado a Pilar Bardem para que pueda lucirla en las manifestaciones. ¿Quién es José Tomás para decidir si un compañero de profesión deshonra o no deshonra ese galardón?
Es muy frecuente escuchar en ciertos ambientes culturales lamentaciones de presuntos intelectuales porque tal o cual premio se lo han dado a determinado compañero. “Pues yo ese premio todavía no lo tengo”, comentan con la prepotencia que adorna a los mediocres. La verdad es que te dan ganas de decirle: “¿te parece poco premio el que te publiquen algunos de los libros horrorosos y totalmente prescindibles que escribes?”
Pues con los toreros pasa lo mismo. Todos se creen los mejores. En el caso de José Tomás –admirable por su valentía– existe el agravante de despreciar a un torero que tuvo el arrojo de saltar al ruedo de paisano para ayudarle, tras una grave cogida. La reacción de Tomás me parece fuera de sitio. Se ha cruzado, como suele hacer con demasiada frecuencia en la plaza, delante de un toro que no era suyo.
Con tanta abundancia de premios y pedreas, es lógico que se cometan injusticias y agravios comparativos. Sin embargo, eso nunca puede ser motivo de enfrentamiento, y menos entre compañeros que se juegan la vida delante del toro. El papelón que han hecho José Tomás y Paco Camino –supongo que no esperaría el de Camas que le dieran el premio a su hijo Rafita– es de los que hacen época.
Y total por unas medallas que están más devaluadas que las orejas en plazas de tercera.