Situada cerca de la rivera del río Saúca, –uno de los afluentes del río Dulce– como la mayoría de las poblaciones constituidas hace muchos siglos, se encuentra un pequeño municipio de nombre homónimo, al pie de un pequeño cerro, a 1.099 metros de altitud. Ahora, tan sólo 70 vecinos pueblan sus casas y calles. Pertenece al partido judicial de Sigüenza, que este fin de semana celebra sus jornadas medievales, así que, se puede aprovechar la visita a la Ciudad del Doncel y pasarse por este municipio, que se encuentra a sólo 15 kilómetros.
Su entorno lo configuran monte bajo, encinares y robledales, con algunos ejemplares de alcornoque, enebro y quejigo. Es un terreno moderadamente húmedo, con varios arroyos cruzando sus vegas, flanqueados por la vegetación de río típica de la zona. Todas estas características hacen que un paseo por los alrededores sea bonito y gratificante.
Su fauna principal está compuesta por conejo, liebre, perdíz y paloma torcaz. Aunque, en algunas ocasiones, se ha divisado algún ejemplar de becada y de pato azulón, y hay alguna codorniz durante el verano. También hay bastante zorro, algún jabalí y corzo.
Este fin de semana no celebran sus fiestas patronales, que son a finales de agosto. no obstante, Saúca, como casi todos los municipios, tiene dos patrones.
En invierno, festejan a San Blas el primer fin de semana de febrero. En otoño, homenajean a Nuestra Señora del Rosario. La festividad se celebra el 7 de octubre, aunque las fiestas municipales se trasladan al primer fin de semana de dicho mes.
Hace ya varios años, se creó la Asociación Cultural Virgen del Rosario formada por casi todos los vecinos y veraneantes del pueblo. Esta agrupación tiene fines sólo culturales y promocionales de la identidad del municipio y celebra también unas fiestas estivales para que los chavales –y los talluditos– disfruten de unos días de baile, juegos y demás. Suele celebrarse el segundo fin de semana de agosto y cuenta con un programa de festejos realmente brillante.
Uno de los mayores atractivos de Saúca es su iglesia parroquial Nuestra Señora de la Asunción, una obra de arte fechada en el siglo XII, de estilo románico rural y con atrio porticado, que merece la pena visitar. Consta de una nave y una bóveda de cañón. El atrio es uno de los elementos más valorados del conjunto, dado que además fue escrupulosamente restaurado hace unos años.
En el costado meridional, se abre un vano de arco semicircular, que tiene la función de ingreso. A su izquierda, se disponen cinco arcos de medio punto, y en su lado derecho, otros cuatro más. Algunos están decorados con una chambrana lisa, lo capiteles de las columnas son de tendencia cisterciense y seguntina, formados por hojas de acanto y palmetas. Además, en la zona se come francamente bien, así que la visita puede resultar todo un éxito.
Pequeño y coqueto
Saúca no es muy grande, pero sí es una población coqueca que, sorprendentemente –por su tamaño– cuenta con una amplia oferta gastronómica. Tiene dos restaurantes dentro del casco urbano y otro más en las afueras, que el visitante no puede dejar de visitar, después de cansarse viendo el pueblo y sus alrededores.
La iglesia parroquial es un amazacotado edificio con gran espadaña sobre el muro de poniente, con un par de grandes vanos para las campanas y un remate de airoso campanil, todo en rojizo sillar construido; a esta espadaña se le añadió posteriormente un cuerpo para ser utilizado de palomar y hacer las funciones de torre de iglesia. En el interior, de una sola nave, es interesante la primitiva pila bautismal, románica como el edificio, del siglo XII.
Su gran atrio porticado aún está imperfectamente restaurado.
Aparte del valor arquitectónico que indudablemente tiene este templo, obra muy característica y ejemplar del románico rural de Guadalajara, hemos de destacar al visitante y aficionado a este estilo la magnifica colección de capiteles de su galería porticada.
Este lugar perteneció desde la reconquista a la Tierra del Común de Medinaceli, y siglos después quedó incluido en los estados extensísimos del ducado de Medinaceli, tenido por la noble familia de los La Cerda, en la que se mantuvo hasta el siglo XIX.