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| El rollo de Hontoba se ha reconstruido de nuevas, pero sus orígenes se remontan a 1498, cuando los Reyes Católicos le dieron al pueblo la categoría de villa. (Foto: guadalajara dosmil) |
Felipe olivier lópez-merlo, escritor
Última actualización 18/01/2008@00:00:00 GMT+1
Aunque se les ha considerado monumentos menores y muchos de ellos se han destruido o dejado derruir, lo cierto es que los rollos tenían un significado muy importante en el momento en que se erigían. Felipe María Olivier López-Merlo (Guadalajara, 1924) ha querido recordar el sentido de estas columnas en su libro “Rollos y picotas de Guadalajara”.
Felipe ha recorrido la provincia y conoce bien cada pueblo. Ahora, a sus 83 años y tras quedarse ciego, reconocer que esta circunstancia le ha impedido “escribir lo que quería”. A este problema se añade que ha sufrido una serie de infartos cerebrales que le han dejado impedido medio cuerpo, “pero sigo animoso y animado siempre que sea para hacer algo bueno por mi tierra, Guadalajara” dice alegre este prolífico escritor.
La enumeración y recuerdo de los rollos y picotas que aún perviven en la provincia ha tenido tan buena acogida que el libro acaba de sacar su segunda edición. Felipe recuerda que “el libro lo venía mamando desde hacía tiempo. Cuando en 1936, mi familia se refugió en Atanzón huyendo de la guerra de Guadalajara y buscando un lugar donde no faltara comida, que sí escaseaba en la capital. Además, allí no había frentes y vivimos una vida tranquila”.
Entonces, Felipe contaba con 12 años y a esa edad comenta que comenzó “a visitar y conocer los rollos y picotas. En Atanzón, había uno, sigue estando. Luché para que el pueblo lo conservase, porque se le estaban cayendo unas piedras, pero parece que no me han hecho mucho caso” lamenta.
Siendo un niño se sentaba al atardecer a los pies del rollo, le tomó cariño y casi desde ese momento empezó a luchar por su conservación. “Tuve un poco de éxito porque lo tomaron para ponerlo en el escudo del pueblo” señala. Ahí, empezó también su interés por la Historia. “Empecé a hablar de la Historia del pueblo, de la familia Rodríguez Pecha, que eran los señores de Atanzón, padres del fundador de la Orden Jerónima que se fundó en Lupiana y que fue favorecida por el Rey español. Cuando Portugal pasó a pertenecer a la Corona Española, también se la favoreció en el país vecino” explica Felipe.
¿Rollo o picota?
No obstante, su investigación en este volumen se centra en los rollos y picotas. Este erudito se ha encargado de aclarar la diferencia entre ambas denominaciones. “Se llama tanto rollo como picota, pero no son lo mismo. Rollo es la columna conmemorativa de ser villa. Las localidades podían ser villa, lugar o aldea. Las villas tenían cierta categoría y autonomía para impartir justicia y gobernarse por sí mismas, aunque dependían del rey o señores, además tenían jurisdicción sobre los lugares y las aldeas. La picota se usaba para llevar la vergüenza a ciertas personas que habían cometido delitos, nunca a la muerte, como la mayoría d ela gente piensa”.
Además, apunta que esta costumbre se continuó en Latino América. “Cada vez que se fundaba una ciudad, se edificaba un rollo o picota” dice Felipe y añade que se hacía así porque era un honor ser villa, por eso, la mayoría de los Ayuntamientos conservan los documentos de cuando el pueblo se convirtió en villa.
El más moderno y el más antiguo
En Guadalajara, están catalogados más de 50, pero antiguos de verdad tan sólo son 42. La mayoría se encuentran en la zona de la Campiña y La Alcarria. “En Molina hay bastantes, pero convertidos en pairones” manifiesta Felipe. La mayoría fueron derruidas cuando las Cortes de Cádiz ordenaron que se destruyeran, “se perdieron muchos”, lamenta Felipe, aunque por fortuna Guadalajara fue conservadora y por eso, se mantienen bastantes en pie.
Después de la ordenanza de las Cortes de Cádiz, se construyó el último rollo de Guadalajara y quizá de España. “Aunque era ya el siglo XIX el rey seguía concediendo privilegios a los pueblos” explica Felipe. Uno de estos lo recibió Alcolea de las Peñas, que construyó su rollo en 1817. “Es el más moderno de España” confirma Felipe y añade “el más antiguo es el de Atanzón, que es del siglo XIV, cuando Alfonso XI les dio el señorío de Atanzón los Rodríguez Pecha, “luego pasó a los Mendoza, de ellos a los Gómez de Ciudad Real, que han sido los últimos hasta que se abolieron los señorío en las Cortes de Cádiz” dice Felipe.
El escritor lamenta que muchos de los rollos “se han echado a perder, algunos los tiraron para que pasara una carretera o camiones, otros fueron derribados por los elementos o se han convertido en otras cosas como farolas o fuentes” apunta Felipe con tristeza. En esta nueva edición, se han tratado de incluir algunos que se sabe que existieron y se destruyeron, pero que se han rehecho en los últimos años.
El de Horche, por ejemplo, se hundió “porque sujetaron el toldo del circo al rollo, hubo una tormenta tremenda, con viento muy fuerte que se llevó el rollo y ya no lo volvieron a construir” recuerda Felipe y añade “pero ahora, les han entrado las ganas de recuperar el orgullo que supuso que les concedieran el título de villa”. Y es que “picados en su amor propio, algunos pueblos han rehecho su rollo, porque dicen ‘no voy a ser menos que el pueblo de al lado’” comenta Felipe entre divertido y orgulloso al intuir que quizá el libro “haya influido para que los reconstruyan”.
Algunos de los rollos actuales se han convertido en cruceros, como símbolo de la religión, farolas o fuentes y así se han conservado. “El mejor, que no se han tocado, es el de Fuentenovilla” concluye Felipe.
“Rollos y picotas de Guadalajara”
Aache ha reeditado este libro que recoge todos los rollos y picotas que se conservan en la provincia de Guadalajara. Cada ejemplo, va acompañado de fotografías “algunas son viejas y otras actuales y muchas las he tomado yo” explica Felipe Olivier. Además, no sólo habla de la historia del rollo o picota, sino que invita a conocer el pueblo. “Cuando animas a un viajero a ir a algún sitio para ver un rollo, no puedes quedarte sólo en eso, sino que le cuentas lo que puede ver en el pueblo, como la iglesia, alguna ermita u otro monumento como palacios, ayuntamientos o el paisaje. Es una manera guiar a aquellos pueblos que por motivo de que sale el rollo, también tiene otras cosas” comenta el autor.
Felipe ha escrito 10 libros sobre Guadalajara. Algunos están agotados como éste de picotas. “Por el Camino de Santiago a la Guadalajara del futuro” es otro de los que está pensando en reeditar, porque hay personas que están interesadas y no paran de solicitárselo. “La catedral de Santiago de Compostela me pidió un ejemplar que tuve que comprar y mandarles. Además, están pensando en hacer una exposición itinerante sobre el libro” comenta Felipe. Otro volumen agotado es “Viajes y andanzas de un alcarreño” que cuenta sus viajes por distintos pueblos, “hablo desde un viaje aéreo –en globo desde el campo de aerostación de Guadalajara, hasta una mina en Hiendelaencina. Yo decía que viajé desde el subsuelo a la estratosfera” ríe Felipe–. “Hice viajes en coche, en burro, en mula, contando el paisaje y todo de la provincia” recuerda.
Últimamente, se ha vendido muy bien un libro de leyendas sobre Guadalajara y su provincia, que incluye el porqué del nombre de la Torre de Alvarfáñez y la del Alamín, contando la leyenda de la alaminilla,, la del convento de las Bernardas y otras historias. “Es un libro muy bonito” dice Felipe y enumera otras leyendas incluidas como porqué se llama a Boixareu Rivera La Carrera, porqué la Fuente de la niña se llama así o la historia de la canción “teverona” que recibe su nombre de un afluente del Tíber. “Muchos de los datos recopilados son fruto de la casualidad, como descubrir de dónde venía el nombre de la canción y otros del interés, la búsqueda y la investigación. Al público le interesa conocer datos reales” sentencia.