SIGÜENZA (GUADALAJARA)
Última actualización 18/02/2008@00:00:00 GMT+1
Si dentro de cien años todos calvos, ¿cómo estaremos cuando hayan pasado cinco siglos más? Ni la peluca quedará de nosotros. Y es que como dijo el escritor Ramón J. Sender “todo es contingente menos el misterio de la necesidad de trascender”. Eso es lo que ha pretendido siempre el ser humano: trascender. Nos pasamos la vida guerreando, enfrentándonos “los hunos a los hotros”, buscando la manera de ser más fuertes (en puridad, más brutos), para que al final, después de tanto penar se tenga que morir uno. Y sanseacabó. Es lo que tiene ser un común mortal. Para eso es mejor ser un gato de peluche. O un castillo. Eso es; un castillo. Como por ejemplo el que cobija al Parador de Sigüenza en el que existe una placa que dice lo siguiente: “Este castillo tiene remotos orígenes romanos y fue levantado como Alcázar por los moros. Fue conquistado para el Reino de Castilla, definitivamente en el 1124 a los almorávides por las mesnadas del Arzobispo de Toledo, don Bernardo de Agén, de la Orden de Cluny, reinando en Castilla doña Urraca, hija de Alfonso VI, el que tomó Toledo, y madre de Alfonso VII. Desde entonces es propiedad y feudo de los obispos de Sigüenza. En 1298 sufrió el asalto, por sorpresa, de los partidarios del Infante don Alfonso de la Cerda en la guerra que había en Castilla contra el Rey Niño Don Fernando. Estos asaltantes fueron desalojados por los vasallos del Obispo, tras quemar las puertas del Castillo”.
Caray, esto sí que es trascendental. Y lo mejor es que dentro de esos cien años que nos queda para la calvicie, salvo catástrofe nuclear o algo parecido, seguirá estando en el mismo lugar y gozando de la misma buena fisonomía que ahora. Definitivamente molaría ser un castillo.
Pues ya que estamos en este Parador vamos a seguir con su historia. A la espera de que llegue 2010 y tal como se acaba de anunciar se construya otro en Molina de Aragón, el de la “Muy Singular y Muy Histórica Ciudad” de Sigüenza es el único con que cuenta la provincia de Guadalajara, circunstancia más que suficiente para que aparezca en estas páginas. Este cronista ha tenido la gran suerte de dormir alguna vez en sus acogedoras habitaciones protegidas por gruesos muros de piedra. La cama con dosel te hace sentir almorávide, arzobispo, infante o rey de España, tal es la impresión que causa descansar en tan histórico aposento. Salir de él y caminar por los diferentes salones y estancias comunes es como darse una vuelta por el pasado. Incluso da un poco de yuyu si se hace por la noche, porque según una leyenda que circula por Sigüenza, el fantasma de ese tal Fray Bernardo, primer Obispo del castillo, anda vagando por los pasillos. Como diría el inolvidable Luis Escobar, marqués de Leguineche: “acojona, ¿eh?”.
A tal castillo tal comedor. El de este Parador impresiona por sus dimensiones, sus descomunales lámparas colgadas de un techo infinito, sus ventanales, su mobiliario ad hoc y, por supuesto, su gastronomía. El jefe de cocina Félix Durán propone unas recetas abundantes y sabrosas, obteniendo el máximo provecho del entorno. Asadillo manchego con jamón de pato y huevos de codorniz; sopa manchega de trigueros con pan tostado; huevos rotos sobre lecho de trigueros y patatas a lo pobre; asado de cabrito castellano con patatas panadera y ensalada; lomito de corzo asado con licor de bellota y croquetita de castaña; lomos de bacalao en dos texturas, asado y confitado; perdiz al mostillo con uvas moscatel y los correspondientes postres entre los que no deben faltar los borrachos seguntinos y las flores de Cabanillas, más una buena selección de vinos, forman parte de una carta que no tiene desperdicio. Para comer como reyes. / Matías Gali