Los investigadores son como inquietos electrones que giran en torno al núcleo de la innovación.
Última actualización 09/11/2007@00:00:00 GMT+1
Unos y otra conforman el átomo de la ciencia. Siguiendo este símil, se ha ideado el logotipo
de la Semana de la Ciencia que se celebra estos días y que ha comenzado con la entrega de los Premios de Investigación e Innovación de
Castilla-La Mancha
Por la contribución científica en el campo de la enología y la tecnología de los alimentos, por su implicación en el desarrollo de la productividad del sector ovino y cinegético, por su contribución en el campo de las comunicaciones multimedia sobre redes inalámbricas y por su trayectoria y aportaciones en el campo de la ciencia y tecnología de los productos vegetales.
Por todo esto, cuatro investigadores de la región han sido galardonados, porque lejos de ser “bichos raros, que viven aislados”, tal como comentaba el presidente de la región, José María Barreda, son personas integradas en la sociedad que trabajan por encontrar soluciones a problemas que sufre la ciudadanía o simplemente para mejorar lo que tenemos en la actualidad.
María Dolores Cabezudo Ibáñez, Laureano Gallego Martínez, Pedro Ángel Cuenca Castillo y Concepción Sánchez-Moreno González han sido los laureados en la séptima edición de los Premios de Investigación e Innovación de Castilla-La Mancha. Estos premios fueron creados en 2001 para reconocer y apoyar la investigación que llevan a cabo los científicos manchegos.
Toda una vida
investigando
María Dolores Cabezudo recogía de manos de Barreda el Premio a la Excelencia “Gabriel Alonso de Herrera”, dotado con 18.000 euros. Su trabajo en el sector de la tecnología de los alimentos y su amplia contribución científica en el campo de la enología le han hecho merecedora de este galardón. Además, esta doctora en Ciencias Químicas es la responsable de la creación del departamento en el que se lleva a cabo la investigación en estas áreas.
A pesar de su excepcional trayectoria, la investigadora no ha perdido la humildad, tal como se desprendía de su discurso en el que afirmó que no hay que “vanagloriarse, sino seguir trabajando”. No se olvidó de su equipo ni de sus profesores ni de los compañeros que han colaborado con ella en la Universidad regional y también en el CSIC –Consejo Superior de Investigaciones Científicas–. Para todos tuvo palabras de agradecimiento. También, destacó la importancia de la tecnología “que hay que poner en manos jóvenes para que sigan garantizando el futuro de la investigación”. Por último, agradeció la inversión realizada por empresarios, que le han apoyado en la investigación vitinivícola; y a la Junta, porque permite que la “ciencia se vaya abriendo paso en Castilla-La Mancha”.
Innovación ganadera
El segundo reconocimiento se daba a Laureano Gallego Martínez, Premio a la Innovación Tecnológica “Juanelo Turriano”, dotado con 12.000 euros. Su implicación en el desarrollo del tejido productivo del sector ovino y el sector cinegético, le han llevado a conseguir que el cordero manchego cuente con una indicación Geográfica Protegida y, además, ha intentado mejorar la calidad del ciervo ibérico.
En su alocución, Gallego hizo dos peticiones a Barreda y al consejero de Educación y Ciencia, José Valverde. “Se necesita más presupuesto y mayor número de investigadores” reclamaba. Para apoyar estas peticiones, indicaba que en la región hay 2,6 investigadores por cada 1.000 habitantes y que sería bueno llegar la media de España: nueve.
Reconocía que el trabajo se está haciendo bien, dado “que la universidad es reciente” y afirmaba que estos premios son muy positivos porque “estimulan a los jóvenes para que se dediquen a la investigación”. Un trabajo, exponía, que no da muchos beneficios económicos, pero que les dota de “espíritu crítico y empuja a ayudar a la sociedad”.
Jóvenes preparados
Por último, se reconocía la labor de los jóvenes investigadores. Concepción Sánchez- Moreno González recibió los 6.000 euros otorgados en el Premio Joven Investigadora “Ibn Wafid de Toledo”. Aunque la doctora en Farmacia no pudo asistir, mandaba su agradecimiento a través de una misiva.
Sí recogió su galardón –y los 6.000 euros correspondientes– Pedro Ángel Cuenca Castillo, Premio Joven Investigador “Luisa Sigea de Velasco”. Su trayectoria y contribución científica en el campo de las comunicaciones multimedia sobre redes inalámbricas han sido merecedoras de este honor. Nervioso, poco acostumbrado a hablar en público, Cuenca leía su agradecido discurso, destacando el trabajo que están desarrollando en el campus de Albacete todo el departamento que él lidera. “No es lo mismo diseñar una página web que el sistema informático del AVE” decía para que el público diferenciase el trabajo del ingeniero informático. Por último, dedicaba el premio a su familia, dando un toque cariñoso y cercano, que chocaba gratamente con sus palabras anteriores, dedicadas a la tecnología informática.
El acto se completaba con la intervención de Francisco González Posada, comisario de la Exposición homenaje a Leonardo Torres Quevedo, y del nieto del prolífico científico e inventor. Además, asistieron el consejero de Educación y Ciencia, José Valverde, el rector de la Universidad de Alcalá, Virgilio Zapatero, que fue el encargado de dar la bienvenida a los asistentes, y el alcalde de Guadalajara, Antonio Román, que aprovechó para felicitar a los premiados y reconocer su aportación al mundo científico.
“No son bichos raros”
El encargado de cerrar el evento fue Barreda. Comenzó dando la enhorabuena a los premiados y “gracias por el ejemplo que nos dan”. Destacaba que los laureados, siendo científicos, “tienen una dimensión humana verdaderamente impresionante. Es uno de sus méritos”, recalcaba esta impresión exponiendo que tras oír a “Lola, Laureano y Pedro Ángel y al comisario Francisco González se pone de manifiesto esa dimensión personal, familiar y humana que yo valoro mucho”.
Barreda aludía a la “naturalidad” de los científicos y decía divertido que “los científicos no son seres raros, al margen; sino que son personas insertas en su realidad social, política, económica y eso, acaba notándose en su trabajo”. Aprovechó la ocasión para recordar que la región cuenta con dos universidades, la de Castilla- La Mancha y la de Alcalá, –ésta, pendiente de una ampliación en la que están trabajando–.
Por otro lado, dio la razón a Laureano. “Es verdad que se necesita más presupuesto y más investigadores” reconocía, pero recordó que la universidad regional ha hecho un sobreesfuerzo para llegar a donde está, porque partía “no del mismo lugar que lo hacían el resto de universidades, con las que empezábamos a competir, ya que ni siquiera teníamos centros de enseñanza superior o investigación en la región y teníamos que correr más que los demás para llegar al mismo sitio al mismo tiempo”, pero prometía seguir esforzándose para invertir más presupuesto en investigación y en I+D+i, para poder situar la universidad al nivel del resto de España.
Por último, afirmó que en el siglo XXI, “la ciencia y la tecnología son más importantes que en otras épocas para el desarrollo de la humanidad” y añadía que la situación de la sociedad actual hace que no se puedan tomar decisiones políticas e “incluso legislar sin estar en contacto permanente con los científicos, de ahí su importancia evidente”. Por eso, prometió tenerlos en cuenta en sus decisiones.
Homenaje al inventor y pionero Leonardo Torres Quevedo
Leonardo Torres Quevedo fue pionero en la conquista del aire a través de tres inventos: Aparatos voladores (dirigibles), vehículos suspendibles (transbordadores) y ondas herzianas (telekino). Fue la primera figura mundial pionera en estos ámbitos. Con este impresionante curriculum, aunque no se añada nada más, queda justificado el realizar una exposición homenaje a este audaz científico. Francisco González, comisario de la exposición “Leonardo Torres Quevedo y la conquista del aire. Centenario de la botadura del dirigible Torres Quevedo 1907 *Guadalajara*2007”, enumeró algunas de las hazañas intelectuales de este singular científico. Por ejemplo, destaca, en su condición de inventor, como pionero de las máquinas de calcular analógicas. Creó “el primer ordenador del mundo en el sentido actual, poniéndose muy por delante de la informática actual” aseveraba González, que calificaba a Torres Quevedo como “figura sin par, el más prodigioso inventor de su tiempo”.
Que el homenaje sea en Guadalajara está también justificado, porque nuestra ciudad acogía en 1907 el vuelo inaugural del primer dirigible construido por un español. Además, el segundo de estos vehículos voladores fue construido y botado también en Guadalajara. Sus dirigibles se colocaron a la cabeza del mundo en los años ‘20, “pero ante la falta de decisiones claras en España no se apuntaron el éxito de la primera travesía sobre el Atlántico” lamentaba González. El mismo año que se botaba el primer dirigible, el prolífico Torres Quevedo inauguraba el transbordador del Monte Ulía en San Sebastián: primer teleférico para transporte de personas del mundo. A partir de él, se construyó el de las cataratas del Niágara, que se mantiene en funcionamiento hoy día desde entonces.
También en 1907, ideó el primer “mando a distancia”, que denominó telekino. “Don Leonardo decidió abandonar los estudios de este mando a distancia, porque se agotó su paciencia por las dificultades para su uso por la Armada Española” explicaba González. Todo esto ha hecho a Torres Quevedo merecedor de ser el único español inscrito en la lista de grandes inventores como Ben Franklin o Guglielmo Marconi. Y no sólo fue pionero en estos ámbitos. Fue el primero que manifestó la necesidad de crear un diccionario de términos científicos, para adaptar los nuevos neologismos que llegaban de otros idiomas. Cuando entró en la Real Academia de la Lengua, en su discurso, dijo que un día se publicaría un vocabulario. Cosa que se hizo, pero en 1983. En este marco de fiesta intelectual científica, se celebran un conjunto de eventos culturales: visitas guiadas a la exposición, exhibiciones aeronáuticas, conferencias –todos los lunes de noviembre en la sala Tragaluz–.
Así, se le homenajea porque “fue una mente preclara de su tiempo, extrañamente ignorado hasta ahora, que vuelve a Guadalajara para quedarse”.