No dar al niños mensajes negativos y ayudarle a realizar sus tareas son algunos de los consejos para reducir el 29% de fracaso que sufren los menores
Última actualización 17/09/2007@00:00:00 GMT+1
Hoy en día, todo el mundo habla de fracaso escolar y es que, las cifras asustan. Las estadísticas lo sitúan en torno a un 29% según el Instituto Nacional de Calidad y Evaluación (INCE). Pero, ¿a qué corresponden estas cifras?
Aunque los expertos no se ponen de acuerdo a la hora de definir qué es el fracaso escolar –que el niño no sea capaz de alcanzar el nivel de rendimiento medio esperado para su edad y nivel pedagógico; que no alcance los objetivos esperados– o a si lo crean los niños o, por el contrario, lo padecen, causado por alguna mala acción educativa. Con esto, no se culpa a todo el sistema educativo, ni al profesorado, pero tampoco al niño.
De hecho, para estos expertos, el fracaso escolar requiere tanto un niño con dificultades como unas acciones educativas que no son del todo adecuadas.
Desde la Fundación Internacional O’Belén, siempre han apoyado al menor, por eso, les preocupa el fracaso escolar, porque afecta a mucho infantes.
Cuando un niño “sufre acoso escolar”, en primer lugar, hay que buscar el origen: factores intelectuales, orgánicos, falta de motivación, problemas emocionales, falta de técnicas de estudio, programación inadecuada, e incluso la influencia de la televisión y los videojuegos. Muchas son las causas de un fracaso escolar y dependiendo de ello, un equipo multidisciplinar donde, por supuesto se incluye a los padres, debe trabajar para prevenirlo. ¿Cómo?
Prevenir el fracaso
Desde O’Belén, aconsejan a los padres informarse e informar al pequeño de todo lo relacionado con el colegio, para que sienta que sus estudios son un asunto que interesa. También, que los padres participen en las actividades escolares y muestren predisposición en atender sus necesidades y preguntas en casa, “pero nunca jamás hacerle el trabajo” recalcan. Recomiendan además, hacer saber a su hijo que ellos no conocen la respuesta a todas las preguntas y proponerle buscar juntos las que desconozcan.
Ser coherente y compartir con el niño conocimientos facilita despertar su deseo de aprender. Otro consejo es que los progenitores eviten mensajes que pronostiquen el fracaso, como “vas a suspender si no estudias”, “no vas a llegar a nada”, etc. y que, en lugar de esto, procuren animarle y alabar sus éxitos, por pequeños que sean.
Por último, aconsejan propiciar un ambiente óptimo para estudiar, que el hijo adquiera hábitos –como estudiar siempre a la misma hora–, que organicen y planifiquen juntos las horas de estudio y que haga pequeños descansos, –que no impliquen actividad intelectual, y sí cambiar de ambiente–.