LA ÚLTIMA/ Alberto Grirón
Última actualización 28/04/2006@00:00:00 GMT+1
Había asistido alguna vez a un acto o rueda de prensa del rector de la Universidad de Alcalá, Virgilio Zapatero, pero hasta hace unos días no tuve la oportunidad de hablar con él de forma directa. Fue en su despacho en Alcalá, junto a Isabel Sánchez , con motivo de la entrevista que pueden leer en esta misma edición. Tras una hora de charla la sensación no pudo ser más positiva.
Zapatero es un hombre tranquilo, agradable, culto, preparado, apasionado por su trabajo y que sabe lo que quiere. Pero si la sensación personal fue buena, aún mejor es la que deja este ex ministro socialista para Guadalajara, provincia por la que siente un cariño muy especial. El rector confiesa que no se esperaba una apuesta tan importante por parte de Barreda, pero se muestra totalmente confiado en que el campus universitario va a ser el gran proyecto de la Junta en Guadalajara para la próxima década, por delante de cualquier operación urbanística, incluida la del Fuerte de San Francisco. Habrá que creerle, porque sabe de lo que habla. Sólo hay que darse una vuelta por Alcalá para comprobar la vida que una universidad le da a una ciudad. Calles con gente, bares llenos, actividad cultural, movimiento económico y un centro histórico lleno de vida y de jóvenes. Y eso es precisamente lo que más falta le hace a esta Guadalajara dominada por el ladrillo y el unifamiliar, donde las calles y las casas nacen a ritmo vertiginoso pero que sigue sin vida (y no precisamente extraterrestre) más allá del Amparo y del Eroski. Esa sería, sin duda, la mayor aportación del campus a la ciudad. Pero además la Universidad da trabajo, genera riqueza, dinamiza la cultura y rejuvenece la población de la ciudad. Si aquí estudian miles de jóvenes se construirán residencias, se alquilarán pisos, se abrirán bares, tiendas... es decir, nos beneficiaremos todos. De momento es sólo una promesa, pero parece que la cosa va en serio y que la Junta va a echar el resto en este proyecto. Ojalá sea así, porque ejemplos hay, y muchos, que invitan a ser prudentes, e incluso pesimistas.