Al Parador Nacional de Molina le queda ya menos para ser una realidad. En las hemerotecas quedará que el compromiso de ponerlo en marcha en un plazo aproximado de tres años y medio. Más vale tarde que nunca y como decía esta semana el presidente de Castilla-La Mancha en la capital del Señorío, “si llevamos esperando desde los años 60, podemos esperar unos meses más”. Y Barreda tiene su parte de razón. Si finalmente se ha desbloqueado –confiamos en que definitivamente– un proyecto al que siempre se aspiró y nunca llegó a ser, pues bienvenido sea. Ahí quedan los compromisos y fijados los plazos. No podrá ser en el gran castillo molinés, pero sin duda un establecimiento de este tipo dará un impulso a una de las zonas más deprimidas de esta provincia. Y, además, no podrá abandonarla como hicieron otras apuestas empresariales.