ESCUELA UNIVERSITARIA DE ENFERMERÍA
Helena Hernández Martínez es la directora de la Escuela de Enfermería
Última actualización 26/03/2007@00:00:00 GMT+1
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| Helena Hernández Martínez dirige la Escuela Universitaria de Enfermería desde el verano de 2001. (Foto: NANDO RUIZ) |
A pesar de los años de historia que guardan los muros de su viejo edificio, algo huele a nuevo en la Escuela de Enfermería de Guadalajara. Y es que, en el centro aún continúan celebrando la reciente consecución de una de sus más añejas aspiraciones: integrarse en la Universidad de Alcalá de Henares. Un nuevo desafío al que los responsables de la Escuela se enfrentan con tanto entusiasmo como ilusión. De esta forma nos lo transmite la directora del centro académico, Helena Hernández, que entre papeleo y clases saca tiempo para mostrarnos la realidad de una institución que goza de gran arraigo y tradición en Guadalajara. Una provincia que presume de buenos enfermeros –en su mayoría siguen siendo mujeres– y que augura muy buenos tiempos a la profesión.
A favor de este pronóstico juega la ampliación del Hospital Universitario y del Hospital Provincial, así como el espectacular desarrollo que la asistencia sanitaria ha experimentado durante los últimos tiempos. Un panorama halagüeño que la Escuela recibe con la tranquilidad
que le confiere la experiencia del trabajo bien hecho.
Los pasillos de la Escuela Universitaria de Guadalajara asisten a diario a un incesante trasiego de jóvenes que caminan inquietos y parecen contentos. De vez en cuando se cruzan con algún administrativo o docente del centro, intercambian saludos amistosos, se sonríen. Un pequeño cartel anuncia que ya hay cafetería, una pequeña sala que el centro ha cedido a los alumnos que están organizando el viaje de fin de curso para ayudarles a sufragar los gastos de su aventura. Allí coinciden estudiantes y profesores, conversan sobre los estudios, sobre el día a día o sobre la vida, que lo importante es hablar. “El ambiente de la Escuela es muy bueno, tanto entre los alumnos, los docentes y los administrativos. Al ser un centro pequeño puedes llegar a conocer a fondo al alumnado y a evaluarlo por sus capacidades, por sus iniciativas”, comenta orgullosa Helena Hernández, que ejerce las funciones de dirección desde el verano de 2001.
Su labor es más intensa ahora que nunca. Y es que, Hernández anda liada con el papeleo y gestiones que obliga la reciente integración de la Escuela en la Universidad de Alcalá de Henares. “Valoro este proceso de manera muy positiva, porque creo que todo centro educativo debe estar dentro del sistema educativo. La integración traerá ventajas al alumnado y a los docentes, más que nada por pasar a la estructura que nos corresponde, porque ya estamos colocados donde debíamos estar”.
Paso a paso, los responsables de la institución van desarrollando el convenio de integración que en enero suscribieron con el presidente Barreda. Tarea en la que Hernández no ha tardado en encontrar el apoyo de los vicerrectores de la Universidad cisneriana y de sus homólogos en las Escuelas de Arquitectura Técnica, Magisterio, Turismo y Empresariales. “Me siento muy bien acogida”, remacha.
Idéntica sensación comparten los futuros profesionales de Enfermería que reciben su formación en Guadalajara. Cada año se incorporan a la Escuela 60 nuevos alumnos, por lo que a día de hoy son cerca de 160 los jóvenes que comparten aulas en la sede situada junto a la Residencia vieja. La mayoría de los estudiantes son mujeres. “En determinadas promociones sólo hemos tenido entre 2 y 3 varones por curso. Sin embargo en otras, como en la última, llega a haber incluso 10”. Cerca del 40 por ciento de los estudiantes proceden de la capital alcarreña y de algún pueblo cercano, y otro 50 por ciento llega desde los distintos municipios del Corredor del Henares. El resto lo hace desde los más recónditos puntos del territorio nacional, desde Cantabria a Canarias, pasando por Valencia.
El claustro de profesores está integrado por nueve docentes a dedicación completa y otros 25 que colaboran con la Escuela a tiempo parcial. De nuevo, mayoría aplastante de mujeres.
Los docentes se encargan de impartir las 175 materias troncales, las 23 obligatorias y las 9 optativas que figuran en el Plan de Estudios. Cientos de horas repartidas en tres cursos que permiten la impecable formación de los enfermeros del futuro. Además, los estudiantes realizan prácticas durante los tres años de estudios en el Hospital Universitario, en los centros de Atención Primaria de la capital y en otros periféricos, entre ellos Azuqueca y Cabanillas. “La mayoría de nuestros estudiantes –entre el 70 y el 80 por ciento– acaba sus estudios en tres años”, asegura la directora. Más que positivos son también los datos de inserción laboral que manejan desde la Escuela. “Nada más obtener su diploma, los alumnos de Enfermería a nivel nacional consiguen trabajo para las suplencias de verano. Al margen de estos tres meses, a partir de octubre, el alumnado de Guadalajara se coloca en su totalidad”. A favor de tan buenas estadísticas juega el espectacular desarrollo asistencial experimentado en Guadalajara durante los últimos años. “Esto está incrementando la demanda de enfermeros. No sólo en el campo de la asistencia especializada, sino también en otras áreas que están a caballo entre los social y lo sanitario, como el Hospital Provincial, Alcohete y el Camf. Además, se han creado muchas plazas geriátricas”.
Pero la buena fama de los enfermeros de Guadalajara hace tiempo que traspasó las fronteras provinciales. Desde el extranjero, llueven las ofertas de trabajo. “Hay mucha demanda y los profesionales son muy bien recibidos”. Ahora mismo un grupo de cinco jóvenes enfermeros formados en la Escuela alcarreña permanecen desde hace tres años en Italia. Tampoco es extraño encontrar profesionales de Guadalajara en París, Inglaterra o Portugal. “Una vez que van, nos reclaman más. Y es que, parece ser que nuestros alumnos dejan el pabellón alto”.